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16 de julio de 2024

Portada de Talón de aquiles de Hélène Waysbord

Portada de «Talón de Aquiles» de Hélène WaysbordRosamerón

'Talón de Aquiles': quiénes somos cuando somos Nadie

Un ensayo de Hélène Waysbord en el que se combinan los fantasmas del pasado, el presente y los héroes de los relatos antiguos

¿Sabe alguien lo que cuesta montar una editorial? Y no me refiero ya a los términos económicos, sino más bien los anímicos. Voy más allá: ¿sabe alguien lo que cuesta montar una editorial y desde el principio hacer las cosas bien? Estos casos no abundan en el sector y por sus libros los reconocemos; y si tuviera que dirigirme a alguien para responder a estas cuestiones, iría directa a Gregorio Luri —filósofo, pedagogo y uno de los fundadores de la editorial de Rosamerón—. Él algo sabe del tema. Esta editorial barcelonesa, que apenas cuenta con un año de vida, tiene ya siete libros en un catálogo al que acaba de sumarse Talón de Aquiles. Los mitos griegos y la niña del Holocausto.

Hélène Waysbord es la autora y protagonista de este ensayo testimonial cargado de sinceridad, poesía y ausencias. En 1942, con 6 años cumplidos, a Hélène, judía de origen polaco, se la llevaron a la campiña francesa para allí esconderla del nazismo que iba extendiéndose por toda Europa. Esa mano que la agarra a la salida del colegio para trasladarla a un lugar más seguro es su salvación y su condena, porque Hélène gana un futuro, pero a cambio pierde a sus padres y su identidad. Poco recuerda de ellos; apenas un gesto, unos ojos azules como el mar, la risa de un zapatero con los clavos despuntándole de la boca y una figura de espaldas en la cocina. Se los llevan a Auschwitz, de donde, como tantos miles de personas, no volverían a salir.

Portada de Talón de aquiles de Hélène Waysbord

rosamerón / 208 págs.

Talón de Aquiles

Hélène Waysbord

Talón de Aquiles es un relato marcado por el abandono. Es la hoja de ruta hacia la odisea vital que es no saber quién eres ni qué lugar ocupas en el mundo. La desidentidad. Y, para conseguir ubicarse, Hélène acude a los textos clásicos, a Ulises, Aquiles y Helena de Troya, a quienes convierte en asideros de su propia existencia. «Es posible verse privado de la propia historia y seguir viviendo. Yo era demasiado joven para tener conciencia de ella. Y a pesar de todo, mi vida había recibido su sello, un nombre antiguo que servía de garantía a mi futuro».

Tanto por el contenido como por su forma, Talón de Aquiles no es un libro en el que resulte fácil entrar, pero la dificultad nunca ha sido obstáculo para nada que merezca la pena, sino más bien su garantía. Tampoco es un relato sobre el Holocausto, sino más bien sobre eventos que fueron consecuencia de él.

Y conviene añadir un dato que considero muy relevante y que he descubierto cuando ya lo estaba terminando: la edición original francesa del libro se escribió este mismo 2022 y Hélène, a sus 85 años, sigue viva. Eso explica que el relato se mezcle también con el presente y que en él haga esas reflexiones tan lúcidas sobre las violencias modernas, el yihadismo y la frialdad social. «En un mundo saturado de información, por un lado están los hechos y, por otro, el eco emocional que estos suscitan». Así, en sus breves capítulos se intercalan el nebuloso repaso del pasado, nuestro presente compartido y los equivalentes mitológicos de ambos. Para cada evento vital, la autora logra asignarle su reflejo epopéyico.

El libro hace gala de una escritura elegante y poética, muy francesa; en ocasiones algo opaca, aunque fácilmente el problema fuera mío, que mi relación con la literatura intimista es de poco recorrido (¿Annie Ernaux quién es?). Eso sí, mientras lo leía pensaba «este libro le encantaría a Luna Miguel». Esto, aunque no lo parezca, constituye en sí misma una categoría.

Y entrando ya en el párrafo de Apreciaciones Misceláneas Añadidas (AMA), diré que la edición de este libro es exquisita, tanto en términos de diseño editorial como de cuidado de los detalles más discretos. (En parte, me refería a estas cosas cuando hablaba, en el primer párrafo de esta reseña, de hacer las cosas bien). Además, en la edición de Rosamerón se incluye un capítulo final, una cuidada antología de textos de la Ilíada y la Odisea a los que se van haciendo referencia a lo largo del libro y que han sido seleccionados por Daniel Tubau. Si te pasa como a mí y aún no has tenido tiempo de acercarte por tu propio pie a la obra de Homero, comprenderás que este apartado yo lo he recibido con los brazos abiertos. Por otro lado, la traducción, a cargo de Alberto Torrego, es muy correcta, y sospecho que la opacidad estilística que he referido ya venía en el original y que él ha sabido, no sin dificultad, trasladarla sabiamente.

En conjunto, Talón de Aquiles me ha resultado una buena forma de acercarme a los textos clásicos y de conocer otra cara de los sufrimientos que el Holocausto llevó aparejados, que no fueron pocos. Puede resultar chocante que, según cuentan en su web, la premisa del proyecto editorial de Rosamerón sea «disfrutar la vida» y que luego publiquen un libro sobre el Holocausto. Sin embargo, solo hay que abrir el libro de Waysbord para entender que este, ante todo, es un canto a las certezas perdidas, una búsqueda vital para reencontrarse con aquello que, cuando todo se vino abajo, daba sentido a seguir aquí.

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