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19 de abril de 2024

Portada de «Breve historia del Opus Dei» de Carlos Javier Morales

Portada de «Breve historia del Opus Dei» de Carlos Javier MoralesAlianza Editorial

'Breve historia del Opus Dei': recorrido conciso y sin adornos en torno a la institución de Josemaría Escrivá

Carlos Javier Morales Alonso publica una historia del Opus Dei que recalca la naturaleza laical y ascética de la Prelatura, y que se edita en un sello de calidad como Alianza, ajeno a la difusión de ideas religiosas

El tinerfeño Carlos Javier Morales es doctor en Filología Hispánica, profesor de instituto y poeta. Ha ejercido su labor docente en varias universidades, como la Universidad CEU San Pablo (Madrid), y es miembro numerario del Opus Dei desde hace cuatro décadas. Hasta la fecha, casi todas sus publicaciones habían versado sobre literatura, incluyendo unos diez poemarios propios, además de ediciones sobre José Martí o Antonio Machado, en sellos como Renacimiento o Cátedra. En esta ocasión, publica en Alianza un recorrido histórico del Opus Dei, desde el nacimiento de Josemaría Escrivá —su fundador— hasta el día de hoy.
Sin duda, el hecho de que Alianza —en vez de editoriales con abierta simpatía hacia la Obra— acoja este título supone un indicio de interés, porque evidencia que se dirige a todo tipo de públicos, y más aún tratándose de una editorial conocida por su calidad de contenidos, sin orientación específica. O, al menos, sin una orientación religiosa. De manera que aquí encontramos la historia del Opus Dei contada desde un miembro de la Prelatura, pero mediante un foro que no actúa como instancia de propaganda o de difusión acrítica. Además, la redacción es fluida, no llama nada la atención sobre sí misma, y remarca el tono informativo y didáctico de este libro.
Portada de «Breve historia del Opus Dei» de Carlos Javier Morales

alianza editorial / 352 págs.

Breve historia del Opus Dei

Carlos Javier Morales

Para aquellos que conocen bien la historia de esta institución religiosa —empezando por muchos fieles de la Prelatura—, el libro les será de ayuda, porque les revelará aspectos menos conocidos o nada conocidos. Para quienes se hallan alejados de la Obra, el libro también les reportará una completa síntesis histórica repleta de explicaciones concisas acerca de sus etapas, vericuetos y rasgos específicos. Se abordan, asimismo, puntos de cierta polémica, como determinados episodios internos —caso de Antonio Pérez— o como la oposición —por parte de algunos jesuitas— al mensaje del Opus Dei, centrado en la santificación del laico en su vida corriente.
Este es el punto esencial del libro: para alcanzar la santidad, el cristiano no necesita ser monje ni sacerdote. Tan vocación de santidad puede ser el matrimonio y el trabajo en la fábrica o la oficina, como consagrarse con votos de pobreza, obediencia y castidad y llevar vestidura talar. El papa no está mejores condiciones de santidad que un ama de casa, un estudiante o un labriego. El convencimiento de Escrivá —y del propio autor— en que la santidad se halla, igualmente, en lo cotidiano es el hilo que conduce la trama de estas páginas.
Si bien se anota la citada oposición de algunos jesuitas, el autor también deja claro que Escrivá profesaba una gran amistad con sacerdotes de la Compañía de Jesús. Empezando por el propio director espiritual de san Josemaría en los años 30, el padre Valentín Sánchez Ruiz, el cual fue quien —de manera inopinada— sugirió el nombre de la institución: «¿Cómo va esa Obra de Dios?», le preguntó un día este confesor.
De vez en cuando, el libro incluye más pasajes de cercanía eclesial: por ejemplo, la monja Carmen Barrasa —de las religiosas del Servicio Doméstico— resultó decisiva para el establecimiento de la administración de las casas de la Obra. El claretiano Arcadio Larraona —fue cardenal, participó en la elección de Pablo VI, y da nombre a un colegio mayor lindante con el campus de la Universidad de Navarra, iniciativa académica del Opus Dei muy querida por el fundador— mostró su franca y navarra simpatía hacia Álvaro del Portillo —sucesor de Escrivá desde 1975— en los años 40, cuando la Obra buscaba en Roma una solución definitiva dentro del derecho eclesiástico. Una institución tal laical como el Opus Dei no entraba en la mente de muchos clérigos, y necesitaba de una forma jurídica que entonces no existía.
Precisamente el libro también alude, al final, a los cambios que el motu proprio de Francisco de 2022 ha supuesto para la Prelatura. Si bien en este pasaje el autor evita la polémica y opta por una visión equilibrada —como ya se expresara el prelado Ocáriz, con fiel devoción al romano pontífice—, en páginas previas (pp. 313–315) ha aportado las pistas para comprender el panorama.
En concreto y en torno al año 2000, el jesuita Gianfraco Ghirlanda y otros canonistas cuestionaron la naturaleza propia de las prelaturas personales, al negar que los laicos sean tan miembros de la prelatura como el clero y el prelado. En aquella ocasión, Juan Pablo II —que en 1982 había erigido la Obra como prelatura personal, siguiendo el dictamen de la Congregación de Obispos— reafirmó su decisión: la prelatura personal se compone por igual de laicos y de clero, y sus laicos siguen perteneciendo, igual que otros seglares, a su diócesis.
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