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'Salto de fe': versos que dudan, aman y recuerdan

Un libro sutil y luminoso que se atreve a hablar de lo importante sin elevar la voz

Salto de fe es el primer libro de poemas de Marcos Nogales y ha sido galardonado con un Accésit del último premio Adonáis. Una manera más que digna de entrar en el mundo de la poesía. Lo ha hecho con un poemario que muestra una tanto intención estética como práctica poética. Así se ve en los poemas que abren y cierran el conjunto y augura, toda una declaración de intenciones, que su escritura no es flor de un día.

Rialp (2025). 54 páginas

Salto de fe

Marcos Nogales

El resultado es un poemario que, sin grandilocuencias, se instala en un espacio íntimo donde se cruzan el amor, la familia y la vida cotidiana, todo enmarcado, ya lo dice el título, en una cosmovisión religiosa. Con un estilo sobrio, a veces coloquial, el autor ofrece una sucesión de poemas breves que funcionan como pequeñas escenas, preguntas lanzadas al vacío, homenajes personales y observaciones irónicas.

En lo amoroso, el libro huye del sentimentalismo. El amor es descrito como presencia, como lugar de retorno, como cotidianidad sin épica. Lejos del erotismo o del drama, lo que interesa a Nogales es la sustancia duradera del afecto, su resistencia al desgaste del tiempo. En ello se reconoce una apuesta estética y ética que vemos en el resto de los temas que trata: una poesía que encuentra sentido en lo aparentemente menor.

Una de las originalidades del libro es su incursión en la vida laboral contemporánea, con poemas ambientados en el mundo de la oficina desde una mirada millennial. Con un fino sentido del humor, Nogales retrata la rutina corporativa, los anglicismos vacíos, las reuniones interminables o los automatismos del lenguaje profesional. Sus versos capturan una forma de alienación discreta, casi normalizada, que no impide al sujeto poético conservar una chispa de lucidez.

Otra de las constantes del libro es la búsqueda de la identidad en las raíces. El recuerdo de los ancestros es evocado con ternura, sin patetismo. Nogales parece tener una especial sensibilidad para percibir cómo los vínculos familiares no desaparecen, sino que se transforman. La herencia no es solo genética o material, sino sobre todo emocional y simbólica.

Desde el punto de vista formal, los poemas son breves, escritos en verso libre, y con un ritmo que favorece la oralidad. El lenguaje es claro, con pocos adornos, aunque no carente de belleza. Aunque no pretende innovar formalmente ni presentar una arquitectura compleja, sí ofrece una mirada singular y auténtica sobre lo humano. Pienso que su fuerza no está en la ambición estética sino en la honestidad con que se aproxima a los temas que le preocupan. Hay en estos versos una voluntad de verdad, de testimonio íntimo, que los vuelve conmovedores y duraderos.

Marcos Nogales es un poeta que no escribe para impresionar, sino para comprender, para acompañar y, quizás, para sobrevivir a través de la palabra:

Desde mi ventana se ve otra ventana,

no un árbol, no el cielo o el mar,

otra ventana a la que alguien se asoma

y también mira esperando algo más.