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Detalle de cubierta de 'La cinta verde'

Detalle de cubierta de 'La cinta verde'Abada

‘La cinta verde’. Entre los enigmas del deseo, la memoria y un sinsentido amoroso

Víctor Colden reúne siete relatos en torno al goce del amor y a la belleza de las palabras compartidas, que se beben a tragos bien macerados

Podemos ponernos todo lo estupendos que queramos, que las humanas pasiones serán siempre las mismas desde que el mundo es mundo. Si nunca volvemos demasiado al lugar donde fuimos felices, los libros tienen a bien regalarnos la posibilidad de conseguirlo a través de sus páginas. Víctor Colden nos abre las puertas al amor en un sentido muy amplio, porque cuando crees que ya no te pueden contar nada más sobre este sentimiento descubres espacios inéditos como en la colección de relatos La cinta verde (Abada).

Cubierta de 'La cinta verde'

Abada Editores (2025). 168 páginas

La cinta verde

Víctor Colden

Colden comenzó en la literatura con la novela, siguió con diversas prosas literarias en Gazeta de la melancolía y pasó al relato autobiográfico en Veinticinco de hace veinticinco, donde alcanzó el éxito merecido. Sigue manteniendo el tono en buena forma, como comprobamos en su más reciente trabajo, La cinta verde. Siete relatos en torno al amor que se beben a tragos bien macerados. Colden construye personalidades sumamente creíbles, tanto que cualquiera de nosotros puede verse reflejado en aquel borrón de juventud o en esas pinceladas amorosas que lanzamos al lienzo de la vida. Y lo hace con naturalidad, con especial habilidad, sin extremar excesivas descripciones. Sólo un lenguaje directo para adentrarse en los galimatías de tantos corazones... Si hay gente que sólo con ilusionarse ya le vale, imagínese vivir ese amor a flor de piel a la manera clásica, sin tecnologías ni influencers: «La visión del amor que hay en La cinta verde se mueve entre el escepticismo y la fe, entre el descreimiento y la esperanza. Quise que el libro albergara miradas distintas, sí, y también voces narrativas diferentes, escenarios muy variados, tonos que cambian. Hay amores de adolescencia, de juventud y de madurez, hay amores perdidos y recuperados, amores reales y amores posibles, primeras, segundas y hasta terceras oportunidades…», explica Colden a El Debate.

Contado cada relato con gracia, pasión, dulzura, arrebato o desengaño, comienza con «Queda el río», evocando a la chica con los ojos verdes más bonitos en los parajes del Omaña. Entre figuras literarias como la sinestesia, sentimos la experiencia desde todos nuestros sentidos: un campo de saúcos y espinos, el agua cristalina del arroyo, el canto del mirlo y el camachuelo, el frescor de la menta y milenrama que ayudan a sobrellevar los rigores de la canícula, «la riqueza sensorial de un texto puede ayudar a hacer más vívido lo que se dice, puede ayudar a crear el mundo en el que quiere uno que se sumerja el lector y a conseguir que sienta determinadas emociones». En «Lo inexplicable» un extraño suceso en París trae el peso del azar, el misterio, lo inevitable. En «Camanances», Dalia está cansada de los hombres que se ilusionan demasiado. En «Húsavik», Graciela siente que todo cambia a su alrededor. El protagonista de Año Nuevo» emprende una arriesgada misión un treinta y uno de diciembre: recorrer media España para recuperar una de sus más preciadas pertenencias. «Azul Lorena» gira en torno a un joven inexperto en el amor, «o muy sabio». Y el último relato, que da título al volumen, «habla de la fortísima impresión de irrealidad que produce el recuerdo de un amor desaparecido». En lo que sentimos por otras personas, y en las relaciones que tenemos con ellas, hay algo complejo, delicado y misterioso. Confiesa que no son temas que él elija, son temas que se le imponen e indaga en ellos con su escritura. «El amor, el dolor, la belleza, el paso del tiempo… Y, un poco mezclado con todo ello, el humor».

En La cinta verde habrá siempre una espita que hará brotar una catarata de recuerdos porque en Colden habita el gozo de transmitir a través del viejo arte de contar historias, a lo Stevenson, «fui adicto, desde niño, a la fascinación de los relatos. Siempre envidié el arte de narrar una historia captando el interés de los otros y produciendo en ellos un impacto emocional». Así, encontrará el lector en La cinta verde ecos de Juan Eduardo Zúñiga, Gustavo Martín Garzo, Carson McCullers, autora de la cita con la que abre el libro, así como Atxaga y Felipe Benítez Reyes. Incluso huellas de autores rusos como Pushkin, Lérmontov, Chéjov

Este nuevo trabajo de Colden es una buena lectura para cualquier época y en la que hay muchas cosas: sentimiento, humor, exaltación vital y melancolía; cinismo y romanticismo; ilusión, desfachatez, ternura y pasión; acción, reflexión, fantasía, perplejidad… Seguro que durante el verano, que tanto se presta al jugueteo y a enredarse uno en las pasiones, lo pasará tan bien como el autor ha disfrutado escribiéndolos: «Cada relato es como un pequeño juguete de madera que me he entretenido en montar con la ilusión de que los lectores jueguen un rato con él, y también con la esperanza de que, al hacerlo, se emocionen un instante que ojalá perdure en la memoria».

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