Imagen de cubierta de 'Lo único que importa es el verano'
`Lo único que importa es el verano' o la vida en tiempos de conformismo
Francesco Pecoraro retrata la escapada al mar de un grupo de jóvenes romanos en los días álgidos del movimiento antiglobalización en el G-8 de Génova
Se preguntaba hace poco el escritor Rodrigo Blanco Calderón, ante el asalto de listas de libros del verano, a qué se refiere exactamente este sintagma: ¿son libros que hablan del verano, ambientados en la estación?, ¿obras de contenido más ligero, propios para degustar en la playa?, ¿o tal vez esas piezas monumentales tipo La montaña mágica a las que solo nos atrevemos a meter mano en los meses de estío, con más tiempo por delante?

Periférica (2025). 208 páginas
Lo único que importa es el verano
Parece que no hay consenso, así que cada quien toma la acepción que más le interesa. En este caso, estamos ante un libro que lleva el verano en su propio encabezamiento y son dos días de julio su marco temporal, aunque no podemos hablar de una novela eminentemente ligera ni tampoco de una pieza de caza mayor dentro de la producción de Francesco Pecoraro.
Hay una estirpe de escritores italianos que, ya al filo de la vejez, surgen como de la nada con la fuerza de jóvenes promesas y la indiferencia de los clásicos. Pienso en Lampedusa, que de hecho 'apareció' ya póstumo, o en Gesualdo Bufalino, 'obligado' a publicar a sus 60. A Francesco Pecoraro lo conocimos en edad de jubilación, con 68 años, cuando publicó La vida en tiempos de paz, una novela extraordinaria de 2013, que a España llegó en 2018, de la mano de Periférica.
Rápidamente se hizo un vacío en torno a él en el panorama de la narrativa europea: un hueco para dejarle hablar. Cuando un autor emerge a tan avanzada edad parece que tuviera más perspectiva e incluso autoridad para explicarnos que otros autores, por ejemplo, en la treintena. En este caso era cierto: Pecoraro ofrecía en un ingenioso mecanismo de biografía inversa —de la muerte a la infancia—, un fresco de la generación que quiso cambiar el mundo y acabó ocupando los sillones.
Luego vino La Avenida —que no he leído— y ahora, publicado en verano, este libro que transcurre en verano y se titula Lo único que importa es el verano (Periférica). Pasamos de la generación del 68, la que se enfrentó a la Policía en los disturbios de Valle Gulia, a la del 2001, al borde del 'fin de época' que supuso el 11 de septiembre. Por el momento, es julio de 2001, y un grupo multitudinario de militantes antiglobalización se manifiesta en Génova contra el G-8 y, en general, contra el capital internacional, las multinacionales y la deslocalización.
Los protagonistas, tres jóvenes que estrenan la treintena (Giacomo, Enzo y Filippo) asisten desde lejos, desde Roma, a aquellos disturbios que se saldaron con un muerto. Puesto que es julio y fin de semana, planean una escapada a la cercana costa del Lazio, a Lavinia, donde se celebra una fiesta de cumpleaños de la prima de uno de ellos.
Lo único que importa es el verano recuerda en alguna medida a Il Sorpasso, la emblemática cinta de Dino Riso de 1962: debajo de las conversaciones ligeras y el nudo de carreteras de salida hacia la playa, late el espíritu de la época y las decepciones, inercias y conformismos de estos italianos de principios del siglo XXI. Los protagonistas viven con cierto malestar (mala conciencia) la lejana lucha de los antiglobalización en Génova, a los que se sienten adscritos por una afinidad tal vez demasiado cosmética; mientras, su interés se centra en ellos mismos, sus carreras y sobre todo Biba, la mujer que se acuesta con todos ellos.
Pecoraro, a la manera de Balzac, necesita siempre incardinar a sus personajes en su tiempo, describir el modo en que la época hace al individuo y el individuo se hace en ella o contra ella o, sin saberlo, la reafirma. Hay mucho de sociólogo en el escritor italiano y las páginas en las que retrata más 'ensayísticamente' a una generación que no es la suya, la de los nacidos en los 70, son meritorias, aunque algo difusas para el lector español. En España, el movimiento antiglobalización, que también pegó, no se vivió en las calles como en Italia, donde era a su vez una reacción al berlusconismo.
Más interesante, por más atemporal, es el intento de Pecoraro en todos sus libros, de describir un inaprensible: Roma y la romanidad. Arquitecto y urbanista de profesión, se deleita en el recuento de los nudos de autovía, los barrios y las idiosincrasias de una ciudad «carente de sistema circulatorio real, en coma perenne, pero henchida de su propio mito». Frente a Roma o junto a ella, queda el mar, suficientemente cerca y suficientemente lejos de la Ciudad Eterna.
Hacia el Tirreno, hacia el fin de semana, se dirigen Giacomo, Filippo y Enzo, en una especie de mecanismo de evasión del curso indescifrable de su época. Ya solo importa el verano y buscar el mejor acomodo en el siglo XXI mientras, fuera de foco, llueven palos. Y la chica, claro, las chicas siempre importan. Pero la de este libro, Biba, es casi tan escurridiza como los mecanismos del Capital.