Detalle de cubierta de 'La ficción del ahorro'
'La ficción del ahorro': cuando el dinero pesa menos de lo que promete
Una novela lúcida que a través de una historia particular reflexiona sobre la ilusión de seguridad y la fe que depositamos en lo económico
Le tenía ganas a este libro, lo confieso. La editorial Gatopardo acumula un catálogo lleno de exquisiteces que sigo con curiosidad, pero casi todo lo que publica son traducciones. ¿Qué pintaba ahí una novela escrita en español, situada en la Argentina de justo antes del corralito? Y así, tan breve. Y con esa inquietante imagen en la cubierta: tres mujeres reunidas frente a una mesa llena de regalos por desenvolver, y la del centro, la que presumiblemente mira a cámara, con un furioso rayajo naranja-amarillo por cabeza, como una llama o el rastro humeante de un disparo a quemarropa. (Nota deliciosa para el lector: en la página de créditos encontrará que se trata de una fotografía intervenida por la propia autora; la imagen forma pues, como el título, parte de la narración).

Gatopardo (2025). 112 páginas
La ficción del ahorro
Empiezo a leer. Verano de 2001, umbral del colapso financiero argentino. Belén acaba de licenciarse y regresa desde Buenos Aires a su ciudad natal de Posadas para ayudar a extraer del banco los ahorros familiares: noventa mil dólares de los cuales ella llevará ochenta mil repartidos en fajos pegados al cuerpo con cinta de embalar, ocultos bajo la ropa.
La ficción del ahorro, de Carmen M. Cáceres, cuenta la historia de ese dinero. Su presente (la extracción del banco), su pasado (el origen del ahorro, cuando en 1995 se ensambla la familia y la hija del marido de su madre empieza a vivir con Belén y su hermana Carla) y su futuro: el destino final que esos dólares «condensaban como promesa de valor». Sin embargo, esta novela no trata sobre el dinero. Ni siquiera sobre aquel que con tanto esfuerzo ahorró una nación entera en la que “enfrentar una crisis cada veinte años también es una forma de estabilidad« y el ahorro, entonces, es más un ritual identitario, una manera de poder decir »seguimos aquí", que una estrategia económica. Con una prosa concisa que sabe mirar lo doméstico con inteligencia filosófica, Cáceres narra la historia particular, propia –en el sentido de individual, pero también de propiedad–, de un determinado capital familiar que va más allá de su concreción monetaria.
En sus tres partes, la novela despliega una arquitectura temporal que replica exactamente la lógica del ahorro. «Porque ahorrar es vivir ya en otro tiempo» y el ahorro «moldea la imaginación» haciendo que las privaciones se proyecten hacia un futuro en el que quepan todas las ficciones a las que alude el título: la de la estabilidad, la de la movilidad social, la ficción de que el dinero guardado hoy garantizará un mañana mejor. Espejismos que Cáceres se encarga de dinamitar a través de lúcidos comentarios sobre la clase media argentina, las diferencias entre capitalinos y provincianos, el clima político e intelectual, pero, sobre todo, haciendo que la relación entre la muerte y el ahorro vertebre sutilmente toda la novela. Ahí está el ombú que preside el patio de la casa a la que tantos recursos se han destinado, y que tras recibir el balazo destinado a ahuyentar a un intruso acaba pudriéndose y toca talar. Ahí el tarro lleno de australes que encuentran en el armario de la vecina adolescente que se suicida, dinero ya sin valor cambiario, ahorro muerto de un muerto. O el cadáver que aparece en el río Paraná y obliga a desviarse a la salida del banco de la ruta segura a casa. La muerte interrumpe la promesa del ahorro, expone su naturaleza ilusoria. Si ahorrar es aplazar la vida hacia un futuro imaginado, morir es la cancelación radical de todo futuro.
Por eso, quizás, en la novela nunca se expongan los planes para esos dólares, sino en lo que se extienda la narradora sea en el debate sobre a quién se dirigiría una hipotética nota de suicidio, dónde, dentro de la familia –lo único capaz de resistir frente al caos–, se alojan los afectos. Y pienso en Las uvas de la ira, de John Steinbeck, porque ambas obras utilizan crisis económicas devastadoras –la Gran Depresión tras el crac del 29 y el corralito argentino de 2001– como escenario para explorar la resistencia familiar. Las diferencias son muchas, pero también resultan ilustrativas. Mientras los Joad emprenden un éxodo hacia adelante en busca de supervivencia, Belén realiza un viaje de regreso para rescatar lo que aún permanece. Donde Steinbeck despliega más de seiscientas páginas de épica social, Cáceres condensa en poco más de cien un retrato igualmente político aunque radicalmente diferente en su forma, logrando ese raro equilibrio entre precisión y emoción de lo que no necesita más para contarse.
La ficción del ahorro confirma que las mejores novelas sobre el dinero nunca son realmente sobre el dinero. En esta, ochenta mil dólares pegados al cuerpo de una joven cristalizan en un tratado sobre el tiempo, la familia y la permanencia.