George MacDonald en 1860
'Más allá del viento del norte', un libro fundamental en la historia de la literatura
Una nueva edición del clásico de George MacDonald nos acerca a una historia maravillosa: la del pequeño Diamante y Viento del Norte, una historia pionera en la construcción de la mente fantástica
Muchas veces los artistas plantan semillas que, como «un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo», crecen hasta alturas insospechadas. Seguramente, esos creadores valientes no pensaban en la influencia que iban a dejar tras ellos, ni cuán grande o reconocida sería esta, al adentrarse en lo profundo de sus almas y extraer algo que compartir con otros. Algunos de estos casos son de sobra conocidos. Otros no lo son tanto. Este es el caso del escritor escocés George MacDonald (no confundir con otro genial escritor escocés del mismo nombre, George MacDonald Fraser, creador del idiosincrático Harry Flashman). El George MacDonald que nos ocupa (1824-1905), que en el ámbito británico es bien conocido, ha aparecido hace relativamente poco tiempo entre las publicaciones en español. La razón: autores hoy muy conocidos, como C. S. Lewis, J. R. R. Tolkien o W. H. Auden declararon abiertamente su amor por la obra de MacDonald y la influencia de esta sobre las suyas propias. El magnífico G. K. Chesterton se refirió a él nada más y nada menos que como «uno de los tres o cuatro hombres más importantes del siglo XIX», y eso –reconozcámoslo– no es decir poco. Muchos señalaron esa fuerte impronta que en sus imaginaciones y corazones dejó la obra de MacDonald, pero de entre todos ellos fue C. S. Lewis quien lo apuntaló con más vehemencia, considerándolo su maestro, y que «bautizó mi imaginación». Así pues, la grandeza de estos «discípulos» de MacDonald ha conseguido eclipsar la genialidad del maestro. Pero el constante interés del ser humano por descubrir ha llevado a los lectores y estudiosos de Lewis y Tolkien a seguir el rastro de su genialidad, yendo a para directamente a MacDonald y sus obras.

Legendaria Ediciones (2025). 398 páginas
Más allá del viento del norte
Este pastor congregacionalista escocés, rebelde, pese a su educación de raigambre calvinista, frente a la teoría de la predestinación fue apartado de los púlpitos para llegar a la literatura, donde la libertad del autor, de claro regusto romántico, es patente. De entre todas las obras de MacDonald, dos destacan especialmente en lo que a influencia posterior se refiere: Fantastes y Más allá del viento del norte, que nos ocupa aquí. Ediciones Legendaria, una prometedora y joven editorial que extrae su materia prima en el país de Fantasía. Siendo así, no podían dejar fuera de su colección una novela que, si bien es difícil de catalogar –las mejores obras son, sin duda, inclasificables–, ha marcado el origen de lo que para no volvernos locos llamamos «género fantástico», pero que es mucho más: más complejo, menos constreñido, más libre.
En Más allá del viento del norte (Legendaria, 2025) quienes hayan leído Las Crónicas de Narnia no podrán evitar hacer comparaciones, o incluso llegar a pensar «¡eh, Lewis cogió aquello de aquí!». Bueno, las cosas no son tan fáciles. Primero: necesitamos maestros, gigantes a cuyos hombros subirnos para ver más lejos y mejor. Segundo: la originalidad pura sólo existe en Dios. Y eso también puede apreciarse en la propia obra de MacDonald. Referencias a autores antiguos, a mitos locales, a viajes a otros planos de la realidad, señalan en MacDonald un autor que también ha recibido influencias por otros antes. Por la Sagrada Escritura, por los clásicos grecolatinos, por los escritores del Renacimiento, etc. La aventura de Diamante, un niño que vive a las afueras del Londres victoriano, va mucho más allá que el mero texto sapiencial, es decir, lecciones morales historiadas cuya pretensión es enseñar. La aventura de Diamante con la dama Viento del Norte pretende iluminar una realidad oscurecida por el materialismo y el empirismo, los dos venenos que estaban destrozando las almas en el siglo XIX –y que tan bien refleja Dickens al comienzo de su Tiempos difíciles: «Now, what I want is, Facts. Teach these boys and girls nothing but Facts. Facts alone are wanted in life. Plant nothing else, and root out everything else»– abrir una ventana a lo maravilloso e inesperado, y es, en definitiva, un grito en defensa de la trascendencia.
Aunque mucho se ha dicho al respecto, Más allá del viento del norte no es una novela para niños, aunque los niños también la pueden disfrutar. Es para todos aquellos que se acerquen con ojos nuevos a una nueva historia. Así lo refleja el propio MacDonald con cierto tono de broma al señalar que «mis lectores más mayores ya habrán etiquetado [a Diamante] como un niño muy dado a la metafísica» (p. 100). Otros maravillosos recursos son utilizados por MacDonald, como recurrir a esa fuente desconocida a la que Diamante le narró su experiencia más allá del viento del norte: «También puedo decir que Diamante no le contó esto a nadie más que a… No. Es mejor que no diga a quién, pero quien quiera que fuera me las contó a mí, y yo pensé que sería bueno escribirlo para mis lectores infantiles» (p. 135).
Son muchos los personajes que van apareciendo en el camino de Diamante, pero son él y Viento del Norte los indudables protagonistas de la historia. A través de multitud de aventuras y andanzas, MacDonald rompe el velo entre el mundo real y el fantástico, herencia que puede verse de manera clara en Las Crónicas de Narnia de Lewis. Y aunque mucho más se podría decir, baste con apuntar que esta obra de MacDonald no es una historia trepidante, en la que «pasan muchísimas cosas y te tiene enganchadísimo» (oí hace poco que una chica describía así a la novela fantástica). No. Más allá del viento del norte está en otro plano: el de la belleza, la imaginación, el espíritu, el reposo. Es difícil de describir. Además, cosa también importante, la buena traducción de Imanol Echavarri Tabernero ayuda a este propósito para aquellos que no solemos leer literatura del original. Como una metáfora de la misma obra tomaremos la extraordinaria figura de Viento del Norte, y unas palabras del autor para dejar paso a la reflexión: «En cualquier caso, no podríamos vivir sin viento. Todo depende de cómo de grandes son nuestros pulmones y de si el viento es demasiado fuerte para nosotros o no» (p. 135).