Muro de John Lennon, Praga
'La fiesta del fin del mundo': imaginarios apocalípticos ante las crisis del sistema neoliberal
Examen del auge del imaginario apocalíptico en la España de las crisis recientes como vía de salida colectiva frente al neoliberalismo
En La fiesta del fin del mundo, libro ganador del Premio Anagrama de Ensayo 2025, Natalia Castro Picón ofrece una reflexión articulada sobre la fisionomía y las posibles vías de salida de las dos últimas grandes crisis que han azotado el sistema neoliberal en el contexto español. Esos momentos de desencanto y desazón han supuesto, de forma significativa, el ascenso paralelo de un efervescente imaginario apocalíptico. Las crisis a las que se refiere el ensayo son, obviamente, la económica iniciada en 2008 y la provocada por la pandemia de la COVID-19, que, aun siendo un fenómeno global, tuvo en España manifestaciones específicas y particularmente intensas.

Anagrama (2025). 445 páginas
La fiesta del fin del mundo: apocalipsis cultural en el periodo entre crisis
El subtítulo del libro resulta preciso y, a la vez, sugerente al denominar este marco cronológico como «período entre crisis» (2008-2023), evocando deliberadamente el conocido «período de entreguerras» (1918-1939). Esta analogía permite a Castro contextualizar su reflexión ensayística en una coyuntura histórica caracterizada por la incertidumbre y la dificultad para proyectar futuros estables. A partir de ahí, la autora construye la tesis central de su ensayo, cuyo objetivo último es esclarecer el sentido del título del libro y respaldar lo que denomina «versiones culturalmente productivas de la fiesta del fin del mundo».
En el marco de este «período entre crisis», el futuro se vuelve incierto y proliferan imaginarios apocalípticos que, más allá de su dimensión literaria, adquieren una incidencia social y política tangible. Estos imaginarios, además, son con frecuencia escenificados mediante representaciones festivas que celebran provisionalmente el caos y el desorden. Castro traza aquí un arco histórico que remite, entre otros ejemplos, a los «fines de fiesta» del teatro barroco, subrayando cómo estas manifestaciones debían ser consentidas dentro de determinados códigos de conducta como un alivio necesario, sin dejar por ello de estar cargadas de un potencial subversivo latente. En este tipo de escenificaciones públicas, tanto en el Barroco como en la actualidad, se hace visible la posibilidad de una transformación radical del orden establecido, lo que explica la ambivalencia con que estas prácticas han sido históricamente toleradas.
El núcleo del ensayo, desarrollado inicialmente como investigación doctoral, consiste en pensar cómo articular una salida tras ese «grado cero» de desorientación apocalíptica que caracteriza a los periodos de crisis y a su inmediato aftermath. Para canalizar el abundante caudal de imágenes del fin del mundo que atraviesa el periodo analizado, la autora distingue dos grandes vías interpretativas. La primera perfila una forma de transitar la crisis mediante su neutralización, a través de mecanismos de justificación sofisticada del propio orden neoliberal, una salida que Castro califica de «psicopatológica» y en la que el «mundo de las cosas» continúa imponiéndose al «mundo de los vínculos».
La segunda vía, que constituye el eje del libro, es la denominada «culturalmente productiva», basada en la convicción de que la única solución real al neoliberalismo y a su impacto en la gestión social pasa por su abandono definitivo. En este punto, el ensayo asume con claridad un posicionamiento ideológico explícito, al sostener que el imaginario apocalíptico no debe ser desechado, sino reapropiado y reorientado hacia formas de reintegración colectiva. Esta propuesta dota al texto de una fuerte coherencia interna, aunque también invita a preguntarse hasta qué punto la oposición entre ambas vías no resulta excesivamente binaria, dejando en un segundo plano posiciones intermedias o ambivalentes que forman parte del paisaje cultural contemporáneo.
A lo largo de siete capítulos y un epílogo, Castro pasa revista a diversos escenarios de crisis y a sus respectivas posibles transiciones hacia el futuro, siempre desde la perspectiva de ese grado cero de la desorientación apocalíptica. La argumentación se articula mediante el análisis de un amplio repertorio de productos culturales y literarios, entre los que figuran obras filosóficas como las de Jean-Pierre Dupuy o narrativas contemporáneas como las de Jesús Carrasco. A través de este corpus heterogéneo, la autora defiende aquellas vías de acción que operan al margen de los códigos neoliberales, apoyándose en una bibliografía extensa y bien integrada en el desarrollo del ensayo.
En definitiva, La fiesta del fin del mundo expone, desde un ángulo ideológico claramente asumido, una problemática estructural general detectada a partir de dos crisis decisivas del reciente pasado español. Al mismo tiempo, ofrece una propuesta de salida basada en la exploración de futuros situados más allá del capitalismo tardío. Esta reivindicación contracultural y de alcance revolucionario constituye uno de los rasgos más distintivos del libro, aunque en algunos pasajes puede suscitar reservas en cuanto a la traducción efectiva de estas propuestas culturales en transformaciones sociales concretas.
Como advertencia final, conviene señalar que el ensayo conserva rasgos visibles de su origen académico, tanto en el estilo como en el uso del aparato crítico. Ello no impide que se trate de una obra accesible para un público amplio, siempre que el lector esté dispuesto a asumir un ejercicio de lectura atenta y sostenida. A cambio, el libro ofrece una reflexión sólida, bien documentada y conceptualmente ambiciosa sobre uno de los malestares centrales de nuestro tiempo.