Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés)
'Langley, séptimo piso', una sórdida lucha de espionaje entre Washington y Moscú
Tras el éxito de sus obras anteriores, David McCloskey vuelve a demostrar por qué es uno de los autores de referencia en las novelas de espías
Hace pocos meses, reseñamos un libro llamado Moscú X, un thriller de espías ambientado en la Rusia de Putin. En aquella ocasión, mencionábamos que su autor, David McCloskey, un antiguo analista de la CIA, había irrumpido con fuerza en el mundo de la novela de espionaje. No en vano, tanto esta obra como su ópera prima, Estación Damasco, tuvieron una gran acogida tanto entre la crítica como entre los propios miembros de las agencias de inteligencia, que no dudaron en alabar el realismo de las tramas elaboradas por McCloskey.

Salamandra (2026). 464 páginas
Langley, séptimo piso
Quizá fuera este éxito el que llevó a McCloskey a ponerse enseguida manos a la obra para escribir una tercera novela que diera continuidad a las anteriores. El resultado ha llegado apenas unos meses más tarde con el título de Langley, séptimo piso, una obra en la que la analista Artemis Procter sigue siendo la protagonista, pero cuya trama es independiente de las dos anteriores.
Con esta decisión, McCloskey decide seguir la estela de autores como John Le Carré o Mick Herron, que en vez de optar por escribir trilogías o novelas que siguen un hilo narrativo que va avanzando, han apostado por una serie de novelas independientes en las que se encuentran algunos personajes comunes a modo de universo compartido, pero que no siguen una estructura tan cerrada.
A diferencia de las dos anteriores novelas, en las que McCloskey hacía viajar a sus personajes por numerosos países e incluso continentes diferentes, en Langley, séptimo piso la acción se centra casi en exclusiva en Estados Unidos. La historia comienza cuando, a raíz de una serie de operaciones frustradas por sus rivales rusos, la veterana analista Artemis Procter repara en la existencia de un topo dentro de la CIA. En su misión de encontrar a ese agente doble utilizado por Rusia, Procter se encontrará con numerosos obstáculos, hasta el punto de ser expulsada de la CIA, tras lo que decidirá intentar revelar la identidad del topo por su propia cuenta, enfrentándose a numerosos riesgos que podrían incluso acabar con su vida.
A semejanza de lo que sucedía en sus anteriores novelas, Langley, séptimo piso se lee fácilmente, gracias a un estilo ágil y al desarrollo de una emocionante trama repleta de acción, suspense, conspiraciones y no pocas traiciones. No obstante, la elección de McCloskey por centrarse más en la psicología y la evolución del personaje de Procter hace que la evolución de la trama principal se ralentice, lo que en ocasiones lleva a que la lectura sea algo menos absorbente que en las novelas anteriores.
Por otro lado, en Langley, séptimo piso, McCloskey ahonda aún más en la sordidez y la decadencia del mundo del espionaje, presentándonos un panorama humano realmente desolador, en el que las miserias, el cinismo y la traición son la tónica habitual, sin que haya un solo personaje que parezca salirse de esa espiral. A lo largo del libro vemos desfilar un sinfín de vidas rotas por los abusos, las adicciones y la desesperanza, y la insistencia en todo ello llega en ocasiones a restar protagonismo a la trama, lo que dificulta al lector su seguimiento y, con ello, hace más complicado que este se vea atrapado por la historia.
Se trata, con todo, de una novela amena y de fácil lectura, que a buen seguro gustará a los lectores aficionados a las novelas de espías por una interesante trama que no cesa de dar giros, y que prácticamente no termina de resolverse hasta la última página.