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Cubierta de 'Laberinto. Lunes'

Cubierta de 'Laberinto. Lunes'Edebé

'Laberinto. Lunes': terrible y actual historia de traición, dolor y violencia

Una novela coral que desnuda la culpa, el silencio y la realidad de la violencia en la adolescencia

Este libro está absolutamente ajustado al estilo de lectura que les gusta a los jóvenes de hoy: es rápido, conciso, con frases cortas y pensamientos breves, está escrito como a machetazos. Sin embargo, el claro mensaje que lanza Santos sirve tanto para los jóvenes como para sus padres, grandes desconocedores, por lo general, de la vida, las amistades, los sentimientos y los problemas de sus hijos.

Cubierta de 'Laberinto. Lunes'

Edebé (2026). 245 páginas

Laberinto. Lunes

Care Santos

Nayara, la joven protagonista de apenas 16 años, ya ha sufrido lo indecible a raíz de sus últimas experiencias. Aunque no revela qué ocurrió con su pareja, el lector puede intuirlo desde las primeras páginas, especialmente en un momento en el que las campañas contra las agresiones sexuales están muy presentes en nuestra sociedad. La voz de la conciencia de Nayara, que aparece de manera constante en la novela señalizada entre comillas e irrumpiendo cada dos frases, llega a resultar agobiante para el lector a causa de la intensa carga de pesimismo, desamor y soledad que transmite. Pero, precisamente, es así como se siente ella, y Care Santos pretende y consigue que el lector comparta ese sufrimiento y experimente la tremenda culpabilidad que la atormenta por lo sucedido: «La culpa es solo tuya. Todo esto es culpa tuya».

Uno de los aspectos que la autora subraya con mayor acierto es el intenso sentimiento de culpa que experimenta Nayara tras la agresión. A través de su protagonista muestra una realidad que puede darse en muchas víctimas de violencia sexual: la tendencia a responsabilizarse de lo ocurrido, el silencio, la dificultad para compartir lo sucedido incluso con las personas más cercanas y el profundo sufrimiento, tanto físico como emocional, que todo ello conlleva. Ese proceso puede desembocar en el aislamiento, la incomunicación y en una gran sensación de abandono.

La voz de la conciencia de la muchacha, que no deja de martillearle la mente y llega incluso a inquietar al lector antes de conocer toda la verdad, constituye un recurso narrativo especialmente eficaz para reflejar el conflicto interior de quien ha sufrido una agresión y el peso de una culpa que, aunque injustificada, resulta devastadora.

Care Santos, experta en este tipo de temas juveniles, escribe de una forma que nos desgarra por dentro. Y no solo esa voz, pues pronto nos damos cuenta de que la novela es polifónica. Escuchamos también de primera mano la versión y los sentimientos de otros personajes, marcados todos por el implacable paso de las horas que constituyen el título de cada capítulo. Todo ocurre en un lunes, un lunes que se vuelve infernal según van pasando los minutos. Un lunes que va a cambiar la vida drásticamente a todos los que participan en ella. Conocer esa realidad es un primer paso para reconocerla, prevenirla, combatirla y denunciarla.

Me parece muy interesante, además, que cada sección del libro vaya precedida de documentos reales y verídicos que hacen que el lector se cuestione que esta no es una novela más. Por eso, no es extraño descubrir que los capítulos se abran con un artículo del Código Penal, un informe del Ministerio del Interior, Gobierno de España, o artículos de psiquiatras o jueces especializados en agresión sexual.

Como ya he indicado, la novela presenta de forma coral, a la vez que original, la voz de víctimas y verdugos, y termina de una forma abrupta, e incluso bastante desagradable. Esto es algo propio de este tipo de sagas a los que Care Santos ya tiene acostumbrados al público lector (Mentira, Verdad, Miedo). Y, aunque es una obra que tiene entidad propia y valdría por sí misma como lectura, estoy convencidísima de que el lector querrá seguir leyendo, cuanto antes, además, los días que nos quedan de este sufrimiento laberíntico: viernes, sábado y domingo.

Como persona que soy, madre, educadora y lectora, creo que este libro es imprescindible en las aulas y en las familias para intentar prevenir, con un debate bien llevado por parte de un adulto (profesor o familiar), todas las conductas erróneas que vemos tan bien ejemplificadas en estas letras tan desgarradoras de la última novela de la escritora.

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