07 de julio de 2022

Xabier Anduaga en su recital en la Fundación Baluarte el pasado abril

Xabier Anduaga, en su recital en la Fundación Baluarte el pasado abrilFundación Baluarte

Xabier Anduaga, el joven tenor heredero de Plácido que ha triunfado en su primer recital en Madrid

El cantante donostiarra puso en pie al público del Teatro de la Zarzuela tras una actuación con ecos de gran figura de la ópera

Llegó, cantó y conquistó… Las expectativas creadas en torno al primer recital en Madrid del que para muchos es ya el tenor del momento, Xabier Anduaga, se vieron colmadas con creces casi desde el mismo inicio, con un público volcado como en contadas ocasiones (quizá habría que remontarse al concierto que ofreció en este mismo escenario la mezzo Elina Garança para describir una entrega similar, con entusiasmo desbordado tras cada pieza del programa y la sala al completo puesta en pie para despedir al artista). En lo que respecta al puro canto, y ahí es nada, posiblemente esta haya sido la cita musical del año en el Teatro de la Zarzuela, muy por encima del resto de la programación ofrecida durante la presente temporada.

A las puertas del Olimpo

Anduaga lo tiene todo para convertirse en el número uno de su profesión, pero le corresponde a él decidir si desea llevar una vida estupenda haciendo lo que más le gusta desde niño o entrar en la historia ocupando su plaza entre los grandes. Condiciones tiene de sobra, y creo que ambición, disciplina e inteligencia para cruzar ese Olimpo, también. Así que lo logrará, y no muy tarde. Ha llegado a la profesión en un momento en el que la imagen parece ser imprescindible para triunfar en el «Grand Slam» de los escenarios líricos: apostura y saber estar no le faltan. Pero superado ese trámite, su material canoro, sus modos expresivos, su musicalidad, la belleza del timbre, elementos fundamentales sobre los que debe sustentarse la interpretación de buena ley, lo facultan para convertirse en una de las principales referencias de quienes de verdad saben de qué va esto, ahora y siempre. El resto son experimentos.
De su sentido de la responsabilidad da buena prueba el rigor con el que ha preparado este primer concierto para el público capitalino, reforzado con la que ya parece su incipiente legión de seguidores internacionales: ayer los había llegados expresamente hasta del Líbano. No fue una faena de aliño ni mucho menos.

Ninguno de los presentes olvidará la primera propina, 'Aurtxo Polita', dicha con una delicadeza que provocó hondos suspiros de emoción

Si tocaba cantar zarzuela, un género que no va a frecuentar empeñada como va a estar su presencia en los principales teatros operísticos durante las próximas décadas, había que prepararse a fondo, sin prisas ni frivolidades. Nada de sacar un atril y ponerse a leer como si estuviera en el conservatorio. Se aprendió, como debe ser, las comprometidas siete romanzas de zarzuela (de Soutullo a Sorozábal) y dos arias operísticas (Usandizaga), a las que sumó tres canciones para conformar un programa enjundioso de música española y latinoamericana que colmó las expectativas de los más exigentes. Aunque si todo fue de un nivel excelente, ninguno de los presentes olvidará la primera propina, Aurtxo Polita, dicha con una delicadeza que provocó hondos suspiros de emoción.

«Rica paleta de colores»

Con buena dicción, aplomo, un instrumento cálido y hermoso que se proyecta sin problemas hasta el último rincón de la sala (lo que algunos denominan «una auténtica voz de tenor») y un cada vez más asentado uso del fraseo, propio de quien desea triunfar en el belcanto, pleno de matices, ese fascinante juego del claroscuro que dominan solo los propietarios de una rica paleta de colores para dotar a la expresión de la imprescindible variedad, expresión y sentido, Anduaga fue desgranando cada pieza del programa con precisión y arte de orfebre.

Con seguridad pasmosa delineó un programa que, de esa guisa, ha logrado ser servido por muy pocos, solo los elegidos

Midiendo cada acento, aquilatando el caudal, ascendiendo al agudo (pudiendo hacerlo no se recreó en innecesarios fuegos de artificio, por ejemplo en El trust de los tenorios) con seguridad pasmosa delineó un programa que, de esa guisa, ha logrado ser servido por muy pocos, solo los elegidos. Tuvo a un eficaz colaborador en un Giulio Zappa al que el Ipad (esa bendita manía que parece imponerse cada vez más en sustitución de las partituras de papel) le jugó una mala pasada en la romanza de Serrano, pidiendo perdón y volviendo a empezar. No fue necesario disculparse demasiado, el público estaba sobre todo para disfrutar, y Zappa brindó además un par de piezas en solitario cuya mayor virtud fuese quizá su brevedad.

El «fenómeno Anduaga»

De ahí las reiteradas muestras de entusiasmo, hasta la apoteosis final, que Xavier Anduaga suscitó en un público que prácticamente llenó el teatro, algo que muy pocos cantantes españoles pueden lograr hoy en solitario, y menos tratándose de un chaval de 27 años cuya presencia en España ha sido escasa hasta ahora. Por eso puede hablarse ya del «fenómeno Anduaga», que sin duda irá creciendo conforme sus éxitos vayan en aumento y su arte aspirando a la máxima depuración: por supuesto no ha llegado al límite, sobre todo porque aún no se vislumbra, hay que seguir profundizando en esa labor casi ascética, a menudo ingrata, de búsqueda de la perfección.

Madrid dispone ya de un ídolo tenor al que el Teatro Real ha puesto una alfombra roja para que cante todo su repertorio

Lo fascinante de un cantante como este tenor no es lo que uno puede apreciar ya en él, sino el recorrido que se intuye, lo que le aguarda al artista, pero sobre todo a nosotros. Acaba de renunciar a seguir a cantando Barberos de Sevilla y algún día (para el que aún falta mucho) podría regalarnos, por ejemplo, un Rodolfo como no se escucha desde Carreras. Madrid dispone ya de un ídolo tenor, y así lo ha visto, por ejemplo, esta vez sí, el Teatro Real, que le ha puesto una alfombra roja para que cante todo su repertorio. «La Sonámbula» que interpretará allí este invierno promete ser un acontecimiento. Pero antes, en su Donosti, le espera La Fille. El mundo se lo disputará, de nuevo un tenor español volverá a marcar la diferencia.
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