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Un partido de España en el último Mundial disputado, el de Egipto en 2021

Un partido de España en el último Mundial de balonmano disputado, el de Egipto, en 2021GTRES

Revuelta en el Mundial de balonmano por regresar al pasado con las normas ante la covid

Unas exigentes medidas, más estrictas que las de los países donde se juega, tienen en pie de guerra a varios jugadores

El balonmano tiene en este mes de enero su gran cita, con el Mundial que se juega del 11 al 29 de enero en Polonia y Suecia, y a menos de una semana para que arranque el torneo hay amenaza de que algunos jugadores lo boicoteen.

Y es que la organización, la Federación Internacional de este deporte, ha puesto unas estrictas normas ante la covid que muy pocos jugadores entienden. Pasado ya lo más duro de la pandemia, casi tres años desde el confinamiento, el balonmano internacional se ha puesto muy duro en lo que a requisitos se refiere.

Exigentes normas

Por ejemplo, todo participante en el Mundial –jugador, cuerpo técnico, acompañantes, médicos...– debe estar vacunado o, en el caso de que no sea así, que se hayan recuperado de la enfermedad (es decir, que se hayan contagiado previamente) y demostrarlo «con anticipación».

A eso se le une que tres días antes de llegar a las sedes en las que se concentren para jugar este Mundial tienen que presentar una PCR negativa y que después de la primera ronda deben someterse a una prueba rápida que en el caso de que salga positivo deben aislarse durante al menos cinco días, tiempo en el que ya te puedes perder varios partidos. Y para volver a la competición se debe presentar una PCR negativa.

Más allá de las medidas tomadas por la organización la revuelta de algunos jugadores se debe a que estas exigencias son más estrictas que las que tienen actualmente Polonia y Suecia, los dos países que organizan el Mundial de balonmano. Ambos países, por ejemplo, han suspendido ya la cuarentena, que viene a ser lo que la Federación Internacional viene a aplicar a todo aquél que tenga síntomas.

Björgvin Pall Gustavsson, portero de Islandia, ha sido una de las figuras que ha amenazado con boicotear el torneo si no se cambian esas exigentes medidas. Incluso ha contactado con abogados para saber si lo que aplica la Federación es compatible con lo autorizado hoy en día por los países organizadores. Al fin y al cabo todos los jugadores están en ese territorio y deben cumplir las normas de esos lugares, más si cabe si son menos exigentes.

Contra «los derechos humanos»

Gustavsson no es el único, aunque sí el que más lejos ha llegado, que ha criticado unas normas que incluso consideran que van contra «los derechos humanos», dijo este jugador en una carta. Dicen que estas medidas van «en contra de la protección de la privacidad y de la libertad de trabajo».

Por su parte, un jugador danés, Simon Pytlick, ya ha dado positivo en un test y no tiene síntomas, pero por estas normas se perdería el Mundial. Igual ocurre con Jorn Smits, de Países Bajos, y otros tres integrantes de esta última selección. Las quejas llegan hasta desde el anfitrión. Michael Apelgren, del cuerpo técnico sueco, donde se vive con gran efusividad el balonmano, protestó porque con estas normas «no podemos tomarnos fotos con niños y jóvenes cuando es un Mundial en casa».

Las exigentes normas ante la covid en unos tiempos en los que ya apenas hay este tipo de medidas se entiende porque la Federación Internacional sufrió mucho con esta enfermedad durante los dos últimos grandes torneos, el Mundial de 2021 en Egipto y el Europeo de 2022 en Dinamarca, competiciones en las que hubo muchas críticas sobre el protocolo ante el coronavirus.

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