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Los manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del Prado durante la última etapa de la Vuelta a España

Los manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del Prado durante la última etapa de la Vuelta a EspañaEFE

El deporte, ¿una nueva amenaza híbrida?

La politización de un acontecimiento deportivo o cultural no es un fenómeno nuevo. La llamada de Pierre de Coubertin a universalizar el deporte mediante la creación del Comité Olímpico Internacional (COI), en 1894, dio lugar al nacimiento de los Juegos Olímpicos de la era moderna.

Desde su primera edición, celebrada en Atenas en 1896, los Juegos han sido la competición de competiciones deportivas por excelencia, reforzando el papel del deporte como una herramienta de diplomacia y de poder blando, y en un elemento central de la reputación de un país.

La dimensión global de un acontecimiento de estas características y su interés mediático, igualmente planetario, han sido dos elementos que han llevado a los Juegos a saltar en algunas ocasiones la barrera de lo deportivo para adentrarse en el terreno de la política (Juegos de Berlín de 1936, como propaganda nazi). Y en casos contados –pocos, afortunadamente– en el de la violencia (atentado terrorista en Munich, en 1972).

Otros casos del fenómeno de la politización del deporte se han dado recientemente. En 2024, Rusia impulsó los llamados 'Juegos de la Amistad' en contraposición a los Olímpicos de París. Esto provocó la reacción del COI, que hizo un llamamiento al Movimiento Olímpico y a los gobiernos para rechazar su participación por «el cínico intento de la Federación de Rusia por politizar el deporte».

Aunque Rusia no aparezca entre los diez primeros países en el Índice Global de Poder Blando 2025, de Brand Finance, es conocida e incuestionable su capacidad de desarrollar e implementar estrategias de influencia y también de desestabilización, especialmente en Europa Occidental.

La (re) Vuelta en España

En España hemos sido testigos en los últimos días de un caso de politización del deporte. La protesta masiva en contra de la participación en La Vuelta del equipo ciclista patrocinado por Israel ha desencadenado en una bronca monumental, política y deportiva.

Los hechos son conocidos, por tanto, no es cuestión de enumerarlos. Cualquier individuo tiene el derecho a manifestarse, pero lo que no debería nunca es poner en riesgo con sus protestas la seguridad de los deportistas participantes, del público y de alterar el normal desarrollo de la competición.

Lo novedoso del caso ha sido la entrada en escena del Gobierno de la nación y de sus socios, convirtiendo unas manifestaciones legítimas en una campaña gubernamental a favor de Palestina. El Gobierno ha asumido, además, el papel de principal valedor y animador de las protestas, a juzgar por las declaraciones públicas de algunos de sus líderes.

Manifestación propalestina en la Vuelta en Madrid

Manifestación propalestina en la Vuelta en MadridEuropa Press

La Vuelta se ha convertido de esta forma en una revuelta, en un alboroto, en una alteración, en una sedición, según la definición de la RAE. El resultado: la suspensión de la etapa final de esta competición deportiva.

El daño de este tipo de actuaciones habrá que evaluarlo en varios planos: el político (¿a quién beneficia esta bronca, dentro y fuera de nuestro país?); el económico (¿cuál ha sido el coste adicional del despliegue policial para garantizar la seguridad de La Vuelta?, ¿qué opinan los patrocinadores, empresas privadas y varias públicas (Loterías, Correos, Paradores y la participada Telefónica, además de RTVE) ?; el reputacional (¿qué pasa con la imagen de España?, ¿a nadie le importa?) y, cómo no, el deportivo (¿merece la pena organizar La Vuelta y competir así, en este clima de tensión e inseguridad?).

El deporte ha sido y es un componente eficaz de la estrategia diplomática y en una poderosa herramienta de poder blando de un país. El riesgo que subyace es que el deporte se politice en exceso y que pase a constituirse en un instrumento de desestabilización de un país, en una nueva amenaza híbrida al servicio de fuerzas exteriores que influyan en la sociedad española, con el objetivo de acrecentar la polarización y las posiciones políticas extremas.

Si estos lamentables acontecimientos hubieran sucedido hace unos días, hubiera sido motivo de debate con Teija Tiilikainen, directora del Centro de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas, Hybrid CoE en inglés, de visita en Madrid, a quien tuve ocasión de escuchar, gracias al Departamento de Seguridad Nacional (DSN) y a la Escuela Diplomática.

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