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Agentes de policía, presentes durante un partido del Mundial de ClubesAFP

Máxima seguridad, precios exagerados y falta de organización: la otra cara del Mundial de Clubes

Cuando dio el pistoletazo de salida el pasado 15 de junio, en la FIFA se las prometían muy felices a la hora de hablar del Mundial de Clubes y tenían bastante claro que iba a ser un éxito asegurado. A Estados Unidos habían volado algunos de los mejores clubes del mundo (12 de ellos europeos) y eso, a priori, hacía indicar que la competición iba a ir sobre ruedas.

La teoría era maravillosa. Sólo quedaba por ver qué tal iba a responder el producto en la práctica. Y es en esto último donde se ha podido comprobar que organizar un torneo en el cuarto país más grande del planeta no es tan fácil como uno se podría haber imaginado en un principio y que todavía faltan muchas cosas por corregir de cara al Mundial de selecciones que se disputa en el verano de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. De ahí que en la FIFA hayan considerado este torneo como una especie de prueba piloto con vistas al gran evento.

Sólo han sido suficientes dos semanas para afirmar que el fútbol en Estados Unidos es un deporte que importa más bien poco y que todo gira en torno al espectáculo. Eso es más que evidente. El estilo de vida en el país norteamericano es radicalmente distinto al que se puede tener, por ejemplo, en Europa y eso se ha visto claramente reflejado en estos más de 15 días que se llevan de Mundial de Clubes.

El ejemplo perfecto es que la gente en Estados Unidos acude a los estadios a pasárselo bien, a gastar dinero y a ver de cerca a las estrellas del balompié, que es otro elemento diferenciador con respecto al deporte europeo. En tierras yankees, a los aficionados les da igual si un equipo en concreto gana o pierde. Pagan entradas para tener bien cerca a las estrellas del deporte rey y prefieren disfrutar de la comida y estar bien hidratados que andar pendiente de lo que hagan futbolistas como Vinicius, Dembélé o Kane en el rectángulo de juego.

En Estados Unidos todo se lleva al extremo y, en ese sentido, los precios que se pagan en los estadios de fútbol son absolutamente desorbitados. Pero eso no supone un problema para los aficionados. Al revés. Pagan 20 dólares por una cerveza, 12 por un refresco u ocho por una botella de agua sin dudarlo y no se paran a pensar si es o no abusivo. El negocio es el que es y prefieren eso a animar a los equipos participantes.

Otro aspecto que refuerza la teoría de que en Norteamérica todo se vive a lo grande es la seguridad que hay en los estadios. Los agentes presentes en los estadios llevan a cabo unos controles exhaustivos y, para entrar, los aficionados tienen que pasar por una revisión completa de las mochilas, son cacheados por todos lados y tienen que esperar a que los perros antibombas y antiarmas confirmen que, en efecto, no hay nada sospechoso.

La falta de organización es otra de las grandes pegas del Mundial de Clubes. A diferencia de otros torneos, en Estados Unidos no hay transporte público y para llegar a los estadios, que suelen estar a las afueras de las ciudades, la única opción es a través de vehículos privados (que se pueden dejar en aparcamientos pagando como mínimo 60 dólares) o taxis, lo que hace que el tráfico sea infernal y provoque grandes retenciones a la entrada de los estadios, tanto a la hora de llegar como a la de salir. Por tanto, si se quiere evitar todo esto el aficionado está obligado a llegar con varias horas de antelación.

Y la última gran polémica tiene que ver con las temperaturas que se registran en verano en un país como Estados Unidos. En prácticamente todas las sedes, los termómetros superan los 40 grados y la humedad hace que la sensación térmica sea infernal, algo de lo que los jugadores ya se han quejado en más de una ocasión. Para paliar esta problemática climática, el aire acondicionado está más presente que nunca y eso provoca que el contraste de temperaturas sea salvaje, lo que obliga a los aficionados a meter en la mochila prendas de abrigo para evitar males mayores.

En definitiva, es bastante evidente que en Estados Unidos tienen mucho que mejorar de cara al Mundial de selecciones del año que viene, donde la afluencia de pública será mayor y donde tendrá que estar todo absolutamente controlado para que no se cometan algunos errores que han sucedido en esta prueba piloto organizada por la FIFA y que reúne a los 32 mejores equipos del mundo.