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Xabi Alonso, en el partido del Real Madrid en VallecasEuropa Press

El Real Madrid sabe que los jugadores han bajado de nivel y Xabi Alonso debe volver a convencerlos de su idea

A calzón quitado y a pecho descubierto. Palabras crudas y objetivas, sin paños calientes, porque los paños calientes y las palmaditas en la espalda no dan títulos y solo tapan el problema que explotará después, a la hora de la verdad. En la casa blanca se dicen las cosas a las claras y a la cara. Son jornadas de reflexión en el Real Madrid. La cúpula del club tiene diez días para analizar en profundidad las causas de este bache de rendimiento.

El entrenador y la dirección deportiva estudian las razones de dos resultados malos con el agravante de la ausencia de gol en doscientos minutos reales de competición entre Champions y Liga. Los palos se han centrado en Xabi Alonso y sus equivocaciones, desde la falta de autoridad a la pérdida de su idea de juego pasando por sus alineaciones basadas en la jerarquía. Pero en el Real Madrid hay una máxima histórica que dicta la experiencia del éxito continuo: los responsables principales son los futbolistas.

Los técnicos siempre lo han dicho, desde Vicente del Bosque a Carlo Ancelotti: «Nosotros damos directrices, pero los títulos los ganan los que juegan en el campo». Los exjugadores de la entidad concuerdan en esta premisa: «El entrenador te puede decir lo que quiera, pero después el que juega en el campo eres tú y si no rindes no hay nada que hacer».

Los argumentos son muchos, pero este es legendario: «El entrenador te pide hacer muchas cosas, pero ¿Quién le dice a Pirri que dispare desde treinta metros y marque un golazo? Nadie. Lo decide él ¿Quién le decía a Pelé que tirara desde cincuenta metros? Nadie, solo él ¿Quién le decía a Cristiano que se internara y disparara con esa precisión? Nadie. Es el jugador el responsable y el culpable de todo, de lo bueno y de lo malo».

Jugadores que han bajado el nivel

Explicamos este contexto porque tras el empate de Valllecas las críticas y los consejos se han concentrado en Alonso y el análisis pausado del día después era: ¿Y los jugadores qué? Los veteranos de la casa son directos: «Xabi no estaba en el césped, ni colocó a Courtois de lateral ni a Mbappé de central. Xabi no mató a Manolete. Son los jugadores los que han fallado en el campo y ellos lo saben. Ellos son los primeros que saben que son los responsables, no el entrenador. En el club lo saben desde siempre, desde la época de Alfredo ( Di Stéfano) hasta la de Mbappé, y es lo que están analizando».

En efecto, la dirección deportiva estudia las causas de esta pérdida de identidad frente a Liverpool y Rayo Vallecano, que contrasta con la victoria mental y efectiva frente al Barcelona. Hay un punto de partida: el Real Madrid cambia mucho de jugar en casa a hacerlo fuera y demuestra debilidad especialmente en los partidos complicados a domicilio. Metropolitano, Anfield y Vallecas fueron los suspensos del curso y lo peor es que en las tres ocasiones demostró una inferioridad de actitud y energía preocupante. Se puede perder, pero no como vimos ante el Atlético y el Liverpool, sin carácter ni idea de juego.

La primera razón de estos fallos, de esta carencia de actitud, de esta falta de reacción, es el descenso de rendimiento de varios futbolistas.

El entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso, se lamenta tras el partido ante el RayoEFE

Huijsen, Rodrygo, Camavinga y Bellingham

Alonso puede ser señalado por perder el relato. El preparador vasco puede pagar caro no imponer su libreto, no aplicar sus estrategias y no exigirlas al máximo. Puede costarle caro no tomar medidas drásticas si hay jugadores que no cumplen con sus misiones tácticas. Es lo que hizo hasta el mes de septiembre, sentar a Vinicius en la Liga, quitar a Rodrygo en el Mundial de Clubes. Demostrar autoridad. Debe de volver a esos orígenes, a su ideario. Si no lo hace, el primer perjudicado será él. Lo comentan todos los exjugadores de la casa. Realizada la advertencia, el análisis de situación debe dirigirse al epicentro del problema: el bajo rendimiento de varios futbolistas. Es la razón principal de este bache. Hay nombres y apellidos.

Huijsen, Rodrygo, Camavinga y Belingham no han estado bien ni en Anfield ni en Vallecas y el Real Madrid ha bajado su nivel. Vinicius lo intentó y no le salió. Para colmo, Mbappé no sacó magia de su chistera y no marcó. El francés no remató y el conjunto blanco se quedó seco en dos partidos consecutivos por primera vez en toda la temporada. Este cúmulo de aspectos negativos son el fundamento de los dos malos resultados.

Kylian ha firmado 18 de las 34 dianas del Real Madrid en este curso y la dependencia del número diez es absoluta, porque a su lado no juega otro delantero con la ambición goleadora de un ariete. Es el mayor argumento para haber sacado a Gonzalo y a Endrick en Valllecas.

Las charlas de Alonso con la cúpula madridista y sus diálogos con la docena de futbolistas que entrenan en Valdebebas se concentran en recuperar el tiempo perdido. En reflexionar para volver a jugar con actitud y carácter. En subrayar que es necesario aplicar la estrategia de presión alta y constante, por todo el campo, para ganar en el fútbol de hoy.

Gracias Messi

En medio de esta pléyade de análisis sobre el bache del líder de la Liga, los exjugadores del Real Madrid destacan que «el golpe de mano que Messi le ha dado a Laporta» al hacerse una foto con nocturnidad y sin alevosía en el Camp Nou ha sido «un bombazo en la línea de flotación» del presidente del Barcelona. Este golpe sobre la mesa que el astro argentino ha dado ante Laporta ha solapado la polémica en el Real Madrid y «se la ha llevado en puente aéreo» a Barcelona. «Gracias Messi», dicen con intención los veteranos de la casa blanca. «Esto solo puede pasar en el Barça», manifiestan con humor. «Es todo un K.O. técnico de Leo a Laporta».

Esa visita nocturna de Messi al estadio azulgrana sin contar con Laporta y sin contárselo a Laporta era la comidilla en Valdebebas. Y en todo el mundo. El ídolo eterno de los azulgranas, es verdad, le ha echado todo un capote mediático a Xabi.