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Xabi Alonso, tras el partido ante el Rayo VallecanoEFE

Xabi alucina con las críticas y desea una cosa muy simple: ser entrenador y que no le juzguen por querer serlo

  • El técnico no entiende esta parafernalia que se ha montado en torno a su gestión: al principio le ensalzaban por cambiar un modelo y ahora lee que no podrá hacerlo

  • Entrenador y club solucionaron el caso Vinicius sin medidas drásticas y sabe que lo tachan de débil: se comió un marrón, pero lo hicieron así por el bien del Real Madrid

Xabi conoce el paño del Real Madrid desde hace tres lustros, pero está comprobando en sus propias carnes que cuando llegas al cargo de entrenador del Real Madrid todo se complica y se magnifica de una manera que parece una caza de brujas en cuanto hay un resultado malo. Es el precio que se paga en esta casa por haber conquistado once Champions y aburguesar para la eternidad a una afición que exige la Copa de Europa cada año.

Como dice su antecesor, Ancelotti, en el Real Madrid dos empates son la antesala de una crisis mediática. Pues Alonso ha sufrido una derrota y un empate y ya se habla de crisis. Como dice Mbappé, en el Real Madrid «se habla demasiado» exteriormente en cuanto hace dos resultados malos. Y la guerra del puente aéreo genera la tormenta perfecta desde Barcelona.

El entrenador blanco alucina con la 'crisis' generada desde el mundo azulgrana. Allí se comenta que incluso Xabi está en la picota y puede ser cesado muy pronto. El vasco sabe que la prensa catalana quiere tapar las dos últimas polémicas vividas en el Barcelona. La primera, la forma de marcharse de la selección por parte de Lamine. La segunda, mucho más dura, es el gol por la escuadra de Messi a Laporta, entrando en solitario al Camp Nou. La reacción en contra de Alonso cantada desde el barcelonismo ha sido paralela en potencial a esos dos escándalos. Y no tienen comparación. Pero Alonso está incrédulo ante el ataque cuando es el líder de la Liga y se encuentra clasificado entre los ocho primeros equipos de la Champions.

El tolosarra lee y escucha que este es el precio que se paga por dirigir al Real Madrid, pero el razonamiento no le vale, porque se ha inventado un ambiente negativo que no existe.

Por favor, que me dejen ser entrenador

El argumento empírico, cartesiano, racional, es que Alonso fue fichado para cambiar el estilo del Real Madrid e introducirle tácticamente en el fútbol del siglo XXI. La explicación coherente es que Xabi ha demostrado ideas novedosas para aplicar en el fútbol de hoy y el Real Madrid le contrataba para hacerlo.

Impuso sus estrategias en el Mundial de Clubes y todo el mundo le elogió. Era entrenador con mayúsculas y le ensalzaban por ser entrenador. Sentaba a Vinicius y Rodrygo, daba la titularidad a Gonzalo, y el universo del balompié subrayaba su valentía mientras el número siete se enfrentaba internamente al técnico por su suplencia inicial ante el PSG, hasta que la lesión de Trent le concedió una titularidad ficticia.

El nuevo jefe del plantel blanco hacía, con humildad, un equipo de autor en el Real Madrid. Y en cuanto han llegado tres resultados pobres en el Metropolitano, Anfield y Vallecas, los elogios se han vuelto críticas y su valentía se ha convertido en una ingenuidad naif al intentar cambiar un monstruo teóricamente invariable.

Xabi se niega a admitir que la plantilla sea un monstruo intocable. Lo rechaza. No lo acepta. Hay que evolucionar y viene para hacerlo.

Ahora ya dicen que no podrá sentar a las vacas sagradas y que no podrá con el poder del vestuario. Lo que antes era óptimo ahora es inviable. Lo que antes era ideal ahora es toparse con molinos de viento.

El responsable del grupo se niega a doblar el espinazo ante esta vulgaridad de conceptos. El responsable deportivo del Real Madrid solo pide una cosa muy sencilla: ha venido a ser entrenador y por favor pide que le dejen ser entrenador y que no le critiquen por intentar serlo.

Se comió el marrón de Vini por el bien del Real Madrid

Los más viejos del lugar, los incrédulos que han visto tantas cabezas caer, desde Benítez a Lopetegui pasando por Queiroz y Pellegrini, piensan que Alonso se ha equivocado al intentar sentar a las figuras para imponer la prioridad de sus estrategias. Opinan que un técnico no puede vencer a los poderes fácticos. Pero todo este volantazo de posturas nació a partir del escándalo que Vinicius montó en el clásico, protestando enérgicamente por su sustitución y comentando que se iba del Real Madrid.

Xabi se ha tragado este sapo, se ha comido este marrón y quizá no debía ser así. El Real Madrid decidió, en un análisis conjunto con el entrenador, no castigar al brasileño. Todo se solventó con la petición de perdón a sus compañeros, sin mencionar al preparador, que fue quien determinó su cambio.

Desde entonces se dice que Alonso fue débil al no imponerse y exigir la sanción al delantero. Pero se comenta este capítulo y se saca a colación porque han venido dos resultados malos. Y lo cierto es que fue una decisión pactada de la cúpula de la entidad y del jefe del banquillo, quien ha quedado debilitado externamente por esta concesión. Una postura que buscaba no calentar más el jaleo y solventarlo de manera interna y con un perfil bajo. Xabi ha pagado este incendio. Ha cargado con el precio de la polémica y se olvida de quien genera el conflicto es el futbolista.

Sabe que su crédito pasa por volver a aplicar sus estrategias

Seguro que Alonso ha hecho cosas mal. Se ha equivocado en sustituciones y entradas de jugadores al campo. Trent no debió jugar en Liverpool. Gonzalo y Endrick no participaron en Vallecas y era el momento y sitio de disfrutar de minutos decisivos. Dicho esto, el técnico sabe que debe de recuperar externamente el crédito y ese respeto pasa por ser el mismo de siempre.

Debe imponer sus tácticas, ejercer la presión alta y que todos sus hombres muerdan por todo el campo. En Liverpool y en Vallecas lo hicieron intermitentemente. Vimos a Vinicius presionar, pero no en la última media hora. El Real Madrid fue menos exigente físicamente en Anfield y Vallecas. Y falló.

El vasco tiene que volver a exponer sus ideas en el césped, para eso ha venido. Para ello ha de convencer a todos los futbolistas de la bondad de su esquema. Tiene que ganárselos con empatía. Esa es su misión principal. Pero pide, por favor, que le dejen. Que le dejen ser entrenador.