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Xabi Alonso da órdenes a sus jugadores en el partido ante OlympiacosAFP7 vía Europa Press

El Real Madrid hizo saber a Xabi Alonso que es el jefe y acabó con la tormenta de los malos resultados

  • El apoyo del club «a quien manda» fue un mensaje para los jugadores, que eran señalados por el madridismo y se unieron para sacar la nave adelante

  • Vinicius y Valverde tuvieron gestos que demostraron que el fuego está apagado; vienen las visitas a Gerona y Bilbao y todos saben que se la juegan

El Real Madrid confirmó a Xabi Alonso que es el jefe. El club blanco sabía que el mensaje llegaría inmediatamente a la plantilla. Y la tormenta se apagó. La entidad dijo que Alonso es quien manda y la marejada se frenó. Salió el sol porque desde la cúpula se dijo que las nubes se echaban a un lado para que apareciera un solo jefe, entre tanto nubarrón: Xabier Alonso. Para eso le ficharon, para serlo. Que ejerza.

Los futbolistas del elenco madridista entendieron el mensaje. Era muy claro. Y era un aviso. La radio macuto que había puesto al técnico a los pies de los caballos estaba cambiando de emisora y ahora lo que se emitía era que los culpables eran los jugadores ¿Por qué? Porque el preparador no estaba haciendo ninguna locura en el campo. No colocaba a Mbappé de lateral derecho ni a Courtois de extremo izquierda.

El quid de la cuestión es que varios futbolistas se quejaban de cosas diversas y había que atajar este ambiente. Les molestaba el enorme esfuerzo de hacer la presión alta constantemente. No querían tanto tacticismo. Valverde pedía ser mediocentro. Bellingham desea ser media punta. Vinicius se quejaba de sus cuatro suplencias. Camavinga se quejaba por jugar por la derecha.

El remate es que la plantilla no quería ver tanto vídeo de los contrarios, como si ellos no fueran superiores técnicamente. Xabi bajó el pistón en todos los sentidos.

Se pasó a iba especie de autogestión en el campo. Pero si ellos decidían, deberían de rendir bien, como los futbolistas hacían con el añorado Molowny, que daba libertad de acción. Zidane también dejaba mucha barra libre a los futbolistas.

El problema fue que en Elche y en Vallecas, quienes querían tener mayor poder de decisión no hicieron nada. Y la entidad le dijo claramente al entrenador que era el jefe y que tomara las medidas que considerara oportunas.

Los jugadores aprendieron rápidamente que la tormenta se volvía contra ellos porque no rendían y había que acabar con ella. Desde Valdebebas se advirtió el día antes del partido de Grecia que el Olympiakos era un buen examen para comprobar la implicación de cada uno. En El Pireo ya no se dudó de la entrega de nadie. Unos jugaron muy bien, otros bien y otros regular, pero ya no hubo las dudas que se vislumbraron en Elche.

Los rescoldos del fuego generado por los rayos de la tormenta quedaron bien apagados porque Xabi tomó el mando y habló con sus pupilos antes del envite de Atenas, para que nunca se reaviven las llamas de una crisis alargada en el tiempo que comenzó cuando Vinicius desautorizó a su entrenador en el clásico y continuó durante un mes con los fiascos frente al Liverpool, el Rayo y el Elche.

Xabi quiso generar empatía

El vasco se sintió respaldado por la entidad en una situación crítica. Hacía falta ese apoyo institucional. E hizo bien en tomar cartas en el asunto. Muchos habían dicho que no era empático con los futbolistas. Ancelotti destacaba porque era un padre y hablaba con ellos como si fuera un amigo. Tomaba café con ellos y les aconsejaba incluso sobre cosas ajenas al fútbol. Xabi es menos abierto. Pues en los últimos días cogió el toro por los cuernos y habló con todos a calzón blanco quitado. Llopis, entrenador de porteros y analista dentro de su cuerpo técnico, le aconsejó hacerlo y fue un acierto.

Atenas fue testigo de una conjura, de un reconocimiento de culpa general, de plegar velas y extender otras para volver a jugar bien y ganar.

El jefe del banquillo más difícil del mundo tuvo reuniones en grupos de tres, de cuatro y de seis futbolistas. Comenzó el martes en el hotel ateniense y finalizó el mismo miércoles por la mañana, horas antes del partido, con unas últimas charlas que fueron decisivas. La cumbre griega, la gran sentada, la que era imprescindible para eliminar ciertos enfrentamientos, puede marcar un punto de inflexión, un antes y un después.

Lo que sucedió en esas reuniones privadas fue muy importante. Alonso habló con claridad y manifestó que él pudo haber cometido errores de todo tipo. De alineaciones. De suplencias, de minutos. De colocación de jugadores en el campo. De sustituciones.

Diversos jugadores también respondieron con similar sinceridad y mostraron su mea culpa. Reconocieron que habían jugado mal.

Todo cambió desde entonces. Frente a los secuaces de Mendilibar vimos un Real Madrid distinto. Es verdad que los jugadores siempre dan el do de pecho en la Champions, pero en Grecia observamos a un Real Madrid reconocible por su forma de atacar su competición fetiche.

La experiencia de Llopis es un grado superior. Su consejo de dialogar con todos fue certero. Xabi se dedicó a ello. A abrir puentes y cerrar heridas. Acabó con su presunta falta de empatía. Llopis y todos sus ayudantes le propusieron que mantuviera estas cumbres en las que todo el mundo se sincera y se rompen muchos problemas que se basan en la falta de entendimiento y de comprensión porque no hay una buena comunicación. Era necesario hablar y es lo que el técnico ha hecho con sus hombres. Se han limado muchas asperezas. Era enormemente necesario.

Vinicius, Valverde, gestos diferentes

Siempre es bueno hablar y no guardarse cosas que después se enquistan. El diálogo fluido y franco limó muchas incomprensiones. Valverde, señalado en los días previos al partido de Atenas, escribió que daba las gracias al entrenador por todo el apoyo que le concede. Vinicius se abrazó con Alonso al final del encuentro frente al Olympiakos en una imagen que no habíamos visto durante seis meses.

Los elogios del guipuzcoano al fútbol realizado por el brasileño eran el penúltimo capítulo de este cambio general. El último capítulo es rematarlo en el campo con mayor constancia. Gerona y Bilbao son dos salidas difíciles que pondrán a prueba esta evolución interna.