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Florentino es el conde de Montecristo

El presidente del Real Madrid profirió verdades sin envoltorio imposibles de encajar para todos aquellos acostumbrados a golpear el saco sin respuesta

Madrid

Florentino Pérez durante su comparecencia del martes

Florentino Pérez durante su comparecencia del martesEFE

Leer El conde de Montecristo es un ejercicio gozoso por la venganza medida, sutil que Alejandro Dumas construye en sus mil páginas de disfrute casi sicalíptico. Edmundo Dantés, su protagonista, el posterior conde de Montecristo, entre otros nombres, es un hombre humilde, honrado y honorable, como decía Shakespeare de Bruto por boca de Marco Antonio en Julio César, pero de verdad.

El martes Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, se convirtió en un Edmundo casi octogenario y castizo. Sutil y al mismo tiempo atropellado. Pero atropellado sin que sea un desdoro porque Florentino Pérez es así, habla así. Todo el mundo lo ha podido escuchar en los famosos audios, publicados para hundir su figura, pero que solo consiguieron realzarla en la exposición del hombre sin filtros y portador de verdades dichas con gracia personalísima.

«Informadores» desnudos

Florentino Pérez es, entre muchas otras cosas, un infalible detector. No diremos expresamente de qué. Y no solamente porque lo diga, porque señale (tras años de incómodo silencio sereno), como hizo en su comparecencia, ahíto de mentiras e ignominias iguales a las que señaló in situ sin cabida para la duda, dejando desnudos a los informadores de pacotilla (de pacotilla porque su reciente información era mentira como quedó demostrado).

Mientras hablaba y repartía juego, los aficionados en redes y los periodistas aludidos se fustigaban hasta en latín a propósito del supuesto discurso deslavazado, impropio de un presidente del Real Madrid que profería verdades sin envoltorio imposibles de encajar para todos aquellos acostumbrados a golpear el saco sin respuesta. El miércoles la tuvieron, una pormenorizada, inteligente en la apariencia de endeblez del personaje que sigue igual de fuerte que siempre. Demasiado para tantos púgiles de pega a los que descubrió como a los nuevos Toro Moreno de Más dura será la caída.

Florentino vino a decir que convocaba elecciones y a continuación se puso a escribir en directo, dictándola, la increíble historia de Edmundo Dantés, después de años de sufrir el oprobio inclemente de los traidores y de los vendidos

El guion del espectáculo florentinesco lo podía haber escrito el genial y elegante Budd Schulberg, también escritor del guion de La ley del silencio de Elia Kazan, con Marlon Brando en la proa de ese barco, de esos barcos, impresionante. La ley del silencio es la que ha practicado Florentino Pérez durante décadas frente a la ley del ruido de una mayormente prensa vendida al relato y a la trampa crónicos que el protagonista del miércoles rebatió con dichos, hechos, anécdotas, honor y humor.

Florentino vino a decir que convocaba elecciones y a continuación se puso a escribir en directo, dictándola, la increíble historia de Edmundo Dantés, después de años de sufrir el oprobio inclemente de los traidores y de los vendidos, como un Dumas en racha, inspirado, repetitivo, pero en una repetición como la de Hemingway: rítmica, sonora, penetrante y efectiva, donde todoo queda claro.

Los defectos fueron las virtudes y los enemigos cayeron en la trampa de la apariencia de debilidad, que no era otra cosa que la flor inofensiva, ajada, de la que muchos se reían y hacían escarnio en el ínterin, y en la que muchos también, se diría que todos, acabaron digeridos porque la flor era carnívora. Todos ellos se debaten, se revuelven desnortados, golpeados en la lenta digestión florentinesca donde van a permanecer para siempre, mientras gritan y patalean y dicen mentiras sobre el Real Madrid como siempre han hecho.

El futbol español y mundial es muchísimo menos sin el Real Madrid (lo saben hasta las negadores más fanáticos), el mayor club de todos los tiempos al que Florentino ha elevado hasta los cielos deportivos y económicos. La Liga española no sobreviviría sin el Real Madrid, incluido el Real Madrid florentiniano, que ha aguantado y sufrido directamente el escándalo insoportable del caso Negreira, el más grave de la historia del deporte, por el que no ha habido consecuencias (la abyección total para todos los partícipes y consentidores) y sobre el que los ofendidos antiflorentinistas desenmascarados no han osado poner el foco, mientras se persignan y murmuran y conspiran como viejas galdosianas por la mala temporada deportiva de los blancos.

«¿Por qué, por qué?»

El Real Madrid es bombardeado sistemáticamente sin razón (más bien por unas muy turbias, completamente contrarias a su ejemplaridad) por norma, mientras sobre el FC Barcelona de Negreira y Laporta se pone una vergonzosa sábana, como las que tapan los muebles en las casas vacías. «¿Por qué, por qué?», dijo aquel que tanto acierto tuvo en su pregunta y en tantas otras cosas. Por eso Florentino bombardeó ayer desde su púlpito y ya era hora, quizá cuando más tocaba y menos se esperaba. Florentino Pérez dejó de ser Edmundo Dantés para convertirse en el conde de Montecristo y desplegar su gozosa, sutil y justa venganza que solo acaba de empezar. Una vez más.

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