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Yo, madridista, nunca pitaría al Real Madrid

Yo hubiera preferido, como en todos los casos, un silencio atronador para demostrar gravedad. Y todo tipo de gravedad: la del iracundo, la del enfadado, la del molesto y la del no contento

Madrid

El defensa del Real Madrid Raúl Asencio durante el partido contra el Levante en el Santiago Bernabéu

El defensa del Real Madrid Raúl Asencio durante el partido contra el Levante en el Santiago BernabéuEFE

Hubiera preferido un silencio atronador. No me esperaba noventa minutos de pitos. ¿Quién puede esperar algo así? Uno puede entender o más bien soportar unos pitos iniciales o esporádicos o programados. Pero noventa minutos pitando sin parar es como estar dándose de cabezazos durante noventa minutos contra una pared.

No puedo imaginarme a cualquier otra afición del mundo pitando durante todo un partido a su equipo porque es posible que no haya sucedido nunca algo semejante. El Madrid es el más grande también por las cosas (ajenas) más desagradables.

Un silencio atronador

El público pitador asistente al Santiago Bernabéu el sábado a la hora de comer (ni las ganas de comer le hizo deponer su recalcitrante intención) no podía pretender reprender al equipo, ni tampoco espolearle con su actitud (la habitual explicación del ciudadano del Bernabéu), sino más bien hacer lo mismo que su conciudadano (por supuesto, hay excepciones), en una suerte de reto colectivo personal sin finalidad conocida.

Yo hubiera preferido, como en todos los casos, un silencio atronador para demostrar gravedad. Y todo tipo de gravedad: la del iracundo, la del enfadado, la del molesto y la del no contento. Y, ya de paso, ese silencio, mucho más fácil de sostener (aunque parece ser que no), hubiera podido dejar jugar, pensar y no desconcertar al equipo en horas bajas, sobre todo anímicas, del que se supone que se es aficionado.

Vaya por delante o ya por detrás que yo nunca he pitado al Real Madrid y nunca le pitaré, en parte porque soy aficionado del Real Madrid y en parte porque no considero personalmente adecuado pitar a nadie. Los hay del Real Madrid que pitan a los jugadores, al entrenador o al palco, lo cual es entendible hasta cierto punto, muchas veces extraordinario y también costumbre señera en los estadios, todo al contrario de los madridistas que ahora, desde el sábado, se jactan de pitar a los jugadores y al palco (a este entrenador ni siquiera los pitones le pueden pitar aún) durante los noventa minutos de juego.

Se puede pitar, no faltaba más

Puede que un hito (habría que dar por ello la enhorabuena a los plusmarquistas del pito) que puede tener, no obstante, posibles y variadas contraindicaciones. Se puede pitar y además todo el tiempo que se quiera, no faltaba más por mucho que a un servidor no le guste, pero se corre el peligro de lesiones inhabituales por la inhabitualidad de un desmedido ejercicio pitón, en músculos mayormente desconocidos como el orbicular, el risorio, el platisma, el mentoniano y hasta el cigomático, que parece uno de los adjetivos del coche que arreglan John Travolta y sus amigos en Grease.

Asuntos físicos incómodos estos, como se apuntaba en el primer párrafo, pero minucias todos ellos en comparación al proverbial y singular ensimismamiento del característico ciudadano del Bernabéu al que le sorprende una Copa de Europa mientras todavía está, dale que dale, con el pito.

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