Fundado en 1910
Xabi Alonso, en el Bernabéu entrenando al Real Madrid

Xabi Alonso, en el Bernabéu entrenando al Real MadridEuropa Press

Los detonantes reales del cese de Xabi Alonso

No podemos decir tajantemente que han sido los jugadores los que han echado a Xabi Alonso, porque la decisión final es de la cúpula, pero es verdad que los futbolistas del Real Madrid tienen el ochenta por ciento de la culpa de su destitución. No solo por no rendir bien, sino porque hubo una serie de partidos (Vallecas, Elche, Gerona, Celta en el Bernabéu) en los que no se entregaron con el ADN que define al club y esa falta de actitud, inadmisible en el espíritu de la casa, era el síntoma de una enfermedad interna: había un grupo de futbolistas que no estaban a gusto con el entrenador.

Algunos expresaban su antagonismo con el jefe en diversos momentos y circunstancias, otros siempre estaban disconformes. Todo eran malas señales, preludio del fin augurado. Esta realidad condenaba a Xabi desde el principio y tenía un final programado del que solo restaba poner la fecha: 12 de enero. Alonso se comió las uvas y el turrón pero los futbolistas se lo habían comido mucho antes. Las continuas cesiones del entrenador ante sus pupilos para conectar con ellos y revertir la situación ambiental supuso el remate de un punto sin retorno. Le perdieron el respeto.

Vinicius es el gran ejemplo de esta divergencia. El '7' nunca estuvo al lado del técnico, con un egoísmo que tenía que haber sido frenado. La relación nunca fue buena desde que el brasileño se enfrentó al responsable del equipo en el Mundial de Clubes, porque iba a ser suplente ante el PSG. La baja de Trent Alexander-Arnold introdujo a Vini en aquel once con un calzador forzado. Pero ya no vistieron nunca los mismos zapatos.

Hubo otros casos de antagonismo que se produjeron por diversas decisiones deportivas del técnico. Bellingham, Camavinga, Valverde, Mastantuono y Endrick han tenido disparidad de criterios con el jefe de la plantilla en ciertas fases de la temporada, disensiones que explicaremos en profundidad más adelante. Muchos hombres importantes del plantel tampoco aceptaron los métodos de Alonso, desde los días libres a las sesiones de entrenamiento con vídeos eternos, pasando por la estrategia de presión alta en el césped, que es muy sacrificada y desgasta a los delanteros.

Eran muchas las cosas las que separaban al entrenador de algunos jugadores importantes. Y sus concesiones para satisfacer al grupo fueron su condena. Perdió el respeto profesional de sus hombres cuando vieron que hacía lo que ciertos futbolistas pedían. Los líderes del plantel se lo comieron. Es ley de los clubes grandes. Puestas las piezas de la crisis y abriendo con el gambito de dama de Vinicius, comenzamos a desmenuzar las causas del despido, con unos responsables directos: los jugadores.

No les gustaba su método de trabajo

Todo comenzó en el Mundial de Clubes. Si Vinicius se enfrentó a Xabi, otros futbolistas comentaron que estaba demasiado verde para entrenar al Real Madrid porque les enseñaba cosas que está bien hacerlas con chavales pero no con jugadores ya curtidos y que las han vivido hace tiempo. Comenzada la temporada normal, en agosto, el primer enfrentamiento lo protagonizó Bellingham, aunque también es cierto que fue culpa del inglés por precipitarse en su reaparición tras la operación del hombro. Jude quería jugar y Alonso le alineó ante el Atlético en el Metropolitano. No estaba en condiciones para funcionar en un partido de alta gama y lo que molestó al británico fue que al siguiente encuentro no fue titular.

Era el reconocimiento de que su jefe se había equivocado con su alineación en el derbi, pero también se equivocó Bellingham al forzar para jugar como fuera. El inglés se enfadó por quedar señalado tras la goleada rojiblanca. Después, Xabi trabajó con Jude con denuedo para encontrarle un sitio en el esquema. Después, el segundo capítulo del antagonismo con Vinicius le puso la cruz y la raya final al entrenador.

Alonso consiguió vencer al Barcelona y el buen ambiente se fue al garete cuando Vini montó en cólera porque era cambiado a falta de veinte minutos. El Barcelona atacaba y el brasileño no defendía. Era un cambio tácticamente lógico. Vinicius lo transformó en escándalo. El brasileño espetó al marcharse del campo que él se iría del club. Todo el mundo lo vio por televisión. La continuidad de Alonso era un argumento que los representantes de Vini utilizaban para negarse a renovar.

Vinicius y Xabi Alonso, durante el Real Madrid-Barcelona

Vinicius y Xabi Alonso, durante el Real Madrid-BarcelonaAFP

Federico Valverde tuvo también un encontronazo dialéctico con el entrenador ante la insistencia en jugar como lateral derecho. Camavinga tampoco estaba contento por actuar como interior derecha, aunque lo hiciese muy bien frente al Barcelona en el Bernabéu. Fíjense que en los tres casos de fricciones de Bellingham, Valverde y Camavinga no se discutía su titularidad sino su misión en el sistema.

Vinicius también era titular, pero Alonso le picaba dejándole inicialmente en la suplencia durante algunos partidos para obtener luego lo mejor de él, como vimos en Oviedo, con un segundo tiempo espectacular del '7', quien respondió también con gestos hacia el banquillo mientras Mbappé le tapaba la boca y le cogía los brazos.

Valverde sorprende al protestar

El primer colmo fue que el motor uruguayo también se sumó sorprendentemente a la 'protesta'. Y decimos sorprendentemente porque la disciplina y el silencio han sido las normas de Valverde en su carrera. Que el Halcón diera este salto para hablar era otro síntoma de la pérdida de poder que tenía el entrenador. Hasta Federico sacaba las garras. Mal presagio. Era una prueba más de la debilidad del técnico en la plantilla. El uruguayo observaba cesiones ante otros jugadores y se despachó diciendo que no le gustaba ser defensa, porque su buen rendimiento como lateral diestro le llevaba camino de quedarse fijo en esa posición y no quería.

Tanto se pasó con las declaraciones en Almaty, a cuatro cuadras de la frontera china, que Alonso no alineó a Valverde frente al Kairat Almaty en aquel partido de Champions. Federico, suplente, calentó en la banda con menos ganas que nunca y fue evidente su enojo. Tan evidente que alimentó este quilombo de rebeldía controlada y programada. Xabi se sintió traicionado, después de todos los elogios dedicados a Valverde desde que llegó al Real Madrid.

Fede Valverde y Xabi Alonso, en un entrenamiento

Fede Valverde y Xabi Alonso, en un entrenamientoReal Madrid

Mastantuono y Endrick también se le subieron a las barbas. Los síntomas de debilidad de un entrenador se ven cuando hasta los futbolistas más jóvenes también sacan los dientes. Sucedió con Endrick. Probablemente Alonso ha sido injusto con él, pues merecía jugar mucho más, pero el chaval hacía gesticulaciones de enfado por no tener minutos y constatar la preferencia del míster por Gonzalo. Esa mala cara supuso que su inmediato superior le pusiera en la diana.

Xabi explicó a la dirección deportiva que si se iba un delantero en el mercado de enero, porque no hay sitio para dos arietes suplentes, se fuera Endrick. Pidió la continuidad de Gonzalo, que le responde con buenos goles. Es lo que ha sucedido. Endrick en Lyon y Gonzalo en el Real Madrid.

Alonso vivió una tensión similar con Mastantuono. Titular en la primera fase de la temporada y con un rendimiento esperanzador para un chaval de 18 años, la lesión de pubis dio paso a una situación complicada. El argentino veía que no jugaba y también puso malas caras al técnico. Son demostraciones de la pérdida de poder del preparador. Son demostraciones del poder que adquieren los futbolistas. Hubo demasiadas concesiones del guipuzcoano.

El detonante fueron los dos días libres tras ganar en Bilbao y la debacle total frente al Celta. La semana de los encuentros frente al Athletic y el Celta fue la penúltima gota que colmó el vaso de esta lucha de poder vivida entre el vestuario del Real Madrid y su cuerpo técnico. La afición criticaba la falta de intensidad de los futbolistas y ya no señalaban a Xabi Alonso sino que señalaban a los jugadores por su falta de intensidad y de actitud. El vasco se la jugaba en San Mamés, como se la había jugado ya en varios partidos. Ese día, esa noche, el Real Madrid respondió y venció en San Mamés con una goleada.

Sin embargo, ciertos líderes del plantel estaban molestos porque les concentró un día antes en Bilbao para atacar esa final. Lo que sucedió después sorprendió al club. Alonso les concedió dos fechas libres, jueves y viernes. Solo preparó la visita del Celta con el entrenamiento sabatino. A la hora de la verdad, el domingo, los celtiñas vencieron. Lo que más molestó al público fue que el Real Madrid, con diez hombres, casi empata, lo que venía a decir que los futbolistas no habían dado todo lo que tenían cuando eran once.

Hay una máxima en los vestuarios de los grandes equipos que nos comentan los antiguos profesionales del Real Madrid: cuando los jugadores ven a un entrenador débil y que cede siempre ante ellos, se lo comen y ya no le respetan nunca más. Alonso le ha dicho al club ahora, al ser despedido, lo que ya expuso antes, en esta crisis constante vivida durante meses: la culpa es de la casa por ceder todo el poder al futbolistas y no dar autoridad al entrenador. Subraya que no le han dejado tener autoridad y se la han quitado. El ejemplo es la falta de respeto de Vinicius hacia el técnico al ser sustituido en el clásico. El brasileño montó en cólera y dejó en evidencia al guipuzcoano. Pero no fue castigado por la entidad.

Los futbolistas han sido los máximos culpables de esta destitución, pero hay un detonante final. El director general del club, José Ángel Sánchez, gran valedor de Alonso, le expuso en el vuelo de regreso desde Yeda que Pintus debía trabajar desde ya en la preparación física de la plantilla. El guipuzcoano constató la pérdida de confianza en su staff. Era mejor poner punto y final. Pintus y el final.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas