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José Mourinho, en una imagen de archivoGTRES

Las claves del regreso de Mourinho: reeditar la revolución de 2010 y levantar a un equipo hundido

Es un artista de lo imposible. Un estratega de la superación. Un prestidigitador de los medios de comunicación. Un guerrero indomable para ganar la guerra. La historia se repite. José Mourinho sabe desde hace un cuarto de siglo que cuando un club le llama es para superar una crisis y para sacar el máximo provecho de unos futbolistas que suspendieron el curso y que deben volver a luchar por los títulos. El Real Madrid le ha llamado por segunda vez y eso quiere decir que la casa blanca necesita una revolución para volver a ser importante en Europa y en el mundo. Mourinho viene a conseguirlo.

De nuevo. El portugués asume otra vez el gran reto en el equipo más afamado del planeta. Tiene claro que no puede fallar. Su mayor virtud es «el más difícil todavía» que la entidad madridista le coloca delante en forma de toro: obtener todo el rendimiento humano y hasta inhumano de cada futbolista. Para eso es único. Sus críticos, tiene muchos, le achacan la creación de enfrentamientos agresivos y escándalos dialécticos que no beneficiaron al Real Madrid. Esos críticos, que en verdad son enemigos, negaron también su éxito porque no ganó la Copa de Europa. Todos saben muy bien que esa crítica es injusta porque Mourinho tuvo mucho mérito. Llegó para frenar al mejor Barcelona de la historia y lo hizo.

Conquistó una Copa del Rey en Mestalla frente a los azulgranas y ganó a lo grande una Liga, la de los récords, la de los 120 goles, que ha quedado marcada para la historia del Real Madrid. El luso acabó con la hegemonía de Guardiola. Ya lo había hecho con el Inter, eliminando al Barcelona y celebrando la Champions 2010 en el Bernabéu. Dos meses después llegó al Real Madrid para repetir esa eficacia demostrada en la escuadra italiana. El Real Madrid no solo ganó la Liga y la Copa al Barça sino que durante tres años consecutivos llegó a las semifinales de la Copa de Europa, listón que no había alcanzado a lo largo de un lustro. Ahora vuelve para realizar un trabajo similar: reactivar a un Real Madrid hundido.

De hecho, el equipo que conquistó la Copa de Europa con Ancelotti en Lisboa fue planificado por Mourinho durante los tres años anteriores. Fue un éxito compartido. Los entrenadores cambian pero los trabajos permanecen en el tiempo. Ahora retorna para que su labor vuelva a instaurarse en el tiempo. El de Setúbal sabe muy bien lo que debe hacer. Y tiene dos misiones principales: recuperar el nivel superior de casi todos los futbolistas y ordenar el vestuario para que haya jerarquía y armonía.

Explotar mejor las virtudes del equipo

El objetivo de Mourinho tiene nombres en las dos vertientes, la puramente deportiva y la referente a la autoridad en la plantilla. Hablamos primero del capítulo futbolístico. El estudio de la dirección deportiva dicta que más de la mitad de la plantilla ha rendido por debajo de sus posibilidades y en general todo el equipo no ha alcanzado el nivel disfrutado en etapas anteriores. Los nombres están sobre la mesa de Mourinho y se diversifican en varias consideraciones técnicas. Cuatro profesionales, Trent, Huijsen, Carreras y Camavinga, han funcionado por debajo de lo esperado. Otros futbolistas, como Fran García, Asencio, Brahim, Güler y Bellingham, pueden ofrecer más prestaciones de las que hemos visto durante esta campaña.

En el caso de Bellingham, sus prestaciones pueden ser muy superiores si se le sitúa en una posición adecuada. El inglés anotó 23 goles como media punta en su primera campaña. En los casos de Güler y Brahim, ha quedado demostrado que pueden ofrecer un gran fútbol si tienen continuidad. Mourinho viene para obtener el mayor rédito de esos futbolistas. Y para conjuntar bien a Bellingham, Vinicius y Mbappé, el tridente ofensivo. El entrenador tiene trabajo y es un trabajo que sabe hacer muy bien. Sacará todo el jugo de cada uno. La dirección deportiva lo sabe.

Mural de José Mourinho en una marquesina de autobús cercana al Bernabéu diseñado por el artista Salvatore BenintendeAFP

El otro cometido fundamental de su fichaje como responsable del plantel es imponer autoridad sobre unos futbolistas que durante el último curso han menospreciado a Xabi Alonso y a Álvaro Arbeloa, hasta desautorizarles. Unos minusvaloraron al guipuzcoano y otros menospreciaron al salmantino. Mourinho regresa para ser respetado por el equipo y para imponer su mando. Para imponer orden en la caseta. Y elegirá a sus jefes de grupo. Oficialmente Valverde pasa a ser el primer capitán, tras el adiós de Carvajal, pero su pelea de dos días con Tchouameni exige diálogos en la cocina con el técnico a partir de agosto para analizar cómo está el ambiente y tomar medidas. Mourinho seleccionará a sus jefes de campo y de vestuario. Courtois. Militao y Rüdiger son los primeros.