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Mbappé y Vinicius Jr. celebran un gol del Real Madrid ante el Inter de MilánGTRES

El Real Madrid no entiende los pitos a Mbappé y Vinicius

  • El vestuario no comprende que les silben con 2-0 ante un gran rival y Mourinho espera revertir la situación, porque con una grada así es más difícil ganar títulos


Respeto a los aficionados, advierten como punto de partida el capitán, Fede Valverde, y el entrenador, José Mourinho. Respeto a un sector de la grada del coliseo romano llamado Santiago Bernabéu, que colocó el pulgar hacia abajo cuando juzgó a Mbappé y Vinicius, ante la sorpresa de la mayoría silenciosa, que como siempre se deja comer el terreno. Si viviéramos veinte siglos atrás, al francés y al brasileño les habrían soltado a los leones. Menos mal que estamos en el siglo XXI, porque el pagano también se equivoca. Y mucho. Entre otras cosas porque los que pitaron eran una minoría importante, pero una minoría al fin y al cabo.

El respeto a esa minoría no significa agachar la cabeza y aceptar el veredicto. El club, el técnico y la plantilla no entienden los silbidos al equipo, no comprenden los pitos a Mbappé y se resignan ante las protestas contra Vinicius, que ya vienen de serie en Chamartín. El Real Madrid no entiende los pitos. No entiende nada. En la casa blanca no se entiende nada porque el Real Madrid venció a un gran rival. La dirección deportiva no comprende nada, aunque nada pilla de sorpresa, porque a Mourinho le faltaban todos los centrocampistas: Güler, Bernardo y Camavinga, sancionados, mientras Tchouameéni y Thiago recibieron el alta unas horas antes para cubrir la carencia de efectivos.

Incluso Tchouamení disputó su primer cuarto de hora del curso ante la ausencia de mediocampistas. Quienes silbaron al Real Madrid en el estreno de la Champions argumentaron después de la victoria que el conjunto blanco jugó mal y destacaron que un club como el Real Madrid no puede quejarse de las bajas, porque ha hecho una gran plantilla. Es cierto, pero es que todas las ausencias se sufrieron en la misma línea, el centro del campo, que es la que construye el fútbol. Trent tuvo que hacer de pivote creativo, de Bernardo. Y no es lo suyo. Con este problema, Mourinho ganó al Inter. Y el público silbaba desde el primer tiempo con el 2-0. El cuerpo técnico y el vestuario saben de qué va todo esto, pero no lo entienden.

En los mentideros de Valdebebas, arriba y abajo, en el cuerpo técnico y en la caseta, no se entiende este comportamiento de un sector de la grada porque se observa que viene «trufado» de antes. No tiene sentido cuando vas ganando por dos goles diferencia a un adversario que es casi seguro que estará entre los ocho primeros de la clasificación europea. El ambiente viene «trufado» porque un porcentaje del graderío silba a Vinicius desde el estreno liguero en el Bernabéu. Los futbolistas observan un olor enrarecido que se agrava al escuchar que hubo aficionados que manifestaron después del partido que habían venido al Bernabéu dispuestos a silbar al equipo y especialmente a algunos jugadores. Vinicius y Mbappé.

El caso de Vinicius lo conocen. Está en la diana desde su conflicto con Xabi Alonso. Lo que no se encaja en el ecosistema interno son las protestas «contra el mejor jugador del mundo», Mbappé. En la cocina se analiza que los que siempre criticaron al francés por dejar colgado al Real Madrid en dos ocasiones ahora le exigen todo, que no falle ni una ocasión.

Este ambiente en las gradas no ayuda

Mourinho es inteligente y dice las cosas sin decirlas. Subraya que el Betis les ganó con once en el campo y sesenta mil en las gradas. Con un apoyo que el Real Madrid no tuvo en Chamartín. El portugués y sus pupilos esgrimen que con un sector de la grada en contra no se podrán ganar títulos. Mourinho se prepara para revertir esta realidad tan extraña. La otra disección interna es que ese sector de la afición protesta porque no acepta la petición paciencia después de dos años malos.

«La impaciencia» se ha impuesto en una facción del madridismo, que ya no pasa ni una. Está esperando para saltar. Con eso tendrán que lidiar Mourinho y sus secuaces. Lo tienen asumido. El problema está dentro de la casa, en las tribunas. El luso intentará cambiar ese estado de ánimo. Es otro reto que se arroga el jefe del plantel. Otro más. Y este no es fácil porque no depende de él.

Los aficionados del Real Madrid sacan un tifo en el Santiago BernabéuAFP

Varios exdirectivos del Real Madrid comentan que se repite lo que Santiago Bernabéu soportó en los primeros años sesenta, tras ganar las cinco Copas de Europa. «Los aficionados estaban tan mal acostumbrados que mostraron pañuelos contra el palco a Don Santiago porque el Real Madrid no ganaba más Copas de Europa». Sucedió en 1961 y especialmente tras perder las finales de 1962 y 1964. «Bernabéu dijo que no entendía a la afición».

El estudio de la situación actual repite esa antigua ecuación. En la cocina se aduce que el Real Madrid ha ganado seis Champions en los últimos doce años y ha mal acostumbrado a todo el mundo. «Ahora se le exige la Copa de Europa cada año y es imposible. El Real Madrid ha convertido en habitual lo que no es nada normal», subrayan en Valdebebas. Ahora hay dos patatas calientes en la cocina blanca: ¿Qué puede hacer Mbappé? ¿Y Vinicius? El caso del brasileño es más evidente. Ha realizado jugadas decisivas en este comienzo de la temporada, pero no está todavía al cien por cien físicamente. También debe mejorar su toma de decisiones.

El caso del francés es el más complicado. Marca goles, genera muchas ocasiones, ha desperdiciado bastantes y se escapa por piernas con un arranque y una galopada descomunales. Verle es un espectáculo. Pues le silban. Sí, sabe que debe acertar más en las múltiples oportunidades que él mismo se fabrica con una capacidad estruendosa, única. Pero además de eso, ¿qué puede hacer? Tiene asimilado que esos madridistas extremos no le perdonan sus dos negativas a Florentino Pérez ni su comportamiento de la pasada temporada con sus fotos, el barco y la actriz en plena crisis de resultados. Tendrá que convivir con ello. Vinicius, también. Pero en la cúpula, en el cuerpo técnico y en la plantilla se piensa que con un sector de la afición en contra no se pueden ganar trofeos.