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23 de mayo de 2024

Los jugadores del Barça celebran en el césped la victoria en París

Los jugadores del Barça celebran en el césped la victoria en ParísEFE

El Barça vuelve a competir en Europa y convierte París en una noche sobre la que construir

A falta de saber qué ocurrirá en la vuelta, la sensación es que el Barça en París ganó más que el partido: se reencontró con su historia

Parece fuerte decirlo. La época dorada con Guardiola al mando, e incluso luego el triplete con la MSN aterrorizando a Europa, no están tan lejanas en el tiempo. Pero una persona que se aficionó al fútbol en, pongamos, los últimos ocho años lo ha hecho sobre la creencia de que el Barça es un equipo que no sabe competir en Europa. Porque más allá de derrotas, que al final en esto de la Champions pierden todos menos uno y el fracaso hay que relativizarlo, la sensación es que el Barça no sabía competir. El 3-0 de la Juventus, el mismo resultado en Roma, el 4-0 en Anfield, el 2-8 contra el Bayern, el 1-4 contra el PSG o las eliminaciones en Europa League ante Eintracht Frankfurt y Manchester United daban buena prueba de ello.
En el partido de París, parecía que la cosa iba a tirar por un sendero parecido. Los de Xavi, guiados por un descomunal Robert Lewandowski, completaron un gran primer tiempo. Se fueron al descanso con ventaja, pero Luis Enrique ajustó y, tras solo cinco minutos de la segunda parte, el PSG había remontado el encuentro. 2-1. Era una historia muchas veces vista. Una, ateniéndonos a los precedentes, que apuntaba a terminar con goleada parisina. Pero no. El Barça sacó el orgullo, remontó y venció en París. Un rugido ensordecedor contra el orgullo que esta institución había perdido en Europa.
El Barça, durante la época de Guardiola y los resquicios posteriores, ganó tanto, intimidó tanto, que cogió un miedo atroz a perder. Los rivales no dudaron en castigarles eso. Ahora, tras muchos años perdiendo mucho más de lo que debían, la sensación es que, tras haber perdido tanto, en París no le temieron a la victoria. Lewandowski y Gündogan aportaron la jerarquía que tienen y se les presupone, Pedri volvió como si las lesiones de los últimos años hubiesen sido un mal sueño y tanto Koundé como Araújo ofrecieron la resistencia que siempre es necesaria en una noche europea. El Barça volvió a sonreír en primavera.
Queda la vuelta. Enfrente está Kylian Mbappé. Todo puede pasar y estas líneas pueden caer a saco roto, pero la sensación es que el Barcelona, en la Ciudad del amor, ganó mucho más que un partido de fútbol. Se reencontró con su gloriosa historia para traducirla en un exitoso presente. Le gritó a Europa que están de vuelta y que ya no le temen a nada. Si la de ayer fue la noche que inició todo un proceso que quién sabe hasta dónde llegará o una simple nota a pie de página nadie lo sabe, pero ahora Xavi Hernández al menos podrá vestirse de Humphrey Bogart para decir eso de: «Siempre nos quedará París».
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