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19 de junio de 2024

Los jugadores del Dortmund celebran un gol en la última jornada de Bundesliga

Los jugadores del Dortmund celebran un gol en la última jornada de BundesligaEFE

El Real Madrid espía al Borussia: débiles a balón parado y en defensa, peligrosos por las bandas y a la contra

  • Los blancos plantearán la guerra en el medio, desbordando el 4-2-3-1 alemán con la superioridad de cuatro centrocampistas en rombo

  • Ancelotti ensaya el juego trenzado y en corto de Vinicius, Rodrygo y Bellingham para romper a dos centrales, Hummels y Schlotterbeck

Hay clubes que se definen por una idiosincrasia especial, creada por un gran pionero. El Borussia Dortmund es el legado que Jürgen Klopp dejó para la historia. El técnico alemán hizo grande a los amarillos gracias a un fútbol de presión y velocidad que sorprendió al mundo. Klopp fue fichado por el Liverpool y allí ha plasmado otra magnífica carrera, pero lo más importante es que el Borussia sigue jugando como él lo inventó. Edin Terzic mantiene el estilo sanguíneo que triunfó con Jürgen hace una década. El Real Madrid ha estudiado al milímetro ese fútbol extraño que realiza el conjunto aurinegro, basado en una explosión física total, sabedor de sus puntos débiles en el centro del campo y en la defensa. Estas son las claves para conquistar La Decimoquinta.

El Dortmund no fabrica juego en el medio, todo lo apuesta a las bandas. Los laterales y los extremos son clave para sus triunfos. Ancelotti explotará esos talones de Aquiles del rival y exigirá a sus pupilos una concentración total para frenar las rápidas estampidas de Sancho y Adeyemi, que acaban con jugadas de gol en tres pases y Füllkrug como único punta nato.

El cuerpo técnico de Real Madrid tiene un plan para derrotar al Borussia. Davide Ancelotti es quien analiza habitualmente a los adversarios y quien más sabe del equipo germano.

Atacarles por alto

El primer capítulo vulnerable del Dortmund es el juego aéreo. El fútbol actual basa gran parte de su efectividad a balón parado y en esta faceta el Real Madrid posee una enorme eficacia y el Borussia una gran debilidad.

Toni Kroos desea despedirse del Real Madrid con una actuación especial en la final de la Champions y el sábado en Wembley tiene una misión específica: templar sus centros con esas botas de oro para que Bellingham, Nacho y Rüdiger se impongan en los remates de cabeza, sin olvidar a Joselu en los segundos tiempos. El muro amarillo se resquebraja cuando el adversario le busca las cosquillas por alto, tanto en faltas o saques de esquina como en jugadas.

Vencer la primera línea de presión

El otro capítulo deficiente del Borussia es el centro del campo. El sistema de Terzic es un 4-2-3-1 y las costuras de esta idea se rompen cuando el contrario supera la gran línea de presión alta que plantea Edin, con el ariete y los tres medias puntas mordiendo arriba. Esos cuatro hombres intentarán impedir que los blancos saquen el balón jugado y pueden generar peligro con los robos de balón cerca del área, pero si los pupilos de Ancelotti desbordan ese pressing el juego entra en una dinámica ganadora para el Real Madrid, pues el centro del campo alemán se queda entonces con dos meros pivotes para frenar la creatividad de Kroos, Camavinga, Valverde y Bellingham. Por mucho que ayuden los tres medias punta, Adeyemi, Sancho y Brandt, es una realidad repetida en el tiempo que los dos medios centro, Emre Can y Sabitzer, no dan abasto para frenar a un medio campo enemigo de cuatro hombres.

Kylian Mbappe y Julian Ryerson luchan por el balón durante el partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones

El Dortmund logró ganar en ParísAFP

Esta historia se repetirá en la final de la Champions. El cuarteto de mediocampistas del Real Madrid ganará la batalla si es preciso en los pases. Kroos vuelve a ser, aquí también, decisivo. El director de juego de Carlo romperá la estrategia enemiga cambiando el juego a la zona derecha, a Valverde y a Carvajal, y viceversa. Los blancos jugarán en superioridad numérica y táctica en el centro del campo para llevar el tempo del encuentro.

Usted, lector, se cuestionará que si Terzic sabe que siempre pasa esto puede tomar soluciones previas, aumentar la cifra de centrocampistas. La extraña grandeza del Borussia Dortmund es que no lo hace. No cambia el esquema. Lo apuesta todo a la velocidad de sus medias puntas y de sus dos laterales ofensivos, Ryerson y Maatsen.

Romper la cintura de los centrales

El tercer aspecto fundamental en la planificación de Ancelotti es la búsqueda del gol por el centro de la retaguardia aurinegra. Hummels y Schlotterbeck son dos defensores muy altos y lentos en las reacciones. El campeón de Liga español intentará romper el muro amarillo por esta vía. Para ello fabricará jugadas rápidas y precisas en combinaciones en corto entre Bellingham, Vinicius y Rodrygo, que serán los encargados principales de esta misión, ayudados por Carvajal y Valverde.

Hemos visto en muchas ocasiones que estos cinco hombres crean este tipo de acciones con movimientos constantes de los delanteros y Jude para disparar unos metros más atrás. Hummels es el más débil en este sentido. Hay que hurgar esta herida constantemente.

Esa lentitud de ambos centrales será explotada también con incursiones de Carvajal y Valverde por la derecha y de Mendy por la izquierda en busca de los centros rasos al área.

Los peligros del Borussia Dortmund

Ya hemos relatado que la velocidad de Jadon Sancho y Adeyemi es un arma letal de Edin Terzic, con Füllkrug a la pesca del remate. Cuidado, porque los laterales, Ryerson y Maatsen, se convierten en otros dos extremos de ataque para romper la defensa contraria formando un dueto en cada banda. Valverde por la derecha más Kroos y Vinicius por la izquierda deberán ayudar a Carvajal y a Mendy para frenar ese objetivo primordial del cuadro germano, uno de sus factores clave en la fase ofensiva. Sus triunfos se han basado siempre en estas duplas por los flancos, que ejecutan contragolpes muy rápidos y en tres pases. Rüdiger y Nacho han de estar muy atentos a estas raudas incursiones del adversario, con desmarques al primer palo de Füllkrug para sorprender con un tiro de anticipación.

Sabitzer celebra el gol de la clasificación del Dortmund

Sabitzer celebra el gol de la clasificación del Dortmund contra el AtléticoEFE

La presión alta, con muchas revoluciones físicas de sus cuatro hombres de arriba, es la táctica inicial, básica, del Borussia para intentar impedir que el contrario domine el partido, porque sabe que siempre estará en inferioridad numérica en la batalla del centro del campo. De hecho, sus mediocampistas tocan muy poco la pelota, todo el fútbol amarillo se realiza por las bandas, sus zonas fuertes. Emre Can y Sabitzer son dos pivotes para destruir, no crean fútbol tal y como fabrican Kroos y Bellingham. Terzic tiene planificado que Schlotterbeck es quien mueve el balón desde atrás y dirige sus pases en corto hacia los laterales y en largo hacia Adeyemi y Sancho.

Schlotterbeck es un tronco en defensa, pero construye muy bien el inicio de las jugadas del conjunto amarillo y esgrime una variante ofensiva peligrosa que Carlo y Davide Ancelotti han estudiado al detalle: el centro de cincuenta metros en busca de Füllkrug. Los alemanes, como se observa, persiguen siempre el gol en acciones de dos o tres toques. Nada de fútbol trenzado. Eso se lo dejan para el Real Madrid. Para Kroos.

La idea de Terzic es muy clara. Duelo biológico, físico, pressing total y ataque en tres toques. Si les sale bien, vencen. El Real Madrid deberá realizar un amplio despliegue de potencia para contrarrestar esa primera línea de fuego enemiga. Si lo consigue y no comete fallos graves, debe vencer por calidad. Pero esto es fútbol. Y el Borussia eliminó al Atlético y al PSG con estas características, sin ser favorito.

Ancelotti y sus pupilos nunca se han fiado de nadie y menos de un oponente que llega a la final sin contar en los pronósticos. Se enfrentan a un rival especializado en la guerra de guerrillas. El Real Madrid conoce bien el paño. Ha ganado catorce grandes guerras en Europa planteando guerrillas en cada zona del campo. Es el mejor en la distancia corta. Nunca se creyó ser mejor. Es el santo y seña del club. Ganar, ganar y ganar, como decía Di Stéfano, demostrándolo cada día en el césped, sin creerse superior antes de saltar al escenario. Porque solo se es superior al final del partido, cuando el marcador lo dicta.

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