Laporta, harakiri en Múnich
Cometen los árbitros un inmenso error, están para más que ordenar el tráfico. Están para cuidarlo. Lo de Camavinga no puede decidir el partido
Una inconcebible decisión del árbitro se cargó lo que nos llevaba a una prórroga salvaje y un final digno del clásico de Europa. Mi hartazgo con ellos es total. No hay nada personal, a su disposición tienen mi sangre si la necesitan. Pero ya se me hace imposible aguantarles.
Siempre me vi como aquellos felices abueletes, mi padre y sus amigos, mantita en las piernas y delante de la tele un partido tras otro, el sonido de la radio. Y no. Ese tramo de mi vida lo veré con poco fútbol, quizá nada: no aguanto a los árbitros. Me complican la vida. Me irritan. No tengo porque aguantarlos. Sí, hay más gente que me irrita. Los corruptos y los que protegen la corrupción por supuesto, esos los primeros. Pero lo suyo, lo de los árbitros, es tres veces por semana. Demasiado.
Afortunadamente Laporta no preside el Madrid. De ser así se habría hecho el harakiri en Múnich. Y tampoco es eso. La roja a Camavinga no es de recibo en el Teresa Herrera, no les cuento en un partido rumbo a una semifinal de la Champions. Sacó la delirante tarjeta, se dio la vuelta y le avisaron que era la segunda, que debía expulsarle. ¡A un tío enorme, con trenzas, hace cinco minutos le había enseñado la primera! No, no tengo porque aguantarles. No tenemos.
Cometen los árbitros un inmenso error, están para más que ordenar el tráfico. Están para cuidarlo. Lo de Camavinga no puede decidir el partido y robarnos a todos lo que iba a ser un final apoteósico de una eliminatoria tremenda. Ser árbitro requiere una cabeza especial, quizá no tanto.
Esa decisión liquidó al Madrid y esta su errática temporada. La cerró con dignidad, sin duda. Hizo tres goles. Que con eso te echen de Europa explica uno de tus males. Pese a lo mal que defiende, pese a lo mal organizado que está, con más tino en Mbappé y Vinicius es posible que hubiera ganado un partido que tuvo 0-1, 1-2 y 2-3. Quizá no le tocaba.
Fue un Madrid con orgullo lo que le llevó a poner de los nervios al favorito número 2. Un Madrid como este le iba ganando al Bayern en su casa. En realidad podemos decir que le ganó. Pero... Punto final, empiecen las obras. Tiene el club cuatro meses por delante para poner orden y criterio en un vestuario desnortado.
Está como hace un año, buscando una apuesta. Entonces fue Alonso, veremos ahora. La elección de futbolistas no fue la correcta tampoco. Veremos ya digo. Obras. Mayores. Desde los cimientos al tejado. Es una tarea complicada porque los árbitros seguirán existiendo. Los españoles, cada fin de semana. Una condena. El Madrid, en una hora mala. Más de una. Hay para tiempo.