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El entrenador del Benfica, José Mourinho, durante el entrenamiento del pasado martes en el BernabéuEFE

El Real Madrid traza su plan y confía en Mourinho para recuperar el orden y la disciplina en la plantilla

La cúpula del Real Madrid lleva mucho tiempo preparando el cambio general del club y ya ha planificado el proyecto. Primero es necesario un entrenador que tenga autoridad y sea respetado por los futbolistas. Segundo, es imprescindible remodelar una plantilla descompensada y a la que le falta nivel.

Todo el mundo habla de un entrenador que inspire poderío y que recupere el orden y la disciplina en el equipo. Eso es importante. Mourinho es el primer candidato para realizar esta reforma general. Hay que concretar el acuerdo definitivo con el portugués. Pero en esta planificación hay unos capítulos fundamentales que debe realizar el nuevo técnico y que son los que analiza la dirección deportiva con el máximo detalle, porque son clave para el futuro. El responsable del grupo tiene un trabajo prioritario: recuperar el orgullo de los futbolistas, que crean en ellos mismos, en sus compañeros y en su profesión. Porque ahora mismo dudan de sí mismos y del compañero que tienen al lado.

Esta es la dura realidad del plantel que hoy dirige Arbeloa. Las críticas han sido tan duras que lo que muchos llaman falta de ganas es miedo, aturdimiento, pérdida del control, no saber qué hacer. El entrenador que venga tiene la misión de recuperar psicológicamente a un grupo que está muy tocado.

Mourinho es el elegido inicialmente. La negociación presenta aristas delicadas. Solicita un contrato mínimo de dos años y pide la autonomía para elegir los jugadores con los que cuenta y decidir los descartes. Sabe que los fichajes los ejecuta el club, porque los entrenadores pasan y los futbolistas se quedan más años, pero en esta elección de los refuerzos también quiere intervenir y si hay tres opciones para un puesto señalar su preferencia.

Tomar decisiones controvertidas

La irrupción de un jefe como Mourinho inspira respeto. La afición no desea ver acciones como la de Vinicius sobre Xabi Alonso en el clásico, ni observar cómo Mbappé se marcha del Villamarín con molestias y no se detiene para decírselo a Arbeloa. Mourinho no permitirá estas reacciones. Y tomará decisiones controvertidas si es necesario, como sentar a los consagrados.

Los aficionados manifiestan en la calle que «Mou» no permitirá que los jugadores no corran, pero deben entender bien el primer capítulo que hemos explicado antes: su gran labor será mental, porque muchos de esos futbolistas parece que no corren porque están superados por los acontecimientos. Necesitan volver a creer en ellos mismos.

José Mourinho, en un entrenamiento del Real Madrid en 2010GTRES

José Mourinho es precisamente el mejor jefe para conseguir ese objetivo tan importante de transformar a un equipo que duda de sí mismo. Muchos profesionales elogian ahora, trece años después, aquel trabajo del portugués en el Real Madrid. Si el luso firma su regreso, lo primero que hará es decirle a cada futbolista que no tiene nada que envidiar a ningún rival del Barcelona o del PSG. Ese cometido será un esfuerzo diario, en cada entrenamiento, hasta lograr la meta. Lo llevó a cabo con éxito hace tres lustros, cuando hizo creer a sus pupilos que podían ganar al mejor Barcelona de la historia y lo consiguieron.

Un año antes lo plasmó en el Inter, eliminando a los azulgrana y ganando la Champions en el Bernabéu. Ahora tocará repetirlo. Su poder de convicción es único. El portugués debe concretar su acuerdo con el Real Madrid para hacer realidad esa misión de levantar a un grupo tras año y medio sin trofeos. Mou acaba la temporada con el Benfica este domingo y después se dará unos días de margen para determinar con su familia el futuro. Deberá concretar verbalmente su retorno a la casa blanca en diez fechas, justo cuando el Real Madrid estará preparando la última jornada liguera y el adiós de Carvajal en el encuentro frente al Athletic. La noticia oficial del nuevo técnico se debe producir en la última semana de mayo, una vez acabado el campeonato español.

La segunda revolución: la plantilla

El segundo gran cambio total del Real Madrid será el elenco de jugadores. No entendemos por qué se niega la palabra revolución cuando está previsto que se puedan ir siete jugadores y que lleguen otros siete. Es una revolución en toda regla. Antes de entrar dejen salir. Primero hablamos de las bajas. Alaba, Carvajal y Ceballos se marchan. Gonzalo y Mastantuono serán cedidos o traspasados con derecho de recompra. Ya suman cinco fichas libres.

Y es posible que se vaya Camavinga, si el francés quiere, porque tiene un buen cartel en la Premier. Rüdiger estudia la oferta para continuar un año más y debe aceptarla. Los casos de Militao y Mendy son especiales. Siguen en el plantel pero son baja durante medio año. Eso implica que el capítulo de altas previstas sea grande. La cúpula del Real Madrid ha trazado un plan de refuerzos que consta de tres o cuatro defensas, dos mediocampistas y un delantero. El atacante es Endrick, ahora cedido al Olympique de Lyon.

Uno de los centrocampistas es Nico Paz, un joven que ha cuajado en el Como y que vuelve como un gran fichaje, cotizado en media Europa. No es un chaval, es un canterano que regresa curtido y elogiado. El otro medio puede ser Rodri o Mac Allister. En la retaguardia son necesarios dos centrales, un lateral derecho y quizá un lateral izquierdo si Fran García quisiera irse a la Premier, aunque hoy es titular con Arbeloa. Nico Schlotterbeck, central del Dortmund, espera al Real Madrid. El Mundial marcará los fichajes.