Rafael Nadal durante la final de Indian Wells
La nueva lesión de Nadal por la que jugó con mareos y sin poder respirar
El tenista español a punto estuvo de igualar el partido por encima de una lesión y un dolor incapacitante que para cualquier otro hubiera significado el abandono
Durante la final de Indian Wells el domingo Nadal hizo el gesto. Es un gesto característico. Por grave. Que Nadal juega con dolor desde sus inicios no es ninguna noticia. Nadal juega dolorido (tampoco es una exclusiva: otros jugadores también juegan con dolor, aunque él más que la mayoría) desde siempre, pero veinte años de una vida de 35 alcanzando las rondas finales de todos los torneos, con ese juego particular de lucha y defensa y agresividad que ha tenido que ir puliendo y afinando con el tiempo para no acabar descuajaringado a los veintipocos, pesan.
Sus lesiones suman 4 temporadas completas
Al tenista español le daban por acabado hace más de una década. Antes, incluso, le llamaban «pasabolas». Del «pasabolas» a su fin prematuro se ha pasado a un fino competidor, estiloso y audaz sobre la pista, dominador de todos los aspectos del juego y longevo como el que más, pese a todas las dificultades. Todas las lesiones de Nadal sumadas equivalen a cuatro temporadas completas perdidas. Eso significa que ha conseguido más Grand Slams que nadie (más que Djokovic y Federer) en mucho menos tiempo.
A Nadal el domingo le dolía el corazón, aparte de la aguja que le oprimía justo allí el pecho, por no poder competir
Y de todas volvió fortalecido, renovado. Más delgado o más fuerte. Con mejor saque, con el revés cortado más afilado, con una idea de juego diferente, adaptada a los nuevos tiempos. Con una nueva movilidad, con un avance, con una modificación, con... con... para seguir creciendo. Su último inicio de año es la penúltima demostración. Campeón en Australia después de trece años, en Melbourne, en Acapulco y finalista en Indian Wells convertido en un «medio hombre» como Blas de Lezo. A Nadal el domingo le dolía el corazón, aparte de la aguja que le oprimía justo allí el pecho, por no poder competir.
Un calvario físico en Indian Wells
Lo habrá dicho hasta la saciedad: Nadal solo quiere estar sano para poder competir. Ayer no lo estuvo y aún así compitió, no faltaba más. Esa competición de Nadal se ha convertido en un espectáculo emocionante, si cabe más aún cuando no está en condiciones. Cada revés cruzado lanzado como una honda, como la honda de un héroe, a la que no podía responder Fritz, era una hazaña. No podía lanzar ese revés: se veía en muchas ocasiones como se colocaba de frente para golpear sin fuerza con cada punzada, pero lo lanzó para casi igualar el partido.
Nadal estuvo a punto de conseguirlo convertido en un «medio Nadal», o menos
Antes de la ceremonia de premiación Nadal esperaba sentado con la cabeza baja. Pero no era por haber perdido el título, sino porque estaba preocupado por la millonésima lesión de su vida que no comprendía, que no sabía lo que era. Su periplo en el desierto californiano había sido un calvario, superando rondas con la mente utilizando un cuerpo cansado. Un delirio todas sus victorias, la de Opelka, la de Alcaraz. Y un delirio la derrota ante Fritz, al que a punto estuvo de igualar en el segundo set, cuando peor estaba, cuando su cuerpo parecía decirle a todo el mundo, no sólo a él, que ya no podía más.
El penúltimo de sus retos
Pero Nadal siempre puede un poco más. El español se recuperó ayer en el segundo set adaptándose como un camaleón casi inmediato a su nueva situación. Una máquina humana que hubiera hecho una análisis de daños, como un submarino, y comenzara a potenciar sus virtudes y a ocultar sus defectos. Nadal estuvo a punto de conseguirlo convertido en un «medio Nadal», o menos. Quién sabe si después de ese segundo set el tobillo y la mente del talentoso Fritz se hubiesen desmoronado.
Pero eso nunca se sabrá. Tampoco se sabe si podrá llegar en condiciones a Montecarlo, dentro de tres semanas, o a Roland Garros. Podría ser en Wimbledon o en el US Open. No se sabe aún el alcance de la lesión que pone en peligro la temporada de tierra. O no. Se sabrá pronto como se sabe que Nadal está vivo tras el mejor arranque de temporada de su impresionante historia. Es el penúltimo de sus retos, el más difícil todavía. Nadal ha jugado sin rodillas, sin muñecas, sin pie, sin abdomen o sin espalda. Lo último es que ya juega hasta sin poder respirar.