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27 de mayo de 2024

Nadal se ha despedido del Godó tras dos partidos

Nadal se ha despedido del Godó tras dos partidosEFE

Nadal sucumbe ante el reto de De Miñaur y se despide del Godó en segunda ronda

Nadal había ilusionado en su debut en el Conde de Godó. Venció con mucha facilidad al italiano Flavio Cobolli pero, siendo honestos, el rival ´se lo puso fácil´. Rafa fue de menos a más y dejó buenos puntos, pero estuvo bastante lejos de un nivel no ya digamos digno de sus mejores años, que obviamente no volverán, sino uno que le permitiera competir y ganar a rivales de mayor enjundia.
La segunda ronda, ante el australiano Álex de Miñaur, iba a ser una buena prueba de fuego. Un rival más que digno, que le iba a poner las cosas difíciles. La primera toma de contacto fue dura. El oceánico le rompió el servicio sin demasiadas dificultades y luego rubricó la ventaja ganando el segundo juego. El tercero, sirviendo Rafa, fue duro y trabajado, temiendo un nuevo break, pero finalmente el balear se lo llevó a su cuenta personal. Prometía pelea, pese a estar en clara desventaja.
Los siguientes juegos siguieron una tónica similar: De Miñaur vencía sin demasiadas dificultades los juegos en los que servía, sin sustos, mientras Nadal sudaba tinta para ganar los suyos, necesitando de sobresfuerzos constantes. El aire de Barcelona, soplando con fuerza, tampoco ayudaba. Los remates desde el fondo de la pista se le iban fuera a Rafa y en las subidas a la red acusaba el físico.
Sin embargo, igual que ante Cobolli, Nadal iba de menos a más. Conforme su cuerpo entraba en calor y los dolores se atenuaban, las sensaciones eran mejores. Más rápido, más ligero, más contundente. En el sexto juego del partido, tras un gran inicio, le rompió el servicio a su rival, devolviéndole la jugada y empatando el partido. Ahora los roles estaban invertidos, y era el balear quien vencía con facilidad sus saques y el oceánico quien sufría defendiéndolos.
Con empate a cinco, el set se encaminó a una definición de infarto y a Nadal se le apareció la indeterminación en el peor momento. Perdió los ocho siguientes puntos, dos juegos en blanco, y De Miñaur resolvió la primera tanda con un 7-5. Nadal había jugado bien, todo lo bien que podía, pero simplemente no era suficiente.

Segundo set

Tras la decepción de ceder el primer set, Nadal salió a la tierra dispuesto a redimirse. Golpeaba con más fuerza y se mostró mucho más agresivo, yendo a por todas... pero De Miñaur siempre respondía a los golpes y enviaba la bola a donde Rafa no llegaba. A la segunda, el australiano le rompió el servicio.
Nadal en una acción del encuentro

Nadal en una acción del encuentroEFE

El cambio en el juego de Rafa era total. Dispuesto a morir, que sea matando. Mandaba la bola a cada esquina de la pista, buscaba mover al rival, pero este respondía y sus golpes eran con mayor contundencia. La impotencia de saber que simplemente no puedes dar más.
No hubo mucha más historia. Otro break de De Miñaur finiquitó las esperanzas. Las grandes historias, en la vida real, siempre acaban así. Sin florituras ni alardes. En una tarde de miércoles, un día cualquiera entre el bullicio, Rafa nos demostró que ya no está para estos retos. Que lo que queda será ilusión por verle competir, no esperanza por vislumbrarle ganando. Fue un 6-1 rotundo, impecable, que acabó con esta aventura.
Las derrotas de Nadal nos duelen porque es la vida que se escapa. No es él quien se marcha, es una parte de tu pasado. Es la creencia juvenil de que todo se puede y que cualquier obstáculo es superable. Son los días yendo al colegio y volver a casa para merendar mientras le veías ganar un torneo más. Son esas veces donde te sentías invencible. Hacerte mayor es sobre todo aprender a minimizar y relativizar la ilusión.
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