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Diego Dedura-Palomero celebra la victoria ante Denis Shapovalov

Diego Dedura-Palomero celebra la victoria ante Denis ShapovalovATP 500 Múnich

La celebración cristiana de un tenista de 17 años tras conseguir su primera victoria como profesional

En una semana donde la mayoría de los focos del circuito ATP están puestos en el Trofeo Conde de Godó en Barcelona, el torneo 500 de Múnich ha regalado una de las escenas más comentadas del tenis en los últimos días. Y no por una final vibrante ni por un duelo de titanes, sino por la emotiva y llamativa celebración de un joven desconocido para el gran público: Diego Dedura-Palomero.

Con apenas 17 años, este tenista alemán de raíces chilenas ha saboreado el triunfo más mediático de su joven carrera al imponerse –por retirada tras ir 7-6 3-0– al canadiense Denis Shapovalov, ex número 10 del mundo. Pero fue su reacción lo que realmente capturó la atención: tras el apretón de manos en la red, Dedura-Palomero cayó de rodillas, trazó una cruz gigante sobre la tierra batida y se tumbó entre gritos, visiblemente emocionado.

Las redes no tardaron en hacerse eco del gesto. Algunos lo tacharon de exagerado, teniendo en cuenta que Shapovalov abandonó el encuentro por lesión y estuvo varios juegos sin apenas poder competir. Otros, en cambio, destacaron la autenticidad del momento, entendida solo al conocer el trasfondo del joven tenista.

Dedura-Palomero, que había caído en la fase previa ante Alexander Bublik, accedió al cuadro principal gracias a una invitación de última hora tras la baja del veterano Gael Monfils. Fue, literalmente, un lucky loser (perdedor afortunado). Pocas horas después se encontraba compitiendo contra uno de los nombres más reconocidos del circuito… y ganando.

Más allá de los puntos que el alemán ha conseguido –actualmente es el número 547 del mundo–, el triunfo tiene un valor simbólico para el jugador, que explicó en rueda de prensa el porqué de su efusiva reacción: «Soy muy creyente. Antes del partido recé durante cinco minutos. Sentía que algo especial podía pasar, y cuando terminó todo fue una mezcla de fe, emoción y agradecimiento. Dios me dio fuerzas», confesó ante los medios, aún conmovido.

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