El Club de Tenis Chamartín está empezando a llevar a cabo entrenamientos centrados en el control emocional
Las escuelas madrileñas enseñan a perder a los jugadores
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Las escuelas de tenis madrileñas han empezado el curso con un cambio en su manera de formar a los jugadores. En lugar de medir el éxito solo centrándose en los resultados, los entrenadores enseñan a manejar la frustración y a aceptar la derrota como parte del aprendizaje. En clubes como el Club de Campo Villa de Madrid, el Club de Tenis Chamartín, el Club de Tenis La Moraleja o la Global Agent Tennis Academy, las rutinas de entrenamiento ya incluyen ejercicios centrados en el control emocional, seguimiento individualizado y colaboración con las familias.
La concentración, el compromiso o la reacción ante los fallos son algunos de los aspectos que los entrenadores evalúan cada trimestre en un informe técnico y de actitud. Este seguimiento detallado forma parte del método del Club de Campo Villa de Madrid, que cuenta con más de 1.500 alumnos. Estos informes se comparten en reuniones con las familias para analizar el progreso y acordar objetivos. «El tenis ya no se enseña solo desde la técnica o la táctica; trabajamos la parte mental porque la cabeza decide más partidos que la raqueta», explica Gonzalo Corrales, director de la escuela. También se realizan sesiones en grupos reducidos para que los entrenadores puedan dedicar más tiempo a cada alumno y detectar problemas de motivación o exceso de presión antes de que empeore.
«Algunos alumnos confesaron a los entrenadores que se hundían tras dos fallos seguidos», tal y como explica George Margi. Esta reacción emocional, frecuente en categorías base, es una de las razones por las que varias escuelas madrileñas han incorporado rutinas específicas para reducir el bloqueo y ayudar a los jugadores a recuperar la confianza después de un error.
En el Club de Tenis La Moraleja, el trabajo emocional se cultiva desde las primeras etapas. El responsable de la escuela, Ángel Gutiérrez, explica que las clases incluyen rutinas de repetición controlada y dinámicas de corrección progresiva. «Cuando un alumno falla, no se detiene el ejercicio. Se le anima a seguir para que aprenda a no bloquearse. Después se revisa el error con calma y se corrige en frío, no en medio del enfado», aclara. En las categorías infantiles, se usan ejercicios con metas alcanzables, como series de saques sin fijarse en la puntuación, para enseñar en qué consiste la paciencia y la constancia. Además, el club ha creado un canal directo con los padres mediante reuniones presenciales donde se revisan avances y se tratan aspectos de comportamiento y actitud.
Este enfoque coincide con lo que señala el estudio «Metodología de las escuelas de tenis en la Comunidad de Madrid»(Universidad Politécnica de Madrid, 2023), que recomienda introducir rutinas de autoevaluación, refuerzo positivo y trabajo mental diario. Las escuelas madrileñas han convertido esas recomendaciones en práctica, adaptando la enseñanza a las necesidades reales de cada jugador.
En el Club de Tenis Chamartín, el entrenador Ricardo Sánchez ha rediseñado la estructura de los entrenamientos para mantener el interés de los más pequeños. «Cuando un niño pierde y se va desanimado, el sistema ha fallado. Enseñar a perder significa enseñar a seguir intentándolo», afirma. En sus clases, se organizan mini competiciones internas en las que todos los jugadores participan y rotan de pareja o rival, evitando que siempre ganen los mismos. El sistema de puntuación no se centra en el marcador final, sino en premiar la mejora y la actitud, es decir, los puntos también se otorgan por el esfuerzo, la concentración o el compañerismo. Esta visión, señala Ricardo, «reduce los enfados, aumenta la implicación y hace que los niños esperen con ganas la siguiente clase». Desde que utilizan este método, el club ha reducido el abandono en categorías base y ha aumentado la participación en torneos locales.
En la Global Agent Tennis Academy, la preparación emocional forma parte de la programación semanal. Con más de 120 jugadores de distintas nacionalidades, la academia trabaja con psicólogos deportivos y realiza evaluaciones mensuales de rendimiento mental, donde se analiza la capacidad de concentración, el manejo de la presión y la convivencia con el error. Su director, George Margi, lo describe así: «Enseñar a perder también significa enseñar a pensar. Cuando un jugador entiende por qué falla, deja de frustrarse y empieza a aprender de verdad». Las sesiones incluyen ejercicios de respiración y visualización antes de los entrenamientos, charlas grupales tras los torneos y análisis en vídeo para que el jugador observe cómo reacciona en los momentos de tensión. Margi insiste en que esta metodología ha reducido notablemente los episodios de bloqueo y mejorado la constancia de los jugadores.
Los resultados empiezan a verse en la pista. Los alumnos se muestran más constantes, más receptivos a la corrección y menos afectados por la derrota. Los entrenadores lo resumen de forma sencilla, se está enseñando a competir sin miedo a perder. «El verdadero éxito llega cuando el jugador disfruta del proceso y no solo del resultado», concluye Margi.