16 de agosto de 2022

Javier escribano

El fracaso del escudo social del Gobierno

Los números muestran por sí solos el fracaso del escudo social de un gobierno que ha dispuesto de la mayor cantidad de recursos públicos de nuestra historia: 225.000 millones de euros de gasto adicional entre 2020 y 2022

Averroes, el filósofo y médico andalusí nacido en Córdoba en 1126, escribió que hay cuatro cosas que no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza.
Este gobierno ha hecho todo lo posible por liquidar a aquellos que destacaban por su ciencia en la mayoría de las instituciones (INE, CIS, CNI, Tribunal de Cuentas, fiscalía general, Consejo de Seguridad Nuclear, Correos, e incluso parece que CNMV) reemplazándolas por otras personas cuyo mayor mérito es ser militante socialista y, muy importante, amigo de Pedro Sánchez.
Pero, siguiendo la máxima de Averroes, ya no pueden esconder por más tiempo las otras tres cosas. En primer lugar, la estupidez, que fue muy evidente desde el primer día en el caso de algunos ministros (al lector le vendrán a la cabeza sin mucho esfuerzo) pero, a medida que el Partido Popular ha ido ganando elecciones, se ha extendido a todos los miembros del Consejo de Ministros, incluso a aquellos que venían con la etiqueta de «técnicos de reconocido prestigio». La mayoría absoluta obtenida por el PP en Andalucía el pasado 19 de junio ha acentuado aún más este rasgo.
La segunda cosa que no pueden esconder por más tiempo es la riqueza; exactamente la riqueza que han atesorado ellos y el incontable número de altos cargos y asesores que han colocado en los 22 ministerios y todos los organismos públicos que han parasitado en los 4 años que llevan en el gobierno.
Y, para su desgracia, la tercera cosa que no pueden esconder es la pobreza; la pobreza en la que han metido a millones de españoles como consecuencia de unas políticas económicas que nos han situado a la cola de todos los indicadores económicos y sociales, mostrando que el «escudo social» no ha sido más que otro de esos eslóganes creados por la factoría de ficción de la Moncloa que poco tienen que ver con la realidad. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del año 2021, con los indicadores tradicionales definidos en la estrategia Europa 2020, muestran que:
• Un 27,6 % de la población española está en riesgo de pobreza o de exclusión social (Tasa AROPE); esto es, casi 13 millones de personas.
• El 7,3 % está en Carencia Material Severa (CMS); es decir, tenemos casi 3,5 millones de pobres en nuestro país, 1.250.000 pobres más que antes de la pandemia.
Estos números muestran por sí solos el fracaso del escudo social de un gobierno que ha dispuesto de la mayor cantidad de recursos públicos de nuestra historia, 225.000 millones de euros de gasto adicional entre 2020 y 2022, y que sin embargo ha superado el nivel de pobreza que se alcanzó en la anterior crisis financiera de 2008 que, por mucho que intenten reescribir, también gestionó un gobierno socialista, el de Zapatero. ¿Dónde queda aquello de que la salida de esta crisis ha sido diferente a la anterior? ¿Dónde está el escudo social de los 3,5 millones de pobres y de los 13 millones de españoles en riesgo de pobreza o de exclusión social?
A la luz de estos resultados estoy casi seguro de que, si Averroes fuera coetáneo nuestro, habría añadido «la inutilidad» a su lista de cosas que no pueden ser escondidas durante largo tiempo; y de inutilidad e incapacidad para resolver los problemas reales de las personas, este gobierno sabe mucho.
Pero no nos quedemos sólo en el resultado, escudriñemos los datos de la ECV para intentar afinar el diagnóstico y ver en qué ha fracasado este gobierno progresista. En concreto, vamos a analizar la relación que hay entre la pobreza y tres variables: el empleo, la edad y la formación.
En primer lugar, hay una clara correlación positiva entre desempleo y desigualdad, sobre todo si tenemos en cuenta que la encuesta lleva un año de retraso, ya que siempre se calcula con los ingresos del año anterior (en la ECV21 los ingresos de 2020):
El desajuste de los años 2020 y 2021, que deberían corresponderse con una tasa de paro mucho mayor, refleja la realidad que Yolanda Díaz no quiere reconocer: aunque la tasa de paro oficial apenas subió durante la pandemia, la tasa de paro real (incluyendo los trabajadores en ERTE y autónomos en cese de actividad, es decir a todos los que no estaban trabajando, aunque no computaran como parados) fue mucho mayor. Y, salvo que el asalto al INE cambie los parámetros para romper la serie, mucho me temo que va a suceder algo similar con el encubrimiento de fijos-discontinuos que no computan como parados el tiempo que están en casa sin trabajar y cobrando el subsidio por desempleo.
La conclusión de este primer gráfico es muy clara: las ayudas a los colectivos más desfavorecidos sirven para paliar su situación -que no es poco- pero no les ayudan a salir de la pobreza. La herramienta más eficaz para reducir la desigualdad y la pobreza es el empleo.
El segundo cuadro muestra que hay una correlación inversa entre el grupo de edad y el riesgo de pobreza.
En la crisis financiera de 2008 el colectivo en el que más aumentó el riesgo de pobreza fue el de jóvenes (entre 16 y 29 años), en el que se pasó del 22,8 % al 38,2 %; en cambio el riesgo de pobreza entre mayores de 65 años cayó a la mitad, del 26,2 % al 13,7 %.
En los últimos 2 años el aumento de riesgo de pobreza es más homogéneo entre todos los grupos de edad y ya no escapan ni siquiera los mayores de 65 años, ya que la elevada inflación reduce su poder adquisitivo, afectando sobre todo a las pensiones más bajas.
La conclusión de este segundo cuadro es que hay que poner el foco más en los jóvenes y que hay que atacar realmente el problema de la inflación; no basta con compensarla, hay que reducirla.
En tercer lugar, hay una correlación inversa entre formación y pobreza; cuanto mayor es el nivel de estudios de una persona, menor es el riesgo de pobreza o exclusión social: el riesgo de una persona sin estudios a caer en la pobreza prácticamente triplica al de una persona con estudios superiores.
La conclusión de este gráfico es que la educación y la formación son los verdaderos motores del ascensor social. Por eso resulta especialmente indignante que un gobierno que se autodenomina progresista apueste por un modelo educativo igualado a la baja en el que se cierran las puertas de ascenso social a las personas con menos recursos.
Finalmente, hay una correlación positiva entre gobierno socialista y pobreza. O lo que es lo mismo, las comunidades autónomas gobernadas por el PP desde hace mucho tiempo tienen un porcentaje de población en pobreza por debajo de la media nacional (7,3 %), como es el caso de Galicia (3,7%), Castilla y León (4,5 %) o Comunidad de Madrid (4,7 %). Quizá por eso el respaldo mayoritario que han dado los electores a los actuales gobiernos del PP en esas CCAA. Y para aquellos que piensen que me he dejado olvidada a Andalucía, les diré que es la 7ª CCAA en la que menos ha aumentado la pobreza respecto a 2018 (recordemos que Juanma Moreno llegó a la Junta en 2019), pero 40 años de corrupción e inutilidad no se arreglan en 3 años.
La conclusión de esta última regla también es muy clara: frente a la ineficacia, la propaganda, el sectarismo, la descalificación y la soberbia de los gobiernos de izquierdas que empobrecen a los españoles siempre que gobiernan, existe una alternativa eficaz, rigurosa, fiable y con experiencia de gestión que representa el Partido Popular con Alberto Nuñez Feijóo a la cabeza.
Javier Escribano es economista.
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