16 de agosto de 2022

José María Rotellar

La economía intensifica su empeoramiento

La ralentización es global, pero es especialmente importante y preocupante en España, con el riesgo adicional que supone el que Sánchez puede empeorar mucho más esta situación para intentar sobrevivir

Tras la publicación, por parte del INE, de los principales agregados de la Contabilidad Nacional Trimestral del primer trimestre de 2022, se certifica que la economía se para cada vez con más intensidad, al revisar a la baja el crecimiento del PIB y mostrar que, en tasa intertrimestral, todos los sectores caen o disminuyen fuertemente su crecimiento, por el lado de la oferta, y con una fuerte caída del consumo, por el lado de la demanda, con una productividad por hora trabajada que desciende también, en el aspecto laboral y productivo.
Todo ello no es más que el resultado del impacto del coste de la energía, que frena la producción, dado que las industrias no pueden soportar dicha carga, que frena su competitividad y que les hace perder mercados, al no poder competir en buenas condiciones de precios por la elevación de los costes de producción. Por otra parte, estos datos son también el reflejo de la pérdida de poder adquisitivo de las familias, que disminuyen su consumo por menor capacidad de compra y por precaución ante el empeoramiento de expectativas. La merma que les supone el sobrecoste del recibo de la luz, de la factura del carburante y del precio de los alimentos cuando van al supermercado les deja con poco margen para poder mantener un ritmo de consumo creciente.
Del mismo modo, ese empeoramiento de expectativas se forma a partir de la incertidumbre que les produce toda esta situación económica, con una inflación descontrolada, que no se sabe cuánto tiempo va a seguir impactando en la economía de esta manera tan fuerte, y por el impacto que tendrá en sus cuotas hipotecarias futuras –de hecho, ya se está anticipando por el aumento del Euribor– el incremento de los tipos de interés por parte de la autoridad monetaria, tanto más intensa como difícil sea frenar la inflación, que lo será más si tarda mucho en reaccionar de manera contundente.
Así, el INE revisa a la baja una décima el crecimiento del PIB del ITR-2022 y lo deja en el 0,2 % intertrimestral, dos puntos menos que el trimestre anterior. La economía se para y lo hace con una fuerte caída en el consumo de los hogares, que desciende un 2 %, cuando el trimestre anterior crecía un 1,5 %.
Nuestra pérdida de competitividad, debido al incremento de coste energético y a la caída de la productividad por hora trabajada hace que las exportaciones sólo crezcan un 1,1 %, frente al 7,2 % previo. Y el empeoramiento del consumo que comentábamos antes se refleja también en las importaciones, que caen un 0,8 %, cuando antes crecían un 4,5 %.
Ya caen casi todos los sectores en tasa intertrimestral, y el que no cae, se ralentiza: la agricultura cae un 3,2 % frente al crecimiento previo del 3,6 %; la industria cae un 1,8 % frente al crecimiento precedente del 2,6 %; la construcción cae un 0,1 % frente al crecimiento anterior del 3,4 %; por último, los servicios se quedan casi planos, con un crecimiento del 0,5 % frente al crecimiento del trimestre anterior del 2,1 %. Dentro de los servicios, se reduce mucho, más de la mitad, el crecimiento de comercio, transporte y hostelería, que se queda en un 2 % frente al 5,4 % previo, que muestra la repercusión, por el lado de la oferta, de la disminución del consumo, por el lado de la demanda.
Por su parte, un conjunto de economistas y analistas económicos reunidos previamente a la cumbre del G7 mostraron su preocupación por la situación económica y empeoraron, claramente sus expectativas, considerando, ahora, la recesión como un escenario central, tanto en Europa como en Estados Unidos.
Adicionalmente, los problemas energéticos siguen sin resolverse, especialmente en Europa, y ello puede afectar seriamente al crecimiento, empujándolo también a la recesión. La Agencia Internacional de la Energía señala las debilidades de Europa ante el cese de importaciones del gas ruso. Todo ello, hace que ese riesgo de recesión sea más elevado en Europa. Es más, Alemania sería la economía más afectada por ese corte del suministro del gas ruso, con el efecto contagio que puede expandirse sobre el resto de la eurozona y del conjunto de la UE.
La ralentización es global, pero es especialmente importante y preocupante en España, con el riesgo adicional que supone el que Sánchez puede empeorar mucho más esta situación para intentar sobrevivir. Eso nos hace pensar que en el año y medio que queda de legislatura va a acelerar el gasto, va a hacer populismo electoral con él y va a dañar más todavía a la economía española. Sólo cabe la esperanza de que la Comisión Europea le imponga condiciones ortodoxas de limitación de gasto y que se retorne a los objetivos de estabilidad para 2023, al tiempo que el BCE exija reducir la deuda a cambio de aplicar la herramienta que ha anunciado para mitigar el efecto en las primas de riesgo de los países más endeudados, como España. La UE tiene que ponerle freno a la expansión del gasto, déficit y deuda de Sánchez, porque de no hacerlo, la situación que dejará tras su paso por la presidencia del Gobierno será la de una economía sumamente dañada.
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