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Marc Morillas, CEO de Morillas

Marc Morillas, CEO de MorillasDCR

Día Internacional de la Empresa Familiar

Marc Morillas: «La empresa familiar es importante para la estabilidad de España»

La tercera generación de Morillas, la consultora de marca familiar más longeva de España, celebra su 60 aniversario y repasa el estado del sector en un día tan señalado

Marc Morillas es hijo de Lluís Morillas y nieto de Antoni Morillas, un empresario catalán considerado uno de los pioneros del diseño gráfico en España.

En plena dictadura, inauguró un estudio en Barcelona que hasta 2022 no ha parado de crecer. Acaba de entrar en el ranking de las mejores consultoras de diseño en 2022-2023, según la World Brand Design Society.

Con la mirada puesta en su expansión por Latinoamérica, en defender la Marca España y en el orgullo de formar parte de proyectos como la reinvención del proyecto de banca de Abanca, la bolsa negra de Lay's, el diseño de la botella de Schweppes, Dyc, Cinco Jotas o Font Vella... atiende a El Debate en un día importante para recordar 60 años de dedicación a uno de los pilares de la economía española, la empresa familiar.

–¿A qué se aprende dentro de una empresa después de tres generaciones?

–Lo que primero se aprende es el valor de la resiliencia, porque la empresa familiar necesita de una capacidad de adaptación a los distintos tiempos que va recorriendo. Cuando hablo con mi padre veo que él tiene una receta equivalente a sus tiempos y yo creo que en los nuestros hay que tener la valentía y la resiliencia de poder adaptarse. Así que lo primero que se aprende es a ser muy flexible, a escuchar mucho y a ser resiliente.

–¿Qué se evita hacer dentro de una empresa después de tres generaciones?

–Lo bueno y lo malo que tienen las empresas familiares es que al final uno puede aprender en confianza con las generaciones anteriores. También tiene la suerte de poder compartir, en un clima de cercanía y de honestidad máxima, los errores que han cometido otras generaciones y los errores que está cometiendo la generación actual. Ese pimpón ayuda a enfrentarse a la incertidumbre o a decisiones complejas.

–¿Queda algo de aquella empresa de diseño que puso en marcha Antoni Morillas en 1962?

–El espíritu y el ADN fundacional. Al final, mi abuelo, que era autodidacta, se trajo algo que no existía a España y era muy exigente consigo mismo. Nosotros seguimos siendo muy exigentes con nosotros mismos. Es verdad que la compañía ha cambiado de generación a generación, pero lo que queda de lo que fundó mi abuelo es la actitud. Él empezó desde una perspectiva muy artística y mi padre le añadió la vertiente estratégica. Ayudamos a otras compañías a aumentar su valor con lo que nosotros llamamos la inteligencia de marca.

–¿Cómo de familiar es una empresa familiar como Morillas?

–Seguimos siendo orgullosamente una empresa muy familiar en muchos sentidos. Lo primero, porque la compañía es de la familia. Lo siguiente, porque estamos orgullosos de que distintos miembros de la familia estén con nosotros. Está mi abuela con sus 85 años recibiendo a la gente en la recepción y asegurándose de que los principios y los valores fundacionales no se pervierten. Ella es la primera que me pregunta cómo van las ventas a las siete de la mañana.

La empresa familiar y España no se pueden separar de ninguna manera

La empresa familiar tiene valores como el compromiso con el largo plazo, la forma en la que tratamos a nuestra gente, la relación de tú a tú. No hay barreras en nuestra compañía, no hay grandes posiciones que asusten, más bien hay personas que trabajan en equipo en un objetivo que muchas veces es una visión inconquistable. Eso es algo que nos mantiene vivos y motivados.

–¿Se valora a las empresas familiares en España?

–La empresa familiar y España no se pueden separar de ninguna manera. En España somos muy críticos con muchas cosas, pero con la empresa familiar hay un consenso nacional de la importancia que tiene para la estabilidad de nuestro país.

–¿Les perjudicó el éxodo de empresas de Cataluña tras el referéndum?

–Cualquier elemento que distorsione la realidad pública genera inestabilidad, independientemente de la ideología. Nosotros lo miramos con preocupación. Somos una de las compañías españolas que sale a defender el diseño español más allá de nuestras fronteras y, evidentemente, cualquier elemento que desestabilice a la sociedad, es algo que nos preocupa.

–¿Cómo se sobrevive en una sociedad que tiende a la uniformidad, al pret a porter, la marca blanca, el diseño básico?

–La uniformización y la creación de tendencias globales generará un elemento diferencial. Nos obliga a reinventarnos constantemente. Eso no significa que las marcas hayan dejado de ser relevantes. A partir de la marca blanca hay tendencia a la uniformización, pero también tienen una propuesta de valor. Nuestro trabajo es saber explicar esa propuesta al cliente o al usuario final. Esa forma de explicar requiere altas dosis de creatividad, de pensamiento estratégico, de ser crítico, de entender muy bien cómo funcionan los mercados en los que operan estas marcas. Una marca, al final, siempre tiene la obligación de comunicar con personalidad.

–Hoy en día, ¿se valora el diseño? Un móvil, un bolso...

–Como persona que lleva viendo el diseño prácticamente desde que tengo uso de razón, el diseño es una disciplina infravalorada, porque al final todo lo que te rodea y todo lo que nos rodea ha sido diseñado por alguien con un objetivo concreto, una silla, una mesa, un coche... cualquier producto que puedas tener en la mano. Si culturalmente todos fuéramos un poquito más conscientes de lo que hay detrás de un producto, como sociedad aprenderíamos a valorar muchísimas cosas que hoy damos por dadas y que no lo son tanto.

–¿Cree que hay empresas que se han podido estrellar por no tener una buena imagen de marca?

–El otro día lo calculaba con mi padre, por curiosidad, y llegamos a la conclusión de que en 60 años llevamos 13.000 proyectos a la espalda y cuando llevas 13.000 proyectos has visto nacer, has visto crecer y has visto morir marcas. Es verdad que muchas de las que hemos visto morir no han contemplado muchas cosas que desde el aspecto formal deberían tener en cuenta a la hora de construir marcas. He visto más casos de marcas que se han hundido por no tener bien resuelta la marca, que marcas que han sobrevivido teniendo un producto no también resuelto al principio, pero que la marca detrás de ella era muy potente.

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