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07 de diciembre de 2023

José Manuel Cansino

Cuidado con las revisiones al alza de crecimiento

Cualquier predicción en economía es arriesgada, por eso están continuamente revisándose

Actualizada 04:30

Finalmente la economía española cerró 2022 con un crecimiento del 5,1 %, más de medio punto por encima de la mayoría de las previsiones. Un crecimiento importante que, sin embargo, sigue sin lograr la convergencia o el alineamiento con la media europea.
A rebufo de este crecimiento, del buen dato de comportamiento del PIB en el primer trimestre del año y de otros indicadores de los que luego hablaremos, varias instituciones han revisado al alza sus previsiones de crecimiento para un año como 2023 del que poco o muy poco pulso económico se esperaba. De esta forma, la Comisión Europea espera un crecimiento del 1.9 %, el Banco de España del 2 % o incluso superior y para regiones como Andalucía, el Observatorio Económico de Andalucía lo lleva al 1,6 %.
La mejora en la revisión de las expectativas de crecimiento va en la misma de importantes indicadores adelantados, aquellos que se usan para anticipar lo que va a ocurrir. Tal es el caso del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que se construye en parte sobre la opinión de los encuestados de lo que ha pasado en los últimos seis meses y de lo que esperan que ocurra en los venideros. Siempre que su valor esté por debajo de 100 la percepción es negativa y en ese rango de valores seguimos atrapados pero subiendo. Así, si en marzo de 2022 el ICC tomaba un valor de 53.8, para el mes de abril que hemos dejado atrás es de 73, si bien, la mejora del ICC responde a una mejor opinión de los encuestados sobre lo que ha pasado que sobre lo que va a pasar.
Pero cualquier predicción en economía es arriesgada. Por esa razón están continuamente revisándose –el Banco de España lo hace cada tres meses y la mayoría de instituciones, también–. Más arriesgada lo es aún en un entorno como el actual en el que se ha impuesto el calificativo de VUCA (en español, volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad). De estas situaciones de riesgo hay tres sobresalientes; la incierta evolución de la guerra en Ucrania y su impacto sobre el precio de importantes materias primas, las políticas monetarias contractivas aplicadas en casi todo el planeta para frenar la inflación y las dudas sobre la estabilidad del sistema financiero. Para España hay que añadir el impacto final de la sequía (en el primer trimestre el consumo de gasóleo para la agricultura y la pesca descendió un 12,9 % en Andalucía) y para el resto del mundo también hay que estar pendiente de si el congreso de los Estados Unidos autorizará saltarse el límite constitucional al nivel de endeudamiento.
Efectivamente, los riesgos a los que la economía se enfrenta son muy severos y las previsiones muy vulnerables. Un repunte de la inflación dará al traste con el tope a la subida de tipos de interés llevándolos más allá del 4 % que podría ser el pico máximo que lograse doblar la inflación hasta llevarla al 2 % en 2025. Efectivamente, el mecanismo de transmisión de la política monetaria es la reducción de la demanda y parece estar funcionando con bastante rapidez. Tanta como que los propios bancos cuando se les pregunta en la encuesta de préstamos bancarios y créditos, han sido más prudentes de lo que luego ha sido la caída en la petición de dinero de hogares y empresas, en definitiva, se pide menos dinero porque se va a gastar menos.
En línea con lo anterior, ya son dos los meses consecutivos en los que la concesión de hipotecas en España disminuye. Los bancos no suelen conceder un préstamo hipotecario si la tasa de esfuerzo del solicitante (porcentaje de los ingresos utilizados en el pago del recibo hipotecario) supera el 35 %. Los que aún tienen colchón financiero desde la pandemia están utilizándolo para amortizar anticipadamente los préstamos pendientes y así ahorrarse el pago de unos intereses muy elevados.
Pero el efectivo parece estar desapareciendo de la actividad económica. El servicio de estudios del BBVA cuando estudia el big data de los movimientos bancarios de sus clientes concluye que mientras los pagos con tarjeta suben, las compras en efectivo caen tanto como para explicar el descenso global en el consumo de los hogares que acaba de confirmar el Instituto Nacional de Estadística. Hay menos dinero bajo el colchón, puede que la economía sumergida esté remitiendo y la limitación a realizar pagos en efectivo por encima de los 1.000 euros está haciendo el resto.
Hay, por tanto, que ser cautelosos con estas revisiones al alza de la previsiones de crecimiento. Un último dato; es cierto que se siguen creando empresas –31.702 en el primer trimestre de 2023– pero con una capitalización muy limitada, apenas 44.000 euros en promedio por empresa.
  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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