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Pedro Sánchez, el señor de la guerra, y su rearme

El Gobierno español ha movido ficha y quién mejor para cerrar acuerdos que un Gobierno presionado por las circunstancias

Pedro Sánchez al término de su comparecencia de este martes en la Moncloa

Pedro Sánchez al término de su comparecencia de este martes en la MoncloaEFE

Si algo ha cambiado en la política económica y comercial española durante las dos legislaturas de Pedro Sánchez, ha sido la venta de armas al extranjero. Mientras los partidos políticos de la izquierda discutían entre ellos quién se oponía más al rearme para cumplir con los requerimientos de la OTAN, el Presidente del Gobierno ha aprobado llegar al 2 % del PIB antes del verano por el procedimiento de retirar partidas presupuestarias de casi todos los ministerios y pasar olímpicamente del Congreso de los Diputados. Eso sí, el debate nacional y mundial se ha centrado en la compra de balas a Israel como si esa compra fuera una novedad o un engaño del Ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska a su Presidente y no sé cuantas estupideces más que se han repetido durante la semana pasada.

La realidad es que llevamos comprando armamento a Israel desde hace décadas y, por cierto, armas mucho más importantes y sofisticadas como también hemos conocido estos días. Y es que una cosa es que Sánchez diga una cosa en el Congreso y otra muy diferente romper acuerdos con Israel. Pero había que entretener a los partidos de izquierda en su antisionismo —incluido Sumar y Más Madrid que están en el Gobierno— y finalmente ceder a sus pretensiones en una compra que se terminará haciendo por otras vías. Al tiempo.

Pero si me refiero a este asunto es porque España sigue estando en el ranking mundial en exportación de armas. Según un informe de marzo de este año del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), un centro especializado en análisis geoestratégico, España sigue siendo una referencia mundial en la exportación de armamento. El informe, que no solo recoge las ventas sino también las compras, sitúa a nuestro país como el noveno exportador mundial en el periodo 2020-2024, descendiendo un puesto respecto al octavo lugar que tenía en 2023, y dos puestos menos que en 2022, cuando estaba en la séptima posición. Las ventas crecen, pero no tanto como las de otros países. También señala el informe que nuestros principales compradores son Arabia Saudí, Australia y Turquía. El mayor exportador mundial sigue siendo Estados Unidos con el 43 por ciento del mercado; Francia se consolida como el segundo con el 9,6 por ciento y Rusia –que continúa su desplome desde el inicio de la invasión de Ucrania– se sitúa en tercera posición, con una cuota de mercado del 7,8 por ciento. Luego vienen China, Alemania, Italia, Reino Unido e Israel antes que España. Esta es la realidad de nuestro negocio armamentístico y el resto son postureos y políticas de engaño. Por eso llamar a Sánchez señor de la guerra no es más que constatar lo que hay.

Indra y Escribano, apuesta en defensa

Si recuerdo estos datos es por otro hecho relevante que acaba de producirse también esta semana. El jueves conocimos que Indra acababa de encargar a KPMG la absorción de la tecnológica/defensa Mechanical & Engineering (EM&Group), la empresa familiar de su presidente Ángel Escribano. Y aunque el consejo de Indra deberá debatir la integración el próximo miércoles, la operación no solo va a contar con el apoyo de la mayoría sino que se va a convertir en la gran apuesta de España para aprovechar el aumento de los gastos de defensa de todos los países de Europa.

Hace menos de dos años, en noviembre de 2023, contábamos que los hermanos Ángel y Javier Escribano habían anunciado la compra del 3 % de Indra. Pero muy pronto llegaron al 8 % convirtiéndose así en los primeros accionistas de la compañía después del Estado (28 %). Desde entonces las cosas han ido tan rápido que casi no ha dado tiempo a ir contando las nuevas noticias de la empresa de Defensa: salida de Pallete en Telefónica; aterrizaje de Marc Murtra en la empresa de telecomunicaciones; nombramiento de Ángel Escribano como presidente de Indra; sanción del Gobierno de la entrada de los árabes en Telefónica. Toda una catarata de noticias que, para tratarse de una empresa que decían estratégica parecía más bien el puesto de palomitas de unos multicines.

A finales de 2024 la empresa de los Escribano ya tenía un 14,3 % de capital y la buena sintonía con el Gobierno presagiaban un movimiento como el vivido la semana pasada. Pero Indra no es solo que vaya bien— ya hemos visto cómo siguen las exportaciones armamentísticas españolas, sino que el futuro promete ser mucho mejor gracias a las nuevas inversiones que el Gobierno español debe acometer para llegar a ese 2 % prometido —también la semana pasada— por Sánchez.

Si se aprueba esta integración, el sector de la Defensa podrá crecer en España de manera exponencial a sabiendas de que los encargos del propio Gobierno van a ser solo los primeros

Pero la cosa puede mejorar aún mucho más. El Gobierno calcula que Indra podrá triplicar su facturación entre 2024 y 2030 hasta superar los 1.300 millones. Por eso si los consejos de administración de Indra y de la empresa de los Escribano aprueban esta integración —ya adelanto que el Gobierno no va a poner ninguna pega— el sector de la Defensa podrá crecer en España de manera exponencial a sabiendas de que los encargos del propio Gobierno van a ser solo los primeros. Resulta interesante como otras empresas del sector ya se habían planteado la integración en Indra, pero aquí sí que los Escribano —desde dentro y con buena información— han dado el primer paso. Y es que el que da primero…

Hay que recordar también que la compra de EM&E se produce días después a que General Dynamics se negara a vender a Indra su empresa española Santa Bárbara Sistemas. Y es que para tener beneficios hay que tener capacidad de producir. Y en eso están los Indra.

Queda por saber cómo se reorganizarán todas las empresas del sector, y cómo colaboran con el resto de las europeas que, en consorcio o sin él, van a tener que dar respuesta a un incremento en la Defensa como no se conocía desde el fin de la última Gran Guerra. El Gobierno español ha movido ficha y quién mejor para cerrar acuerdos que un Gobierno presionado por las circunstancias. Nos quedan muchas más cosas por ver.

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