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El presidente de Correos, Pedro Saura.

El presidente de Correos, Pedro Saura.A. Pérez Meca - Europa Press

El sucesor del amigo de Sánchez no arranca en Correos y mantiene a la plantilla en la incertidumbre

El presidente de Correos, Pedro Saura, va camino de cumplir dos años en su cargo (llegó en diciembre de 2023), y en la plantilla consideran que siguen sin verse cambios tangibles que mejoren sus condiciones de trabajo y la viabilidad de la empresa.

Las bolsas de horas, que se aprobaron el 31 de julio en Correos y que la empresa pretende poner en marcha el 1 de octubre como un modo de estirar la producción de la plantilla, empiezan a verse con inquietud por parte de los empleados. Les resulta extraño que se les nieguen permisos o vacaciones por necesidades del servicio y que se vayan a acumular días a cambio de estirar otros, que no se sabe cómo se darían. La prueba de fuego llegará en noviembre, cuando la empresa probablemente pedirá un esfuerzo extra por los repartos del Black Friday que se celebra el día 28 de ese mes.

El Black Friday del 28 de noviembre será una prueba de fuego para comprobar el modo de compensar los esfuerzos extra

La concreción de la remuneración de las bolsas de horas es uno de los asuntos pendientes, y las prejubilaciones de los laborales es otro. La edad media de los potenciales prejubilados es de 62 años, y prejubilarse ahora implicaría cinco años de adelanto. La mayoría de ese segmento de plantilla ha cotizado entre 25 y 30 años. Aún no ha llegado a los 35 años necesarios de cotización para recibir la pensión. Hay que partir de la base de que un cartero tiene un sueldo base de unos 800 euros, que con complementos asciende a unos 1.300 euros.

Por este motivo, es más que dudoso que haya muchos empleados de Correos dispuestos a prejubilarse, aunque se le diera una indemnización de unos 50.000 euros, que es más o menos es el equivalente a dos años de trabajo en los puestos base.

Falta visibilidad sobre el nuevo modelo de negocio de Correos

Los empleados de Correos viven con esta incertidumbre, y también con otras, como la inquietud ante la falta de visibilidad del nuevo modelo de negocio de Correos. Se ve que se intenta unir el reparto de paquetes al de cartas sin mucho criterio ni medios para hacerlo, y también que se piden recorridos extra a los carteros sin conocimiento de lo que se está diciendo. Se achaca a que ahora ocupan cargos de responsabilidad directivos que desconocen por completo el negocio de Correos, algo que no pasaba antes de que llegara el anterior presidente de Correos, Juan Manuel Serrano, el amigo de Sánchez.

Parte de esta falta de visibilidad sobre el negocio es que las notificaciones se acumulan en las oficinas sin que lleguen a tiempo a sus receptores y sin que los responsables de distribución sean capaces de resolver este problema. No solo produce un problema para los receptores: Correos pierde dinero con ello, porque es uno de sus negocios más rentables, y prestigio, por la seguridad que daba con la firma de la notificación.

Por otra parte, se desconoce aún el número de personas que saldrá de Correos. Se ha hablado de 7.000, pero la empresa no lo da por hecho. Sí ha quedado claro su objetivo de reducir el gasto de personal al 70 % de los ingresos de la compañía. En la actualidad supone el 90 %, algo que la hace inviable.

Tampoco está claro que vaya a surgir una nueva oferta de empleo, aunque algún sindicato tiene mucho interés en ello. Como se ve, hay muchas incógnitas en el presente y futuro de Correos. La esperanza de la compañía es que todo lo resuelvan los 3.000 millones de euros que el Estado se ha comprometido a invertir en ella para reflotarla, pero todavía no se sabe cómo llegará ese dinero, cuándo y en qué se invertirá.

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