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La baja natalidad es una bomba de relojería para las pensiones

Facilitar que las familias puedan tener los hijos que quieran es invertir en el futuro de nuestro país

El estudio de Yale concreta que esta relación se da en madres y padres, por lo que podría no estar causada por los cambios cerebrales del embarazo

Sin una base amplia de jóvenes que sostenga con sus cotizaciones el sistema, el equilibrio es imposible

La baja natalidad de España no es un problema privado de quienes tienen menos hijos de los que desean. Se trata de un desafío para toda la sociedad. Facilitar que las familias puedan tener los hijos que quieran, sin que ello signifique un sacrificio desmedido, es invertir en el futuro de nuestro país: en una ciudadanía cohesionada, en una mayor productividad y en unas pensiones sostenibles.

La familia sigue siendo el primer lugar en el que se aprenden la empatía y la convivencia. Su función es básica en un contexto de equilibrio precario entre vida laboral y personal. De ello dependerá el bienestar de las próximas generaciones y la estabilidad de nuestra economía.

España atraviesa una transformación demográfica silenciosa, pero profunda. Cada vez nacen menos niños, la población envejece y el sistema de bienestar se tensiona. A ello se suma también un coste creciente en salud mental: las consultas de psicología y psiquiatría se encuentran saturadas de niños y adolescentes que han crecido con una presencia muy limitada de sus padres porque estos tienen dificultades para conciliar.

Por otro lado, aumenta la proporción de pensionistas respecto a la población en edad de trabajar. Así que la financiación de la Seguridad Social se convierte en un desafío cada vez mayor. Ante este escenario hay dos opciones: o se suben impuestos y cotizaciones sociales, o se incrementa la deuda pública. Desgraciadamente, se están haciendo ambas cosas. Con jubilaciones en aumento, la presión sobre las arcas públicas se agudiza. Sin una base amplia de jóvenes que sostenga con sus cotizaciones el sistema, el equilibrio es imposible. También por la fuga de talento: jóvenes que, ante las dificultades para emanciparse y formar una familia, deciden emigrar a países con mejores condiciones de vida.

Menos nacimientos, menos dinamismo

La edad de jubilación media es de 65,3 años en España

La edad de jubilación media es de 65,3 años en España

La falta de relevo generacional impacta también en la economía real. Menos jóvenes significa menos consumo, menos innovación y menos dinamismo. Una economía envejecida tiende a crecer despacio, recauda menos y dispone de escasos recursos para sostener el Estado del bienestar. En España, con una fecundidad de apenas 1,12 hijos por mujer —lejos del nivel de reemplazo generacional de 2,1—, este desequilibrio se agrava.

Criar un hijo en España cuesta, de media, 335.000 euros hasta los 18 años. Pero más allá de la cifra, lo que pesa es la percepción de que formar una familia implica un sacrificio difícil de asumir. La combinación de salarios modestos, empleo precario y dificultades en conseguir vivienda empuja a retrasar la maternidad y la paternidad. Y cuanto más se pospone el primer hijo, menor es la probabilidad de tener un segundo.

Conciliación: el factor fundamental

Es en los primeros años de vida de los hijos —de 0 a 3— cuando las familias más apoyo necesitan, especialmente si no hay una red pública suficiente. En España, las guarderías privadas cuestan entre 300 y 600 euros al mes, un gasto prohibitivo para muchos.

Las políticas natalistas más efectivas son las que facilitan conciliar el trabajo y la crianza. Además de servicios asequibles de educación y cuidado infantil, se requieren permisos parentales largos y remunerados, con un tramo intransferible para los varones que normalice su papel desde el inicio. La flexibilidad horaria o el teletrabajo son fundamentales para que criar no se perciba como un obstáculo insalvable para la vida profesional.

Las políticas natalistas más efectivas son las que facilitan conciliar el trabajo y la crianza

La conciliación resulta clave para el desarrollo de los hijos. Cuando los niños crecen con padres ausentes por motivos laborales, su bienestar y su salud mental se resienten.

No se trata de invertir más, sino de invertir bien

Afrontar este invierno demográfico exige actuar sobre tres frentes de forma simultánea: empleo, vivienda y conciliación. Un mercado laboral más estable y mejor remunerado reduce la incertidumbre y hace viable el proyecto familiar; un acceso a vivienda asequible permite emanciparse antes y tener hijos sin comprometer el futuro financiero; y una red pública robusta para la primera infancia alivia la carga mental y económica de los padres.

Un programa ambicioso de apoyo a la natalidad incluiría una red universal de atención de 0 a 3 años, permisos parentales bien pagados y políticas de conciliación. Pero la clave no está solo en gastar más, sino en gastar mejor: escalar las medidas que funcionan, aprendiendo de experiencias internacionales.

El objetivo último no es solo revertir las estadísticas demográficas, sino construir una sociedad que ponga en valor el cuidado y el relevo generacional. Como señaló el héroe nacional cubano, periodista y filósofo José Martí: «para los niños trabajamos, porque los niños son la esperanza del mundo.»

Rafael Pampillón Olmedo es Catedrático en la Universidad CEU San Pablo y en la Universidad de Villanueva

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