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Nadia Calviño y Yolanda Díaz, en una imagen de achivo.

Nadia Calviño y Yolanda Díaz, en una imagen de achivo.EP

Calviño ajusta cuentas con Yolanda Díaz y Pablo Iglesias en su nuevo libro y presume de frenar sus ideas «radicales e irresponsables»

La actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones publica 'Dos mil días en el Gobierno', un relato de sus experiencias a lo largo de cinco años y medio al frente del Ministerio de Economía

Con la distancia que ofrece la presidencia del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño acaba de publicar este jueves Dos mil días en el Gobierno, un relato de sus experiencias a lo largo de cinco años y medio al frente del Ministerio de Economía. En el libro, la exministra salda cuentas con Yolanda Díaz, a la que acusa de hacer una política «de tierra quemada», y Pablo Iglesias, con quien tuvo un enfrentamiento por el primer paquete de medidas en respuesta a la pandemia.

Calviño, que no cita a Díaz directamente, acusa al Ministerio de Trabajo de «hacer imposible un acuerdo equilibrado en un clima de entendimiento». «Siempre encontraba la misma puerta de salida: arrinconar a los empresarios en una posición inasumible, llegar a un acuerdo bilateral con los sindicatos y, ante el coste político de no validarlo, poner presión al resto del Gobierno, encabezado por el Ministerio de Economía, para aceptarlo para así aparecer como vencedor de una batalla ficticia en la que, la verdad, nadie ganaba nada», señala.

Entiende que Díaz aplicaba «una política de tierra quemada y hechos consumados» y acusa a la actual vicepresidenta segunda de poner sobre la mesa de los agentes sociales textos no acordados previamente y negarse a mantener reuniones con el resto de ministerios. «Tratamos por todos los medios de evitar una situación de conflicto y bloqueo, pero enseguida vimos que el Ministerio de Trabajo empezaba el nuevo curso con su estrategia habitual: puso sobre la mesa de los agentes sociales textos no acordados previamente, negoció con los sindicatos posiciones extremas para arrinconar a los empresarios, negándose a tener reuniones con el resto de los ministerios competentes (Economía, Hacienda, Seguridad Social, Educación y Agricultura) y trató de llevarlo todo a un enfrentamiento bilateral con el Ministerio de Economía y, en concreto, a un enfrentamiento personal conmigo», apunta.

Sobre Pablo Iglesias, Calviño asegura que solo conversó con el exvicepresidente una vez a raíz del primer paquete de medidas en respuesta a la pandemia, en marzo de 2020. «Empezó fuerte: 'Te voy a decir lo que tienes que hacer para que el Real Decreto Ley pase: además de congelar el pago de los créditos hipotecarios, hay que congelar el pago de todos los alquileres del país'. Le dije que no podíamos hacerlo sin evaluar con cuidado el impacto que podría tener, muy significativo, sobre todos los propietarios de viviendas, muchos de ellos personas de clase media. No me dejó terminar mi razonamiento y repitió que el Real Decreto Ley solo saldría bajo sus con diciones. Me amenazó con hablar con el presidente, entonces le dije: 'Tú mismo...', y así terminó la conversación. El Real Decreto Ley salió adelante y no volvimos a tener prácticamente ningún contacto bilateral», explica en el libro.

La actual presidenta del BEI reconoce que «con el Gobierno de coalición, el primero desde la vuelta de la democracia a España y casi el único en Europa con participación de un partido de extrema izquierda, me convertí para una parte del Gobierno en el enemigo a batir y, al mismo tiempo, para muchos ciudadanos y sectores del mundo económico nacional e internacional en el principal frente de resistencia ante las ideas más radicales e irresponsables del socio minoritario».

Calviño desvela que se planteó su continuidad tras el acuerdo suscrito con Bildu en mayo de 2020 durante la negociación de la prórroga del Estado de alarma por la pandemia, momento en el cual le transmitió al presidente que, si ese era el plan, «no sabía qué hacía en el Gobierno». «No estaba segura de si tendría otra perspectiva al día siguiente, pero, en ese momento, no veía ningún sentido a mi trabajo. Sufríamos el acoso diario de los escraches en la puerta de casa, mis hijos recibían amenazas, trabajábamos veinticuatro horas al día para tratar de salvar la economía... Y parecía que a nuestro alrededor todos actuaban de forma irresponsable, poniendo en riesgo lo verdaderamente importante», relata.

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