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El economista Carlos Rodríguez Braun, en El Debate.

El catedrático Carlos Rodríguez Braun, en El Debate.Paula Argüelles

Serie 'El ahogo fiscal'

Rodríguez Braun: «El Gobierno caradura dice que ha bajado los impuestos, pero ha habido una subida enorme»

El catedrático piensa que los españoles ya penalizan con su voto a quien le sube los impuestos, y por eso el actual Ejecutivo de Sánchez emplea sus trucos para que parezca que no lo hace

La presión fiscal a la que nos someten en España, medida como la recaudación total de impuestos y cotizaciones sociales entre el Producto Interior Bruto (PIB), estaba por debajo del 15 % en el año 1965, según la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). En 1977 apenas rozaba el 20 %, y desde entonces ha ido subiendo, con algunas oscilaciones: en 1987 llegó al 30 %, en 2007 subió al 35 % y tras la recuperación de la crisis financiera de 2009-2012 ascendió al 38 %. Entre 2020 y 2023, los ingresos fiscales en España han crecido un 34 %. Junto con otros siete países, estamos en la franja de presión fiscal del 35 % al 40 %, cerca de la media del 40 % de la Unión Europea. Una presión considerable. Hablamos sobre ello con el catedrático de Economía Carlos Rodríguez Braun.

—¿Tenemos un nivel adecuado de impuestos?

—Lo primero que hay que mirar no son los ingresos, sino el gasto, porque el gasto es en realidad la presión fiscal: lo que se va a pagar. Arriba hay que poner el gasto, que se va a pagar, no sabemos cómo; obviamente con una combinación de impuestos y deuda, porque la deuda también es un impuesto. No hay que olvidar que en medio de este proceso ha explotado la deuda pública, no solamente en España, sino también en otros países. Eso por el lado del numerador, pero por el lado del denominador, ¿por qué lo vamos a dividir? Si es por el PIB, a menudo se evita considerar un asunto importante, sobre todo en España, que es la economía sumergida. La nuestra es superior a la media europea, y no paga impuestos. Si quieres compararte con Europa, tienes que incluir esa economía sumergida en tu ecuación.

La economía sumergida no paga impuestos, y en España es diez puntos superiores a la media europea

—Claro, porque en ese caso estamos por encima de la UE. Varios estudios recientes sitúan nuestra economía sumergida entre el 20 % y el 25 % del PIB, unos diez puntos más que la media de la Unión Europea.

—En el momento en el que admitas que España tiene una economía sumergida superior a la media europea, no puedes hacer comparaciones fiscales. La verdadera presión fiscal es dividir la recaudación total del Estado por el número de personas que pagan. Al narco de Algeciras le traen al fresco los impuestos. La presión fiscal adecuada es la que la gente aguanta antes de cortar el cuello al presidente, o, lo más importante, antes de empezar a votar sistemáticamente contra aquellos partidos identificados con las subidas de impuestos. Ya hay algunos datos sobre eso. La presión fiscal en los países nórdicos ha ido bajando en los últimos veinte o treinta años porque la gente se hartó de pagar tantos impuestos. En los últimos tiempos se han ido estabilizando, también en España, y mi conjetura es que se debe a que los políticos se están dando cuenta de que la sensibilidad del pueblo español ha cambiado. Ya no tolera la presión fiscal. No se cree el cuento clásico de la progresividad, de que los impuestos va a pagarlos otro. Antes se compraba ese argumento. Felipe González pudo ganar cuatro elecciones seguidas habiendo subido los impuestos en unas elecciones en comparación con las anteriores. La gente veía que tenía sanidad pública, pensiones y educación pagando un poco más, pero los que más pagaban eran los ricos. Ahora sospecho que estamos en ese punto en el que no puedes subir los impuestos sin que la masa de la población perciba que es ella la que va a pagar, no los ricos, los terratenientes, las multinacionales... Y cuando la gente percibe eso, puede cambiar su conducta electoral. Fue una de las razones por las que Rajoy perdió millones de votos. La gente identificó a Montoro con una persona odiosa.

—Hasta entonces nadie sabía quién era el ministro de Hacienda.

—Así es. Nadie sabía quién era mi amigo Jaime García Añoveros -ministro de Hacienda entre los años 1979 y 1982-. De Borrell se recuerda que persiguió a Lola Flores... Con Montoro la gente se dio cuenta de que se les perseguía a ellos, a cada mujer y a cada hombre. Se convirtió en un personaje odioso. Me parece que esa es la situación en la que estamos ahora. Avala también la explosión de la deuda pública. Aumenta porque quieres gastar para legitimarte políticamente. Si financias ese gasto con subidas de impuestos, te corren a gorrazos. Entonces, aumentas la deuda y desatas todos los esfuerzos posibles para que la gente no se dé cuenta de la subida de la presión fiscal: no ajustas las tarifas de IRPF por la inflación -no deflactas-, etc. Y entonces dicen que ellos no han subido los impuestos. Incluso los caraduras dicen que los han bajado, cuando ha habido una subida enorme, como todos sabemos, pero la han ocultado mediante toda clase de artilugios: impuestos ecológicos, tasa de basuras... Repiten una y otra vez el argumento de los ricos, lo malo que es el mercado... Incluso Pedro Sánchez decía hace unos días que el liberalismo ha fracasado durante décadas. Lo que ha fracasado ha sido el socialismo.

Antes nadie sabía quién era el ministro de Hacienda. Con Montoro la gente se dio cuenta de que se les perseguía a ellos, a cada mujer y a cada hombre. Se convirtió en un personaje odioso.

—¿Es sostenible esta situación?

—Depende de la gente. Si queda claro que no van a votarte en el momento en el que te identifiquen con un político que sube los impuestos, se abre la oportunidad de una competencia virtuosa en donde los políticos empiezan a competir en quién baja los impuestos, como ya está pasando. Es una bandera que los socialistas se han dejado arrebatar tontamente por el PP. Si preguntas a la gente qué partido baja los impuestos en España, responderá que el PP, y no tiene por qué ser inevitablemente así. El PP subió los impuestos con Rajoy. Ahora eso ha cambiado. Los socialistas solo tuvieron un coqueteo con esta cuestión cuando ganó Zapatero: había dicho que bajar los impuestos era de izquierdas, pero luego lo olvidó cuando asumió el poder. Los políticos más listos son los que se anticipan a las reacciones del pueblo.

—Pensando en el bien de la economía española, ¿cómo reformaría los impuestos, si tuviera que hacerlo?

—Si subes el IVA, como piden algunos, te penaliza en los votos. Lo más socorrido siempre es castigar a los ricos y a las empresas. Consigues escalar el mensaje fundamental de los estatistas: que el impuesto lo paga otro. Si castigas a los ricos subiendo el impuesto de Patrimonio, se van; si los subes a las empresas, se van... A este respecto, Milei decía hace unos días en el Financial Times que quería bajar en diez puntos el gasto público sobre el PIB. Esas son las reformas que habría que hacer. Si quieres resolver el problema del crecimiento lánguido que tienen todos los países de Europa por culpa de esta presión fiscal asfixiante, no valen paños calientes. Hay que ver lo que está pasando en Francia, Alemania, Reino Unido... Están metidos en un lío del que no saben salir: si suben los impuestos, pierden las elecciones; si se dispara la deuda pública, tendrán problemas presupuestarios, porque la deuda hay que pagarla. Si la pagas mediante la inflación, también vas a perder las elecciones. Están en un callejón sin salida, y por eso viene a cuento la solución de Milei: pone el dedo en la llaga.

Milei ha hablado de reducir el gasto en diez puntos sobre el PIB. Esas son las reformas que hay que hacer.

—El Gobierno dice que el gasto público y los impuestos son necesarios para mantener el Estado de Bienestar.

—También hay que bajar el gasto público en el Estado del Bienestar. Lo primero que dice el PP, por ejemplo, es que el gasto en el Estado de Bienestar no se toca, y solamente se baja el gasto superfluo. Da una idea perfecta de los problemas políticos que tiene todo este asunto. Si el gasto es superfluo, nunca debería estar. Da una idea del problema político delicadísimo que tienen que afrontar. En el momento en que digas que vas a contener el gasto en pensiones, el partido contrario te dice que vas a matar de hambre a los pensionistas. La dinámica ahora es la contraria. Por eso, el Gobierno quitó el factor de sostenibilidad, que contenía un poco el gasto en pensiones.

—¿Habría algún espejo en el que fijarse en esta cuestión de los impuestos? ¿Los países nórdicos, como algunos mencionan?

—Los países nórdicos, no. Tienen una presión fiscal elevadísima, que han bajado a la media europea. En realidad, no hay modelos. Unos Estados se copian a otros. Todos somos bastante parecidos. Hay que recordar que en España todos los gobiernos, desde Adolfo Suárez, han tenido proyectos de reforma fiscal. Más o menos han ido aplicándolos un poco o guardándolos en un cajón. Lo que hacen los gobernantes son cálculos políticos: cálculos de votos. Si dices que vas a bajar el IRPF o el Impuesto de Sociedades, te contestan que pierdes recaudación, y te preguntan cómo vas a pagar entonces la sanidad, la educación o las pensiones. Es una rueda de la que es muy difícil salir. Antes de hacer una reforma fiscal, hay que pensar cómo está la opinión pública; si va a ser capaz de aguantar la contención de gasto público en unos servicios públicos que aprecia mucho.

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