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Trabajadores en una obra.

Trabajadores en una obra.Getty Images

Contratar cuesta hoy un 30 % más que hace diez años, con el SMI como principal escollo

España aplica una de las mayores cargas sobre el trabajo de su entorno mientras mantiene niveles de renta y competitividad inferiores a la media europea

Contratar a un trabajador cuesta un 30 % más que hace diez años, pese a que los salarios reales apenas han avanzado un 6 % en ese periodo. Un informe de la Fundación Civismo advierte de que la subida del SMI y el incremento de las bases de cotización han encarecido el empleo muy por encima de la productividad. El resultado es que las empresas soportan un coste creciente que no se traduce en mayor poder adquisitivo y que reduce los incentivos para contratar.

La última década ha consolidado un encarecimiento del empleo muy superior a la evolución de las rentas salariales. Según el informe La evolución de las cargas para los generadores de empleo en España (2000-2025), el coste laboral total ha crecido en torno a un 30 % desde 2015, impulsado principalmente por el incremento de las cotizaciones sociales, la subida de las bases de cotización y la creación de nuevos recargos.

En el mismo periodo, el salario real solo ha avanzado un 6 %, de acuerdo con los datos recopilados por Civismo. El documento señala que los «otros costes» –fundamentalmente cotizaciones obligatorias– representan ya el 25,8 % del coste laboral total. En 2025, el coste mensual por trabajador se sitúa en 3.256 euros, de los que 840 corresponden a componentes no salariales.

El informe señala tres factores clave en el aumento del coste de contratar: el SMI, el incremento de las bases de cotización y la implantación del MEI. Entre 2015 y 2025, la base mínima ha aumentado un 75 % y la máxima un 34 %, mientras que el salario mínimo –vinculado a la base mínima en gran parte de los regímenes– se ha elevado alrededor de un 60 % desde 2017. El mecanismo de equidad intergeneracional, por su parte, ha añadido un 0,8 % adicional en 2025, con una senda prevista hasta el 1,2 %.

«El SMI ha tenido un impacto mayor en pymes y microempresas, y especialmente en sectores más intensivos en mano de obra», explica Albert Guivernau, director de la Fundación Civismo. A su juicio, este incremento ha afectado con especial intensidad al tipo de empresa predominante en España, «que tienen menos músculo financiero».

Los efectos son más evidentes en actividades con salarios más bajos o productividad limitada

Los efectos son más evidentes en actividades con salarios más bajos o productividad limitada. Guivernau señala que «en el sector primario agrícola es también muy evidente». Recuerda que «casi el 60 % del sector primario cobra el salario mínimo interprofesional» y que «en el momento en el que los subes por decreto, los costes de todas estas explotaciones se encarecen de golpe». Esta dinámica «también explica en parte la reducción de los trabajadores del sector primario».

El informe de Civismo destaca igualmente la vulnerabilidad de sectores intensivos en mano de obra como el turismo, la hostelería, el comercio o los servicios personales.

Agujero de competitividad

El desajuste entre costes y productividad es una de las advertencias centrales del estudio. Entre 2015 y 2025, los costes laborales unitarios han aumentado en torno a un 2,5 % anual, mientras que la productividad por hora trabajada lo ha hecho un 1,7 %. El resultado, según Civismo, es una pérdida acumulada de más de ocho puntos de competitividad respecto a la zona euro. Guivernau incide en que «los salarios han crecido mucho menos de lo que han crecido los costes laborales». Esto implica, añade, que «los incentivos para no contratar son muy elevados».

España recauda como los países más ricos, pero sin su capacidad de pago ni su productividad

El contexto actual ha ampliado estas diferencias. Guivernau subraya que «ha habido un crecimiento neto en términos poblacionales de alrededor de 400.000 personas», lo que «tira para arriba de la actividad económica», pero sin mejorar la posición relativa del país. «Es un crecimiento artificial del PIB, pero no está reduciendo los problemas estructurales del mercado laboral», afirma.

En términos per cápita, España no consigue cerrar la brecha con la media de la Unión Europea, ni reducir de forma sostenible su tasa de paro, que se mantiene entre las más elevadas del continente. El informe sitúa la cuña fiscal del trabajo en el 40,6 % en 2024, seis puntos por encima de la media de la OCDE. La presión fiscal total ronda el 37-38 % del PIB, niveles superiores a los de economías con mayor renta por habitante. Como señala el informe, España recauda como los países más ricos, pero sin su capacidad de pago ni su productividad.

Desequilibrio generacional

Guivernau relaciona el problema del coste laboral en la dificultad creciente para sostener el sistema de pensiones. «Es un sistema piramidal que está llamado al colapso», asegura. «Si el sistema de pensiones fuera una empresa, seguramente ningún banco le prestaría dinero porque no hay una perspectiva de que la situación vaya a mejorar».

Y concluye advirtiendo de que el ajuste «acabará aplicándose», bien porque «algún gobierno valiente lo haga o por una imposición de Europa».

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