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José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España.

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10/7/2025

José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España.WWW.DANIELHARO.COM/Europa Press

Vender más no bastará: en 2026 la clave será producir mejor

España mira 2026 con más optimismo que Europa, pese a un 2025 de desgaste, en el que la energía y los costes laborales estrecharon márgenes y empujaron a estrategias defensivas. El éxito de los próximos 12 meses se decide en coste por unidad

Otra cosa no, pero España ostenta el primer puesto cuando se trata de optimismo. Fruto o no de las horas de sol de más que tenemos al día, lo cierto es que esa actitud domina el territorio nacional en mayor proporción que en los países vecinos. La confianza de las empresas españolas respecto a la evolución de su negocio en los próximos doce meses marca un saldo positivo de 23 puntos, notablemente por encima de la media de la UE (5,8) y de la zona euro (4).

Así lo revela la Encuesta de Perspectivas Empresariales, elaborada por la Cámara de Comercio de España, que concreta, además, los pilares de ese optimismo: el comportamiento de las exportaciones y las ventas nacionales y la marcha del empleo y la inversión, aunque estas dos últimas en menor medida.

La confianza de las empresas españolas respecto a los próximos doce meses está notablemente por encima de la UE

Al parecer, la actividad de 2025 no tendría la fuerza suficiente para explicar una actitud tan positiva ya que la victoria en términos de facturación ha sido incómoda. La última temporada se despide dejándonos más movimiento comercial, pero también una presión persistente sobre la cuenta de resultados que ha obligado a pelear en trincheras: contener gastos, priorizar inversiones y medir cada subida de precio.

Cerramos un ejercicio en el que, tal y como señala el consultor estratégico Xavier Gastaminza, las empresas vendieron más, pero la energía y los costes laborales estrecharon sus márgenes. El nivel de ingresos se mantuvo gracias a la demanda interna (sobre todo por el turismo y los servicios), aunque la estrategia fue más defensiva que de expansión. Las compañías navegaron la marea inflacionaria con recortes de gasto no esencial y sin repercutir por completo los aumentos de los insumos en el precio final.

De cara a 2026, se dibuja un escenario base de crecimiento moderado, con márgenes sostenidos por el consumo dentro de fronteras y una tregua en el precio del dinero. Al Sector Público, por su parte, también se le espera como agente acelerador económico dado su papel como ejecutor de fondos. «El consumo discrecional de los hogares se enfría por una cuestión de prudencia tras años de inflación y tipos altos», matiza el también economista. «Lo relevante es que hoy la demanda no parece el freno principal del ecosistema de los negocios». De hecho, la Encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial (EBAE) revela que la escasez de demanda como factor limitativo de la facturación marca un mínimo histórico, en torno al 10 %, a fecha de junio.

Equilibrio: tan deseable como frágil

No obstante, el desempeño económico discurre por una línea roja. El experto baraja cierta probabilidad para un giro (dramático) de guion que tensaría el clima de optimismo. Por un lado, un repunte de la inflación subyacente que obligue a mantener los tipos altos más tiempo del previsto; por otro, un frenazo brusco de la demanda exterior que enfríe exportaciones y acabe contagiando a la inversión y al empleo.

La intensidad del nuevo año se decidirá en tres frentes de combate: la geopolítica, el capital y el talento. El tablero internacional marcará el ritmo de caja de las compañías, mientras que el coste del dinero –aun incluso en niveles estables– seguirá presionando a bancos e inversores que exigirán una mayor disciplina financiera para crecer. Por último, las previsiones apuntan a un déficit de perfiles cualificados en oficios técnicos, digitales y cargos intermedios fundamentalmente y, por ende, una menor capacidad de ejecutar. «El gran cuello de botella no será tecnológico, será humano». Y es que casi cinco de cada diez organizaciones declaran problemas para incorporar plantilla, lo que se traduce en una operativa más cara: suben las horas extra y la rotación, se dan más fallos y la productividad cae.

Casi cinco de cada diez organizaciones declaran problemas para incorporar plantilla

Mientras que el sector exterior (en concreto, el turismo y la venta internacional de servicios) y la actividad de las administraciones públicas serán los tractores del 26, no tendrán tanto viento a favor las industrias más sensibles a tipos, más intensivas en energía y materias primas y con una alta dependencia de mano de obra. Se trata de negocios a los que el consultor califica de apalancados –como la construcción o el inmobiliario– y energívoros –como la industria pesada o el transporte–. La lógica se antoja sencilla: si no se puede subir precios y los costes no ceden a la baja, el riesgo aumenta y cualquier shock se traduce en caída de margen.

A partir del 1 de enero, la pregunta no es si habrá crecimiento, sino a qué coste y con qué herramientas se defiende el margen. La rentabilidad no se origina (o no solo) de una actitud positiva, sino con productividad. «La ventaja durante 2026 no estará en vender más, sino en producir mejor. Es decir, la rentabilidad se jugará menos en volumen y más en coste por unidad», concluye el economista. Él mismo apuesta por mejoras operativas para capear cualquier vendaval: automatizar allá donde el retorno sea inmediato, rediseñar procesos para reducir tiempos y mermas y convertir la energía en una variable gestionable (sin factores sorpresa) por medio de contratos que reduzcan su volatilidad.

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