Fachada de la sede de Repsol, en Madrid (España).
La salida de Maduro abre nuevas incógnitas para Repsol, BBVA y Telefónica en Venezuela
La petrolera lleva meses afrontando trabas para operar con normalidad tras la decisión de Estados Unidos de revocar la licencia que le permitía exportar crudo venezolano
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos abre una etapa de incertidumbre para las empresas españolas con presencia en Venezuela, un país con fuertes vínculos históricos con España. Repsol, Telefónica y BBVA llevaban tiempo reduciendo su exposición al país, y el posible cambio de Gobierno abre ahora un nuevo periodo de incógnitas sobre su futuro.
El caso de Repsol es el más destacado. La petrolera española lleva meses afrontando trabas para operar con normalidad tras la decisión de Estados Unidos de revocar la licencia que le permitía exportar crudo venezolano. Esa autorización era esencial para recuperar parte de la deuda que la petrolera estatal venezolana mantiene con la compañía –más de 600 millones de euros, según fuentes de la empresa– mediante entregas de petróleo. La salida de Maduro abre la posibilidad de que Repsol pueda volver a solicitar esa licencia, aunque por ahora el desenlace sigue siendo incierto.
Telefónica, por su parte, confirmó el pasado mes de noviembre su intención de salir de Venezuela como parte de su plan estratégico 2026-2029. La operación, sin embargo, estaba condicionada a la aprobación del Gobierno de Maduro, lo que dificultaba la venta de activos, por lo que su salida sigue siendo una incógnita.
También BBVA mantiene presencia en Venezuela a través de su filial BBVA Provincial, con unos 2.000 trabajadores. En los últimos años, el banco ha reducido de forma significativa su exposición al país, adaptándose a un mercado cada vez más limitado.
Ese repliegue empresarial ha ido en paralelo al deterioro de los intercambios comerciales entre ambos países. Según los datos de DataComex, el comercio bilateral entre España y Venezuela ha atravesado diferentes fases desde mediados de los años noventa. En los primeros años, el intercambio creció de forma relativamente equilibrada, con exportaciones e importaciones moviéndose en niveles similares. Sin embargo, a partir de la década de los 2000, el peso del petróleo comenzó a inclinar la balanza.
Las importaciones españolas procedentes de Venezuela han estado dominadas de forma abrumadora por el petróleo. En los años de mayor intensidad –especialmente entre 2005 y 2014–, el crudo y sus derivados explicaron la mayor parte del flujo comercial desde Caracas. El pico se alcanzó en 2006 y 2007, cuando las compras españolas superaron ampliamente los 1.500 millones de euros anuales, impulsadas por un contexto internacional favorable para el petróleo y por unas relaciones diplomáticas relativamente estables.
A partir de ahí, el patrón se volvió errático. Las importaciones cayeron con fuerza tras el desplome de la producción venezolana, el endurecimiento de las sanciones internacionales y el deterioro institucional del país. Hubo repuntes puntuales –como en 2012, 2014 o más recientemente en 2024–, pero siempre relacionados con operaciones concretas. En 2025, las importaciones volvieron a moderarse, reflejando de nuevo esa volatilidad.
Por el contrario, las exportaciones españolas a Venezuela han sido más diversificadas. A lo largo de los años, España ha vendido al mercado venezolano maquinaria y aparatos mecánicos, material eléctrico, productos químicos, vehículos, material ferroviario, productos farmacéuticos, bienes de consumo, libros y manufacturas industriales, entre otros.
El periodo de mayor dinamismo exportador se produjo entre 2010 y 2013. En esos años, las ventas españolas superaron los 1.000 millones de euros anuales, con máximos históricos en 2011 y 2012. Fue una etapa en la que coincidió una mayor presencia empresarial española, proyectos de infraestructuras, suministro de bienes industriales y un entorno relativamente amable para las empresas extranjeras.
A partir de 2014, con el deterioro político y económico ya bajo el mandato de Maduro, la tendencia cambió. Las exportaciones comenzaron a caer de manera casi ininterrumpida hasta tocar mínimos históricos entre 2017 y 2021. La combinación de hiperinflación, controles de capital, inseguridad jurídica y sanciones internacionales redujo drásticamente la capacidad de Venezuela para importar bienes y pagar a proveedores extranjeros. Aunque en los últimos años se observa una ligera recuperación, los niveles actuales están muy lejos de los máximos de la década pasada.
Diáspora venezolana
Al mismo tiempo que las relaciones comerciales se han enfriado, se ha producido una intensa diáspora de ciudadanos venezolanos hacia España. En la última década, su número se ha multiplicado por siete hasta convertirse en la quinta nacionalidad extranjera más numerosa del país.
Su presencia se ha traducido en inversión en sectores como el comercio, los servicios o la hostelería, así como en una aportación relevante al mercado laboral. Paradójicamente, mientras el intercambio comercial se ha debilitado, los vínculos económicos y sociales entre ambos países se han reforzado.