Dólar débil y oro fuerte: una amenaza para Europa
Para las empresas europeas, vender en dólares significa hoy ingresar menos euros por el mismo producto
Lingotes de oro
Desde hace un año, el sistema monetario internacional ha entrado en una fase de reajuste profundo. El dólar se ha depreciado de forma sostenida frente al euro. Al mismo tiempo, el oro se ha convertido en un termómetro de la desconfianza global. Este movimiento no es neutro. Tiene consecuencias económicas y geopolíticas para Europa y, por tanto, para España.
El oro es un síntoma de desconfianza. Su ascenso refleja algo inquietante: la búsqueda de un activo que no dependa de ninguna jurisdicción política ni de la credibilidad de un Estado. El oro ha escalado, en un año, desde los 2.500 hasta cerca de los 5.000 dólares por onza.
A diferencia de las divisas, el oro no promete rentabilidad futura ni depende de bancos centrales. Precisamente por eso, cuando la confianza institucional se erosiona, como ocurre hoy en Estados Unidos, con elevados déficits y deuda pública, el oro reaparece como último refugio.
Depreciación del dólar y estabilidad de precios en Europa
En un año, el dólar ha pasado de cotizar cerca de 1,02 dólares por euro a moverse en torno a 1,18. Esta depreciación del dólar tiene efectos radicalmente distintos a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos, una moneda más débil encarece las importaciones, eleva los precios internos y alimenta presiones inflacionistas. El encarecimiento de materias primas cotizadas en dólares actúa como un impuesto invisible para el consumidor estadounidense.
La debilidad del dólar encaja perfectamente con la estrategia económica de Trump: favorecer exportaciones, penalizar importaciones y reindustrializar Estados Unidos a través de las barreras comerciales y el tipo de cambio
En Europa sucede lo contrario. La apreciación del euro abarata las importaciones, especialmente energía y productos manufacturados estadounidenses. A corto plazo, esto ayuda a contener la inflación. Aunque, desgraciadamente, para las empresas europeas, vender en dólares significa hoy ingresar menos euros por el mismo producto.
Europa abierta, EE. UU. protegido: una asimetría preocupante
El problema para Europa se agrava, ya que mantiene un acceso prácticamente libre de aranceles a los productos estadounidenses, mientras que Estados Unidos combina dos mecanismos de protección simultáneos.
Por un lado, aranceles del 15 % sobre numerosos productos procedentes de la Unión Europea. Por otro, una depreciación del dólar que actúa como un arancel encubierto adicional. El resultado es una doble protección para la industria estadounidense y una entrada brutal de productos y servicios americanos en Europa.
Esta asimetría no es accidental. La debilidad del dólar encaja perfectamente con la estrategia económica de Trump: favorecer exportaciones, penalizar importaciones y reindustrializar Estados Unidos a través de las barreras comerciales y el tipo de cambio.
Con una inflación del 1,9 %, el BCE ha cumplido su mandato de estabilidad de precios. Entonces, ¿qué debe hacer el BCE en un contexto de estancamiento en Alemania, Francia e Italia? Quizá realizar una bajada gradual de tipos sería coherente con el objetivo de contener precios y, a la vez, incentivar inversión, crecimiento y empleo.
España: entre el alivio inflacionario y el daño competitivo
Para España, el impacto es más indirecto que para otras economías europeas. Tiene ventajas, ya que la apreciación del euro contiene la inflación, lo que alivia al consumidor, sin afectar de forma significativa a las exportaciones industriales o agroalimentarias, dada su limitada exposición al mercado estadounidense.
Pero también hay desventajas: el turismo de alto valor añadido procedente de EE. UU. se encarece con un euro fuerte. Además, el euro fuerte aumenta el estancamiento económico de las grandes economías del euro, de cuya situación económica depende en gran medida el crecimiento español.
La pregunta ya no es cuándo perderá el dólar su hegemonía. La pregunta es qué coste tendrá para Europa este periodo intermedio
La paradoja es evidente: Europa gana estabilidad de precios, pero pierde tracción económica. Estados Unidos asume más inflación, pero protege empleo e industria. El ajuste no es simétrico.
Un mundo sin referencias claras
Estamos ante una rebelión contra el dólar que recorre las bolsas y los bancos centrales. En ese contexto, el capital se fragmenta: parte va al oro como refugio absoluto; parte al euro como alternativa institucional; parte a otras divisas defensivas.
La pregunta ya no es cuándo perderá el dólar su hegemonía. La pregunta es qué coste tendrá para Europa este periodo intermedio, en el que EE. UU. se protege y nuestro continente juega con reglas de un mundo que ya no existe. Y esa es precisamente una definición de crisis: la situación en la que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.
- Rafael Pampillón es catedrático de la Universidad CEU San Pablo y del IE Business School