Personas comprando en una frutería.
La guerra en Irán amenaza con reactivar la inflación: el IPC podría volver a superar el 3 %
El encarecimiento de la energía y las tensiones en las rutas marítimas elevan el riesgo inflacionario si el conflicto se prolonga
La escalada del conflicto en Irán vuelve a situar a la economía mundial ante un riesgo que había empezado a remitir: el de un nuevo repunte de la inflación impulsado por la energía. Aunque el impacto dependerá en gran medida de la duración de la guerra y de su posible escalada, varios expertos advierten de que el encarecimiento del petróleo y del gas ya está introduciendo nuevas presiones sobre los precios.
Uno de los principales focos de preocupación es el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Cualquier interrupción en este paso estratégico tendría consecuencias inmediatas sobre el mercado energético y, por extensión, sobre la inflación global.
Según explica el investigador principal para Energía y Clima del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, el conflicto ha provocado ya «un choque de oferta» en los mercados energéticos que podría traducirse en más inflación en los próximos meses. «La situación es muy seria y muy grave», advierte, aunque subraya que todavía no se ha alcanzado un escenario comparable al de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.
En aquel momento, el petróleo llegó a cotizar por encima de los 180 dólares por barril y el precio del gas en el mercado ibérico superó los 200 euros por megavatio hora. Las cotizaciones actuales se sitúan todavía muy por debajo de esos niveles, lo que alimenta la idea de que el impacto podría ser limitado si el conflicto no se prolonga demasiado.
Las previsiones apuntan, en todo caso, a un repunte temporal de la inflación. La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) calcula que el índice de precios de consumo podría volver a superar el 3 % en los próximos meses antes de moderarse hacia finales de año hasta niveles cercanos al 2,5 %, que era la previsión previa al estallido del conflicto.
Este escenario parte de la hipótesis de que la guerra tenga una duración limitada, en torno a tres meses. Si la contienda se prolongara o si se produjera la destrucción de infraestructuras energéticas clave, el impacto podría ser mucho mayor debido a las posibles interrupciones en los flujos de petróleo y gas.
En esa línea se pronuncia también el director general del Instituto de Estudios Económicos, Gregorio Izquierdo, quien advierte de que el cierre del estrecho de Ormuz o daños en instalaciones energéticas provocarían un fuerte encarecimiento del crudo. «La transmisión del precio del petróleo a la economía suele ser bastante rápida», explica.
De hecho, Izquierdo considera posible que el dato adelantado del IPC de marzo, que publicará el Instituto Nacional de Estadística el próximo día 27, ya refleje parte del encarecimiento de la energía.
El impacto sobre los precios no se limita al combustible. El aumento de los costes del transporte y las posibles interrupciones en las cadenas de suministro podrían trasladarse también a otros sectores de la economía.
Entre los productos especialmente sensibles a esta situación se encuentran los fertilizantes, cuya producción depende en gran medida de la energía. Su encarecimiento terminaría repercutiendo en los costes de producción agrícola y, posteriormente, en los precios de los alimentos.
Aun así, los expertos coinciden en que el efecto inflacionario podría ser transitorio si el conflicto se contiene en el tiempo. Las presiones sobre los precios «pueden remitir si esto es temporal», aunque algunas tensiones podrían mantenerse en el medio plazo si la crisis energética se prolonga.