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La mayor parte del CO2 de las actividades humanas es liberado por la quema de carbón y otros combustibles fósilesFreepik

España se vuelve a enfrentar a las potencias europeas, esta vez a costa del mercado de emisiones de CO2

España, junto a Portugal y los países nórdicos piden por carta que se mantenga la compra de derechos de emisiones

España ha encabezado un grupo de cinco países, Portugal, Dinamarca, Suecia y Finlandia, que han escrito una carta al presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, en la que le piden que se mantenga el mercado de emisiones de CO2. Potencias europeas como Italia o Alemania habían pedido su paralización para que fuera revisado.

El mercado de emisiones de CO2 es una herramienta de los Veintisiete por el que las grandes empresas tienen que «comprar derechos» para la emisión de CO2 en sus procesos industriales. Es decir, tienen que pagar por fabricar.

El sistema abarca cerca del 45 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, que la UE se ha comprometido a dejar en cero neto en 2050, y se diseñó teniendo en cuenta que cuanto más contaminan, más pagan, lo que incentiva la inversión en eficiencia, electrificación y tecnologías limpias.

Algunos países como Hungría, Eslovaquia o la República Checa son contrarios a esta forma de mercadeo y potencias como Alemania o Italia han pedido la paralización para proceder a su reforma, una medida que se debatirá en el próximo Consejo Europeo que tendrá lugar en Bruselas el próximo 19 de marzo.

Por este motivo, y para presionar a que no se paralice, España, Portugal, Dinamarca, Finlandia y Suecia han escrito una carta en la que afirman que «reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles refuerza nuestra resiliencia, reduce los costes energéticos estructurales y aumenta nuestra autonomía. Por tanto, la descarbonización no es solo una estrategia climática; es una estrategia de competitividad».

Este posicionamiento se produce precisamente en plena crisis energética debido a la guerra desatada en Irán, que ha paralizado el transporte de combustible por el estrecho de Ormuz y a los dos días de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen reconociera que se había cometido un error al apostar por la supresión de la energía nuclear.

Esta carta ha surgido en el seno de un grupo de países más numeroso que, a través de un documento más técnico, afirman que «introducir cambios fundamentales en el ETS (como se denomina a este mercado), poner en cuestión el propio instrumento o suspenderlo constituiría un paso atrás muy preocupante» e indican que «el ETS es también un motor de innovación y modernización en el sector productivo europeo. El camino hacia la competitividad a largo plazo pasa necesariamente por la electrificación y por una rápida transición para abandonar la energía de origen fósil».

En el grupo del que ha surgido este segundo documento se encuentran, además de los firmantes de la misiva a Antonio Costa, Luxemburgo, Eslovenia y Países Bajos.