Emisiones de CO2 de una fábrica
Medio ambiente
¿Es la captura de carbono una solución realista para reducir emisiones?
Con esta práctica, el CO₂ se capta directamente en su punto de emisión, separándolo del resto de gases generados en los procesos industriales
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera es uno de los principales propósitos de los diferentes países mundiales. La principal forma de hacerlo es ir sustituyendo poco a poco el uso de combustibles fósiles, como el petróleo o el gas, en favor de las energías renovables, como la eólica o la solar. Esta senda se está llevando a cabo a pasos agigantados, pero aún falta camino por recorrer, motivo por el que se están explorando otras vías para reducir estos gases.
Una de ellas es la captura de carbono, una técnica que ya está en marcha desde hace años y cuya capacidad anunciada para 2030 aumentó un 35 %, mientras que la capacidad de almacenamiento se prevé en un 70 %. Aun así, la capacidad global sigue estando muy por debajo de los niveles necesarios para cumplir los objetivos climáticos.
Pero, ¿cómo se produce esta captura? En primer lugar, como explican desde WSP, el CO₂ se capta directamente en su punto de emisión, separándolo del resto de gases generados en los procesos industriales, como el vapor de agua, metano, ozono o clorofluorocarburos (CFC), entre otros. Para ello se emplean principalmente tres tecnologías: precombustión (antes de quemar el combustible), poscombustión (filtrar el CO₂ del gas residual) y oxicombustión (combustión con oxígeno puro para facilitar la captura).
A continuación, el CO₂ capturado se somete a un proceso de purificación y compresión antes de su transporte, que se lleva a cabo mediante gasoductos de alta presión o a través de cisternas en trenes, barcos o camiones.
Finalmente, el gas se almacena en emplazamientos aislados de la atmósfera. Lo habitual es utilizar formaciones geológicas subterráneas situadas a más de 800 metros de profundidad, donde la presión mantiene el CO₂ en un estado similar al líquido, es decir, de alta densidad. Para prevenir posibles fugas, se seleccionan estructuras geológicas específicas, con rocas porosas que permiten el almacenamiento y una capa superior de roca sello que reduce al mínimo el riesgo de escape, garantizando que el CO₂ permanezca confinado durante siglos.
¿Es una solución definitiva?
Aunque este método contribuye a la descarbonización, muchos expertos subrayan que no es una medida definitiva y que se debe poner el foco en reducir. Es especialmente valiosa para las industrias en las que no se pueden rebajar emisiones –como la cementera, por ejemplo–, ya que el CO₂ es un subproducto del proceso industrial, pero no debe sustituir al rápido despliegue del hidrógeno y las energías renovables.
Desde Esade recalcan otro argumento en contra de esta práctica, que es el hecho de que es muy cara y consume mucha energía. Los críticos argumentan que se corre el riesgo de desviar recursos de soluciones más baratas y probadas, como las energías renovables, así como la creación de riesgos éticos, ya que muchas empresas pierden la urgencia de reducir las emisiones al saber que las pueden capturar más adelante.
Funcas subraya que, aunque las tecnologías de captura presentan distintos problemas, las principales organizaciones internacionales recuerdan que estas tecnologías pueden ser imprescindibles para lograr la neutralidad climática en los plazos previstos, considerando que hay procesos muy difíciles de descarbonizar; y quizá también para, en caso de superar los objetivos de descarbonización, tratar de retornar a niveles de concentración de CO2 en la atmósfera aceptables mediante lo que se conoce como emisiones netas negativas.