Fachada de la sede de BlackRock en Nueva York
Corralito en la banca en la sombra: Irán y la IA tensan las costuras de la ‘mitad oculta’ del sistema financiero
Los expertos piden reforzar los controles sobre el crédito privado tras las restricciones en fondos de Morgan Stanley o BlackRock
En los años pasados desde la crisis financiera, los gigantes de la inversión han encontrado una fórmula para prestar dinero sin pasar por los bancos. Una vía que ha tentado a miles y miles de compañías, dado que ofrecen menos restricciones y condiciones más laxas. Pero eso ahora se puede volver en su contra: en los últimos meses, al menos dos grandes empresas que recurrieron a esta fórmula han quebrado y Morgan Stanley, BlackRock o Blue Owl, entre otros, han limitado los reembolsos en algunos de sus fondos.
Según Christian Eufinger y Yuki Sakasai, de IESE, es que «entidades fuera del sistema bancario tradicional han prestado miles de millones con escasa transparencia y débiles mecanismos de protección. Pero ahora dos factores concretos están tensionando este mercado, que a día de hoy ya supone la mitad de los activos financieros mundiales.
Por un lado, el impacto de la Inteligencia Artificial en las empresas de software, «quienes durante años fueron el cliente perfecto para los fondos de crédito privado», según Yago Serrano, analista de XTB, y sin embargo en los últimos meses acumulan fuertes pérdidas en Bolsa y encadenan anuncios de despidos.
A esto se suma el descomunal shock desatado por la intervención estadounidense en Irán. Primero ha disparado el precio del gas y el petróleo, y en segunda ronda disparará el precio de todo lo demás, lo que previsiblemente hará que los bancos centrales suban los tipos de interés.
«Esto generaría pérdidas significativas e impagos en créditos corporativos de baja calidad, lo que genera tensiones a esos bancos en la sombra que venden forzosamente esos activos y ahí ya tienes efectos de segunda ronda: empieza el contagio», advierte Carlos Balado, investigador de OBS Business School.
El problema es que estas compañías, que no son bancos sino fondos administrados por empresas de capital riesgo, están sujetas a muchos menos controles y requisitos que la banca tradicional. Sus balances, además, son en gran medida una incógnita.
Pero esto no significa que una quiebra no pueda impactar en los bancos convencionales que, según se calcula, tienen una exposición (en sus carteras crediticias) de hasta el 9 % en EE.UU. y de algo menos del 2 % en Europa.
«Si hay situaciones de impago, también caen las valoraciones de bienes comerciales que son garantía de esos créditos. Si su liquidez es frágil, entonces recurren a las líneas de crédito de los bancos y los ponen en riesgo», traslada Balado, que subraya que el peso de estas compañías sobre el total del sistema financiero «es muy alto», tras dispararse en siete puntos porcentuales, del 43 al 50 %, desde la crisis financiera de 2008.
Precisamente tras la crisis, estas compañías encontraron el caldo de cultivo ideal, gracias a su regulación más laxa, que abrió las puertas de créditos más baratos a pequeñas y medianas empresas en EE.UU.
Dos de estas compañías, Tricolor Holdings y First Brands, ambas relacionadas con el sector de la automoción, quebraron el año pasado. También lo ha hecho, en febrero de este año, la firma hipotecaria británica MFS, salpicando a Barclays y a Santander.
Tricolor y First Brands fueron para el consejero delegado de JP Morgan, Jamie Dimon, «cucarachas» en el sistema financiero, porque «cuando ves una, es que hay más». Pero la semana pasada también su grupo financiero ha rebajado el valor de varios préstamos en sus carteras vinculados al negocio del crédito privado.
«El peligro también es que esas empresas titulizan: hacen paquetes con la deuda y los venden en el mercado. Prestan derivados a otras empresas», detalla Balado, un procedimiento que recuerda mucho al que hacían las entidades financieras antes de la crisis de 2008.
«Señales de normalización»
También hay, sin embargo, quien llama a la calma, como Carlos Arenas, director de Análisis en Estrategias de Inversión. «Lo estoy mirando de reojo desde hace tiempo, pero no creo que de momento sea nada preocupante. Otra cosa es el nivel de apalancamiento, que tiene como segunda derivada el private equity –la toma de participaciones en empresas que no cotizan en Bolsa–. De momento nos hemos comido ya algún susto como el del oro y la plata y creo que veremos más», señala.
«Hay un enfriamiento en el crédito privado, pero no se trata de una crisis extrema», según el presidente de Pimco, Christian Stracke, en declaraciones a Bloomberg. «Lo que estamos viendo son señales de normalización en un sector que ha tenido criterios muy laxos y un apalancamiento excesivo que en realidad no necesitaban tanto».