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La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz y el ministro de Economía, Carlos CuerpoEuropa Press

El paro empeora y la economía no mejora: «Si continuamos así, se acabaron los fuegos artificiales del Gobierno»

El primer trimestre es habitualmente malo para el empleo en España, pero este ha sido peor, y la economía española no va mejor que la europea por méritos propios, sino por la mala situación de otros países europeos

La Encuesta de Población Activa (EPA) ha reflejado 231.500 parados más en España y el ascenso al 10,83 % de la tasa de desempleo. «Este trimestre suele ser malo para el empleo, y esta vez ha sido peor de lo normal», admite Ángel de la Fuente, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) en nuestro podcast El Debate de la Economía, que puede oírse íntegro en el audio que hay sobre estas líneas.

«La evolución del empleo en los últimos años ha sido muy buena en términos cuantitativos. Se crean muchas afiliaciones, y ahí hay un problema con los datos. Se habla del empleo con datos de afiliación, pero no se está hablando de gente, de personas concretas, sino de relaciones laborales. No sabemos muy bien cómo se reparte esto: podría ser que una parte es que estamos cortando el trabajo en trocitos más pequeños. La evolución ha sido buena, pero no lo ha sido la de la productividad y los salarios reales. Tenemos más gente trabajando, pero eso no se traduce necesariamente en una mejora de su poder adquisitivo y su calidad de vida», añade De la Fuente.

Para el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós, que también participa en nuestro podcast, «los resultados de la EPA han sido objetivamente malos. Si continúa esta tendencia, se acabaron los fuegos artificiales del Gobierno».

Recalca que hemos perdido 170.300 ocupados en solo tres meses, que hemos vuelto a los dos dígitos en la tasa de paro, que existen elementos como los fijos discontinuos inactivos que indudablemente engrosarían el paro real -se calcula que son entre 700.000 y 800.000-, y que el sector servicios, clave en nuestra economía, se ha desplomado en 228.400 ocupados. Además, «un afiliado puede tener varias afiliaciones porque está pluriempleado, y tenemos un nivel de pluriempleo en España que está en tasas históricas. Si esto continúa así, quiere decir que el ritmo de creación de empleo, con los subterfugios estadísticos que hemos apuntado en numerosas ocasiones -entre ellos los fijos discontinuos inactivos-, puede estar asistiendo a un fin de ciclo».

Crecemos más por la desgracia ajena

Fedea ha publicado esta semana un informe en el que refleja que el PIB real español ha crecido un 2,87 % anual entre los años 2022 y 2025, más que nadie en la Unión Europea, y que el PIB per cápita ha subido un 1,81 % anual en el mismo periodo, el cuarto que más lo ha hecho en la Unión Europea, pero esto tiene sus matices. «España va mejor que todos, pero el resto de las economías europeas, al menos una parte importante de ella, no está atravesando sus mejores momentos», aclara Ángel de la Fuente.

«Los efectos de la crisis de Ucrania y la pérdida de la energía barata rusa han afectado muy especialmente al este de Alemania y a los países de esa zona. La media con la que nos comparamos ha bajado mucho», señala De la Fuente. Además, tenemos vientos de cola favorables: «La evolución del turismo, en buena parte, no ha sido solo por nuestros méritos, sino por una situación más peligrosa en el mundo, y eso afecta a muchos de nuestros competidores. Hemos tenido los fondos europeos, que han entrado en el orden de un punto de PIB al año. Una parte apreciable del crecimiento viene directamente de ahí. La dependencia del comercio de España con Estados Unidos es relativamente baja. Está el fenómeno de la fuerte inmigración, que trae mucha gente con ganas de trabajar, y eso se seguirá notando en el PIB. Hay una serie de factores exógenos que nos ayudan, y esos factores no son mérito propio. Unos son casualidad, y otros, desgracia ajena. Antes de lanzar las campanas al vuelo y decir que hemos hecho una revolución, y que nada será como antes, habrá que esperar a ver si es verdad o no».

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