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Jordi Benítez
La semana económicaJordi Benítez

De la inmigración al precio de la vivienda, pasando por la inflación: la economía española tiembla en la semana del Papa

Se acumulan los mensajes que hacen evidente que las propuestas del Gobierno de Sánchez son muy débiles, y a menudo ineficaces

Madrid

El papa León XIV saluda a varios niños durante su visita este viernes al centro de primera acogida 'Las Raíces' de Tenerife. EFE/ Ramón De La Rocha

El papa León XIV saluda a varios niños durante su visita este viernes al centro de primera acogida 'Las Raíces' de Tenerife.EFE/ Ramón De La Rocha

Las palabras del Papa sobre la inmigración en estos días han hecho reflexionar a más de uno: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos», ni pensar que «la dignidad humana pierde valor al cruzar una frontera». «¿Qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?», son algunas de las frases que ha dicho.

El Papa ha animado a «ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración, y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida».

Como se ve, León XIV habla de la necesidad de trabajar en los países de origen y de acoger a los que llegan, al tiempo que ha criticado con dureza a las mafias que se aprovechan de los afectados.

Empleados de Correos vaticinan un caos en la regularización masiva de inmigrantes este verano

Frente a los mensajes profundos del Papa centrados en la dignidad de cada persona, la solución propuesta por Sánchez es la regularización masiva de unos 500.000 inmigrantes. Desde el año 2017, el número de inmigrantes en situación irregular en España ha aumentado en un 700 %: de 107.000 a 840.000, según Funcas. Se calcula que en España viven unos 10 millones de extranjeros.

En Correos comentan que se avecina un caos importante en verano con la regularización de los inmigrantes. Se ha eliminado la cita previa, que permitía atender con orden, y dicen que no va a haber personal suficiente.

Habrá que ver qué ocurre con esto, pero más allá de esta cuestión, no parece que el Gobierno de Sánchez haya tenido mucho éxito con la integración de los inmigrantes, viendo cómo están el barrio de El Raval en Barcelona y otras zonas conflictivas repartidas por España.

Gestionar la inmigración no es fácil, y levanta polémicas en España y conflictos graves en otros países, como estamos viendo estos días en Irlanda del Norte.

Los mensajes del Papa pueden ayudar a los políticos a orientar mejor la gestión de la inmigración, pero de momento hay expertos que no ven que vayamos bien: «Es mucho más complicado que la tontería que ha pensado el presidente del Gobierno de dar papeles a todos», sostiene el catedrático Mikel Buesa. «Se trata de crear instituciones, procedimientos y maneras de actuar que permitan que la gente que viene de fuera se asimile, se integre, tenga empleos que le permitan vivir decentemente... Es un asunto mucho más complejo que la simpleza que nos venden el Gobierno y parte de la oposición», añade.

La inmigración es mucho más compleja de lo que sugiere la actuación del Gobierno

Precisamente la inmigración sufre el principal problema que hay actualmente en España, que es la vivienda. El servicio de estudios de BBVA (BBVA Research) acaba de señalar en su informe Situación España que los precios subirán un 17 % entre este año y el que viene, y eso que ya están a la altura de la burbuja inmobiliaria del año 2007. «Se debe también a esta entrada de mano de obra inmigrante. Si entran 500.000 al año, y BBVA habla de más de 500.000 al año, estamos hablando de mucha gente que demanda vivienda y que no encuentra, porque los precios son altísimos, no hay oferta suficiente, y el Gobierno no ha hecho nada por aumentar la oferta», lamenta el catedrático Rafael Pampillón.

«Como mucha gente no puede comprar, alquila, pero los alquileres también están por las nubes. Antes nuestros padres nos dieron un modo de vida, una forma de trabajar, y nos dijeron que nos compráramos una casa cuando pudiéramos, pero ahora se ha puesto de moda que los padres tienen que ayudar a los hijos a pagar la entrada para una vivienda y para poder pedir una hipoteca», añade.

No es un buen signo para una sociedad como la española, y en estos altos precios tienen mucho que ver regulaciones como la medioambiental que han elevado los costes de construcción, una legislación que ampara la okupación y con ello restringe la oferta de vivienda, la falta de construcción de viviendas sociales o las ocurrencias como topar los precios de los alquileres.

Todo ello dificulta la vida de las familias, como también lo hace el nuevo crecimiento de la inflación que conocimos ayer. El precio de los huevos se disparó un 13,7 % más respecto al mes de mayo del año pasado; el de las legumbres, un 16,3 %; los carburantes, un 15,9 %... Todo ello mientras el poder adquisitivo de los salarios españoles ha crecido un 5,1 % en las dos últimas décadas, según los datos de la OCDE, frente al 19,7 % que lo han hecho los franceses o el 17 % de los alemanes. La macroeconomía puede ir como un cohete para el Gobierno, pero la microeconomía, la que notan los ciudadanos, parece que no lo va tanto. Queda mucho por hacer, y no da la impresión de que vayamos por el buen camino.

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