Se reduce el número de personas que entra en las oficinas de Correos.
Correos pierde 12 millones de visitas a sus oficinas en los dos últimos años: 50.000 en la media diaria
La progresiva caída de tráfico por el descenso de envíos postales empuja el cambio de modelo en esta empresa pública para poder sobrevivir
El número de personas que entra en las oficinas de Correos desciende de manera inexorable, según reflejan las cifras recogidas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
De acuerdo con este organismo, las oficinas de Correos recibieron a 96,18 millones de personas en el año 2023: 385. 000 de media al día, en un año en el que obtuvo un pico histórico de visitas por el doble proceso electoral y por un récord en los envíos de paquetería.
En 2024, las visitas cayeron a 88 millones, según la estimación de la CNMC, 352.000 personas de media diaria, por la normalización de los flujos y la reestructuración comercial de las oficinas.
Por último, en 2025 descendieron a 84,3 millones, 337.000 de media al día, lo cual supone 12 millones de personas menos que en 2023 y casi 50.000 menos en la media diaria.
En Correos tienen claro que el futuro de la empresa va a ser otro: «Hemos pasado en unos años de 68.000 empleados al inicio de este siglo a 45.000 en la actualidad. Más adelante no sabemos si seremos 30.000 ó 25.000, pero desde luego la empresa será diferente», estima un veterano de la compañía.
Cada vez habrá menos carteros y se cerrarán oficinas
Correos exprimirá hasta cuando pueda el negocio postal, aunque está claro que cada vez habrá menos carteros y se cerrarán oficinas, también por la mayor eficacia de empresas como Amazon en el reparto de paquetes: «Hay oficinas en las que dan por terminado el trabajo a las 13 porque, si no lo hacen, no hay trabajo para los de la tarde. En Europa se está planteando que los carteros solo tengan tres días de reparto», señala una fuente conocedora.
De ahí que el servicio que se da en las oficinas esté evolucionando también hacia otras vías, como la venta de seguros de AXA, que comenzó en mayo de 2025 y que no está cumpliendo con las expectativas (30.000 clientes y 10 millones de euros en primas, menos de lo esperado por Correos); servicios públicos como los relacionados con la regularización de inmigrantes que se llevaron a cabo hasta junio, o la venta de Letras del Tesoro, que se aprobó en junio, pero aún no se sabe cuándo comenzará. En otros países también los carteros exploran otras vías. El servicio postal de Japón, por ejemplo, visita a los ciudadanos para preguntarles cómo están, dentro de un programa diseñado para combatir la soledad de los mayores.
Estos nuevos servicios que desempeñará Correos para justificar su existencia y la recepción por parte del Estado de 3.000 millones en cuatro años para rescatarla, requerirá de nuevos perfiles entre sus empleados.
La compañía capitaneada por Pedro Saura sigue trabajando en su nuevo modelo operativo, que será el que le hará ver cuántas personas necesita en esta época. Cuando lo tengan claro, se pondrá en marcha el plan de salidas voluntario acordado entre la empresa y los sindicatos para los años 2025-2028. A él se han presentado 9.000 personas, de las cuales 6.000 cumplen los requisitos. Muchos están desinformados por las altas expectativas que les ha creado un sindicato, y su frustración será mayor al ver que no cumplen los requisitos para marcharse. «La plantilla está muy desmotivada. Los mayores quieren irse y los jóvenes conocen gente cercana que gana más que ellos», apuntan desde dentro.
Para el plan de salidas hay provisionados 428 millones de euros. Cuando se produzcan, algo que se hará de manera gradual, se pensará en las contrataciones.
De ello se ocupará Jaime Pérez de la Cruz, el nuevo director de Recursos Humanos, que aún no se ha visto con los sindicatos. Funcionario de Hacienda y miembro del consejo de administración de Correos, sustituyó en julio en el cargo a Fernando Ramírez, con quien la mayoría de los sindicatos no mantenía una buena relación. Pese a la mala situación de la empresa, entre ciertos empleados y sindicatos hay optimismo, y se espera que en otoño empiecen a pasar cosas.